POV: ZACHARÍAS.
El mundo era extremadamente piadoso con la basura humana que habitaba en el. La balanza nunca estaba en nivel. Siempre a favor de la escoria y la podredumbre que se alimentaba de un sistema ulceroso donde solo las alimañas eran favorecidas. Pero eso estaba a punto de cambiar, espere diez años para tener la oportunidad al fin de nivelar la balanza.
En todos mis años de servicio, y cabe destacar que iban más de los que podía contar con ambas manos, daba certeza de que no existía crimen que no hubiese visto; violadores, narcotraficantes, pedófilos, asaltantes, estafadores, asesinos seriales, secuestradores, traficantes de órganos... ¡Oh sí! Podía decir que he sido testigo de la cara más maldita del mundo. Y sin embargo ninguno de esos criminales me causaba tanta repulsión como el hijo de perra que tenía enfrente.
Verlo de nuevo aquí, luego de una década, tener que soportar su presencia entre nosotros, como si realmente mereciera estarlo, con sus malditos aires de grandeza ¡Claro! como todo un favorito de la vida. Uno que olvido que hasta el maldito aire que respira es usurpado. Ni siquiera un cuerpo con días en descomposición me generó tantas nauseas.
Ethan se regodeaba delante de mí con su insoportable arrogancia y altivez, pero incapaz de controlarse así mismo. Me divertí rozando apenas los límites y viéndolo explotar con par de palabras en la despedida de soltero; le di el gusto y me dejé atinar en la cara, me costaron un par de suturas, pero el placer de acabar con su estabilidad mental lo vale. Me carcajeé en su maldita cara. No era más que el mismo mentecato de siempre. Sin embargo esta noche golpearía yo y deseara haberme dado un golpe mortal.
Harto me tenía toda la parafernalia de la boda del niñato de la familia, no obstante me puso en bandeja de plata una oportunidad de oro.
En el restaurante Genevieve siguió mis indicaciones, y sonreí para mis adentros, Ethan parecía un ridículo león enjaulado mientras Nick intentaba calmarlo. Apenas me vió la mirada le titubeó, jugueteé con mi lengua y la mordí un par de veces dentro de mi boca, tomé asiento junto a la cachorrita, que al topar sus ojos con los míos no logró esconder el impacto de su impresión.
La desgraciada estaba buenísima, y lo mejor, parecía tener cojones. Sabía cómo sacarle todo el provecho a semejante trozo de carne, eso me quedó muy claro con su showcito de pole dance. Me costaba un poco entender su mente y proceder, ¿qué hacía ella con la escoria de Ethan? teniendo en cuenta su historial. O le encantaba estar en la línea de fuego o era tan estúpida que no podía ver las obvias señales de que Ethan no era más que un psicópata con una máscara. Máscara cuyas grietas y fisuras se notaban cada vez más.
—Buenas noches, April. —fui cordial y ella asintió sin fijarse en mi.
Ya estaba domesticada la pobre cachorrita.
—Te ves bien, en ese vestido. —continué y la vi sonrojarse tomando un trago de champagne de la copa en su mano. Lucía nerviosa y evitaba mirarme. —Apuesto lo que quieras a que tienes prohibido hablarme, mirarme y hasta existir cerca de mí. —reí ante lo cretino que era Ethan, después de todo ¿El peligroso era yo? —Espero que al menos te estés haciendo la pregunta correcta. —se viró y me sostuvo la mirada un par de segundos con la intriga latente en esos extraños ojos del color de una mermelada de piña. Luego volvió a mirar al frente.
La alimaña no nos perdía de vista y su mandíbula cada vez parecía más tensa, le sonreí con sarcasmo y sostuve la copa en alto hacia él ¿Que tan real era lo que sentía por ella?, ¿a quién quería engañar? Era un vil cabrón, oportunista y sanguijuela sin la capacidad de sentir. April es un títere más, por ahora su favorito, mientras le arruina la vida y la reduce a nada, y espero que así sea porque de importarte en lo más mínimo, seré yo quien la destroce de tal forma que me suplicara de rodillas que tenga piedad de ella.
—¿Qué... te sucedió? —me sacó de mis pensamientos al cuestionarme con voz baja y disimulada.
—Eres lista, puedes deducirlo.
«Doy inicio a tu caída, malnacido. Te arrebataré todo cuanto tengas y poseas. Te quebrantaré y reduciré a polvo»
—¿Fue... Ethan? —no pudo disimular y lo miró a él y luego a mí, con el desconcierto estampado en su rostro.
Jugueteé inconscientemente con mi lengua dentro de mi boca antes de contestarle, atrajo mi vista la forma en que somatizaba su ansiedad al generar fricción entre sus manos, como si tuviera frío.
—Hay un antiguo dicho que reza "No todo lo que brilla es oro." —tomé un poco de ginebra. —Estás en la cueva del lobo, April... otra vez, pareciera que no te cansas de ser cazada. —metería el dedo en la llaga de su pasado todo lo que pudiese, su hijo y su exmarido eran sus puntos vulnerables, puntos claves donde Ethan afianzó su agarre. Lo que ella no imaginaba es que el lobo de su historia no era ese pobre arrogante, sino yo.
Al notar nuestra interacción, quiso venir, pero Genevieve lo atrajo rodeándolo de varios vejestorios para las fotos.
—¿Por qué sabes acerca de mí?
—Se todo acerca de quienes forman parte de mi familia y esto incluye novias, amigos o simples revolcones ¿Cuál de estás tres te consideras? —solté disfrutando de cada una de sus expresiones.
—Dímelo tú, pareces saber más que yo sobre cualquier cosa. —elocuente, para nada aburrida la cachorrita.
—En eso tienes razón, se mucho que aún ignoras. Sólo espero que te estés haciendo la pregunta correcta. —repetí, mientras Ethan intentaba escabullirse y llegar a nosotros. Sus facciones descolocadas eran mi gozo.
—¿Por qué lo odias? —pobre ingenua.
—¡Vamos, April! Sabes que esa no es la pregunta. —insté su curiosidad.
—¿Qué sucedió entre ustedes?
«Vamos, sé que puedes hacerlo mejor»
Hannah tomó a Ethan del brazo para una foto y el hijo de perra la quemó con la mirada, April y yo observamos todo desde nuestro ángulo.
—Absurdo que después de lo que le hizo a su mascota ella siga allí rogando su atención.—resoplé con sarcasmo.
—¿Que dijiste?
«Asi es, digiere poco a poco él monstruo con quién te has estado revolcando»
—¿No supiste? —me hice el idiota. —El perrito de Hannah murió hoy por...
—¿Fue Ethan? —me cortó con los ojos llenos de horror.
—Ah, eso... Sí. Digamos que así es como él resuelve las cosas. —la vi levantarse mientras su rostro se contraía le pasó por un lado a Ethan quien la llamó y ella ignoró, él me observó directamente, blanco como las paredes del manicomio a dónde pensaba enviarlo, mientras ella se escabullía al baño. Mi lengua se paseo bajo mis dientes y me la pase de mil maravillas siendo espectador de primera fila de aquella situación.
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TERCER ENCUENTRO. (LIBRO I)
RomanceSumérgete en esta emocionante historia que te atrapará desde el primer capítulo con su intenso contenido lleno de romance, erotismo, secretos, inseguridades y mucha pasión. Acompaña a Ethan y April en la travesía que les espera para poder estar junt...
