Sumérgete en esta emocionante historia que te atrapará desde el primer capítulo con su intenso contenido lleno de romance, erotismo, secretos, inseguridades y mucha pasión.
Acompaña a Ethan y April en la travesía que les espera para poder estar junt...
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Mi expectativa era casi infantil, idéntica a la de una niña esperando la mañana de navidad. Pero esa misma ansiedad terminaba por irritarme. Era ridículo que un completo extraño -y no cualquiera, sino el hombre más engreído sobre la faz de la tierra- tuviera ese poder sobre mi estado de ánimo.
No lo negaría; me hallé un par de noches googleando su nombre, devorando artículos y entrevistas, perdiendome en fotos que solo confirmaban lo que ya sabía. Ethan Montes de Occa tenía un aura peligrosa, una elegancia que absorbía cualquier atención que lo rodeaba. Me resistía, pero terminaba rendida en esos pozos sin fondo del azul más turbio que jamás había visto.
Los días pasaron y la inquietud comenzó a diluirse, o eso quería creer. Sin embargo, un mes después del cine, me sorprendí a mi misma llevando la cuenta exacta de nuestro último encuentro.
—¡Mamá, pero dijiste que iríamos al parque de diversiones! —se quejó Nate en el asiento trasero, cruzando los brazos.
—Iremos, chaparrito. Pero primero pasaremos a la boutique. Será rápido, lo prometo.
Llegamos al centro comercial. Ese sábado era mi día libre, pero una reunión urgente convocada por el dueño del complejo, el señor Travis, me obligaba a estar allí. Dejé a Nate con Ghail entre sus apodos y arrumacos fueron a por golosinas, entiéndase la predilección de mi hijo por esa pelirroja.
El salón de conferencias estaba abarrotado. El aire se sentía pesado, cargado de perfumes caros y murmullos.
—¡Hola April! —la dueña de la tienda vegana junto a la nuestra, se acercó con su optimismo habitual.
—Hola, Alice ¿Qué tal estás?
—Muy bien, me pareció ver al guapo Nathan por allí ¡Que grande está! —dijo la castaña haciendo gestos con las manos.
—¡Sí! El tiempo ha volado, definitivamente —esbocé una sonrisa.
—Oye, April ¿Sabes de qué va todo ésto? —irrumpió Lisa. Otra propietaria cuya especialidad, además de las cirugías estéticas, era la mala sangre.