CONSECUENCIAS

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POV: APRIL

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POV: APRIL.

Recibí el alta varios días después.

Regresar a casa debió sentirse bien, sin embargo fue peor, era como si todo en mi vida se hubiese desmoronado. Al principio, pensé que solo sería por el período de recuperación y que de alguna manera, a través de la terapia física, volvería a ser yo misma. Pero, eso no sucedió.

Conforme continuaba con el tratamiento, era cada vez más difícil hacer que mi corazón se rearmara también.

Ethan no fue nunca al hospital y aunque mi corazón ansiaba verlo, que viniera tan solo a acompañarme durante las terapias de rehabilitación. Pero en cambio fueron los chicos quiénes estuvieron ahí para mí, hacían los ejercicios conmigo. Se mantenían a mi lado, cada vez que mi mundo se caía a pedazos.

Sam y Logan eran los que más me hacían compañía. Interrumpieron sus rutinas diarias para acompañarme en cada paso de la terapia física. Mi cuerpo se iba recuperando satisfactoriamente, las hematomas iban desapareciendo e iba tomando fuerzas de nuevo, pero mi corazón estaba hecho polvo.

Cada día que pasaba, me sentía un poco más fuerte físicamente. Podía caminar por mi cuenta sin temor a caerme, e incluso comenzaba a ver un atisbo de color en mis mejillas, pero permanecía sin vida ni alegría.

Sam y Mariam propusieron quedarse con Nate el tiempo que demorase en recuperarme, o al menos hasta que las hematomas desaparecieran de mi cara y pudiese caminar con normalidad. En el fondo lo agradecía, habría odiado que Nate me viera en ese estado, aunque sin él, el departamento era tan silencioso y vacío que parecía un sarcófago donde me encerraba y aferraba al dolor.

Logan intentaba animarme con conversaciones, con sus historias de vida cotidiana, pero yo solo era capaz de responder con monosílabos. Mis días estaban llenos de tristeza y mis noches de pesadillas, angustia e incontables llamadas que Ethan no contestaba.

Durante ese tiempo, mi rutina era extenuante, nunca hice tanto ejercicio en mi vida y con el pasar del tiempo sentía que lo necesitaba, me gustaba agotar mi cuerpo, así podía evitar mirar fijamente al techo durante el día. Todo parecía tan gris. Las palabras que había intercambiado con Ethan antes de la tragedia se arremolinaban en mi mente como abejas enloquecidas, era un dolor constante, una herida que se negaba a cicatrizar.

Llegó el día en que simplemente no pude soportar más el peso de mi dolor en silencio. Me levanté de la cama, me limpié la cara y cepillé mis cabellos enredados que estaban pegados a mi rostro por las lágrimas. Me vestí, tomé mi bolso y una fuerte bocanada de aire... era tiempo de enfrentarlo.

Mientras recorría la ciudad vía a su departamento, mi corazón latía tan fuerte que sentía que mi pecho se rompía. El miedo seguía acechando en las sombras de mi mente, pero seguí adelante. Tenía que verlo. Tenía que saber si aún estaba allí, en algún lugar en el fondo de toda esta pena que atravesábamos.

TERCER ENCUENTRO. (LIBRO I)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora