EL ACCIDENTE

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Sin el vidrio de por medio lo ví claro

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Sin el vidrio de por medio lo ví claro.

«Je-sús»

Alto. Demasiado. Traje oscuro, postura recta, y una presencia imposible de ignorar.

Quedé en shock cuando mis pupilas lo apreciaron...

No era solo atractivo. Este hombre era hipnótico y con un control absoluto de su espacio.

Y yo... atrapada entre el airbag y mi dignidad hecha trizas. Quería que el suelo se abriera y me tragara.

«¡April!» me reprendí mentalmente en un férreo intento de anclarme a la realidad.

Entonces levantó la mirada hacia mí. Un par de ojos azules me atraparon. Fríos y afilados como si evaluaran los daños... empezando por mí. Se pasó la mano por el cabello castaño con notoria impaciencia.

No me miraba realmente.

Me analizaba.

Y eso era peor. Mucho peor.

—¿Te duele algo? —preguntó. Su voz fue grave, firme y sin ápice de dulzura.

Me di cuenta de que durante todo ese tiempo lo miré descaradamente y parpadee fingiendo confusión. O bueno, quizá no fingía del todo.

—No, estoy bien —mentí. Me dolía hasta el alma—. Solo un poco sofocada.

Sentí el calor subirme al rostro. Por favor, que no se de cuenta.

Genial. Sobreviví a un accidente para morir de vergüenza.

—No te muevas. —Se inclinó dentro del auto y se atrevió a desabrochar mi cinturón con movimientos seguros—. A ver...

Santos ángeles de todo el cielo...

Su cercanía me descolocó. Su rostro, la seguridad con la que se movía. Como si el mundo fuera simple bajo su presencia.

Pestañeé buscando salir del asombro y mis ojos viajaron a su boca...

El aroma de su loción inundó el espacio entre nosotros. Limpio, atrayente y demasiado profundo para mi sistema nervioso en modo colapso.

TERCER ENCUENTRO. (LIBRO I)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora