CONFESIÓN

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Ethan me llevó de la mano a través de un pasillo en la parte baja de la mansión, íbamos a su despacho. Estando frente a la puerta, sacó una llave y la abrió.

Al entrar no me sorprendió el lujo de la misma, ya estaba acostumbrada a la opulencia en todo lo que a él pertenecía. Un gran escritorio de cristal rodeado por sillas de cuero blanco era uno de los atractivos de la habitación. Sobre este, había una lámpara de pie de bronce con forma de arquitectura, iluminando una serie de libros de historia inmobiliaria y biografías de grandes inversionistas.

Lo que llamó mi atención fue la gran biblioteca a uno de los costados, la habitación era un espacio mucho más grande de lo que parecía. La pared opuesta tenia enormes ventanas con esplendidas vistas al mar. La brisa mecía las cortinas de terciopelo. Y al fondo era como si hubiesen estado remodelando el espacio, ya que todo estaba cubierto por telas blancas.

Él se acercó a su minibar lleno de champagne, whisky entre otras bebidas y se sirvió un trago.

Luego se dirigió a las cosas que estaban cubiertas y comenzó a quitar las telas. Dejando al descubierto estantes llenos de fotos, reconocimientos, algunos trofeos, cajas con cuadernos, una guitarra, un par de laptops, inclusive una batería, un piano de cola larga... entre varias cosas más. Su rostro estaba sereno, pero en sus ojos estaba una aflicción desesperada.

—Esto es lo que fui, antes de lo que pasó.—me extendió su mano para que me acercara.—¿Sabías que soy el primero de mi familia en incursionar en bienes raíces?

Algo había leído, pero quería escucharlo de él, así que negué. Él me observó y sus ojos eran tan expresivos que me fui sobre él y lo abracé. Él me recibió con gusto y besó mi coronilla.

—Puedes echar un vistazo.—me instó a ver de cerca las cosas.

Y comencé el recorrido por las fotos, habían muchas de un niño haciendo infinidades de cosas; jugando al béisbol, nadando, ganando medallas del primer lugar, pescando, y en otras tantas acompañado de un hombre alto con su misma sonrisa y ojos azules...

—¿Eres tú de niño?

—Si, y quién me acompaña es Harry Montes de Occa, mi padre.—dijo sorbiendo un trago y yo seguí revisando las fotos.

Eran un montón; él con su papá y en algunas aparecía toda la familia. Pude ver su crecimiento a través de ellas, había sido nadador olímpico y amante de la música. Habían medallas y trofeos de natación...

—¿Ingresaste a Harvard?—cuestioné boca abierta, no tenía idea de que hubiese sido tan buen estudiante.

—Si, hice dos años de ingeniería química.

—Eso... ¡Eso es asombroso!—lo miré fascinada.

—Mi familia se dedica a la industria farmacéutica, mi bisabuelo fundó "Occa Pharmaceuticals" y tanto mi abuelo como mi papá fueron científicos.—tomó una foto en sus manos, donde aparecía con toda su familia.—Se esperaba lo mismo de mi.

—¿Era eso lo que tu querías?

—Yo... la verdad disfrutaba mucho de la música y la natación, pero no me desagradaba la idea de pertenecer a la compañía, después de todo era el negocio familiar.

Tomé uno de los cuadernos en la caja y lo hojeé, eran apuntes de la secundaria.

—April... yo... yo no sé muy bien por donde iniciar. Lo que voy a contarte sólo lo sabe Eugene porque fue testigo presencial de muchas cosas.—comenzó nervioso, pasando la mano por sus cabellos. Besé sus labios y el exhaló fuerte.—Solo... no me dejes, no te alejes.

TERCER ENCUENTRO. (LIBRO I)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora