IRACUNDO

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POV: ETHAN.

No pasaron dos minutos cuando las luces del auto me iluminaron. Abrí la puerta del copiloto aún con la ira consumiéndome ¿Qué demonios sucedía conmigo?

—¿Todo está bien? — inquirió Eugene.

—No lo sé, Eugene. No sé que mierdas pasa conmigo. — resoplé en voz baja.

El auto se puso en marcha y me sentí totalmente fuera de lugar, no entendía porqué estaba actuando de esta forma tan errática ¿Quién carajos era ella para hacerme huir?, ¿qué mierdas era lo que April me estaba haciendo sentir?

—Detente. —le urgí. No me iría, no de esa forma. Yo era Ethan Montes de Occa y a mi nadie me hacía huir.

—¿Sucede algo? —detuvo el auto extrañado.

—Voy a regresar. —sentí su mirada fija en mi, pero no me iría, ella no me haría ir así.

—¿Estás seguro?

—¡Joder! Que sí, Eugene. —respondí y acto seguido me bajé del auto, y me encaminé adentró del bendito restaurante una vez más.

No estaba en mí, nada de lo que estaba haciendo, pero no dejaría que esa situación me apabullara.

La mujer de la entrada me sonrió confundida, la ignoré. El alcalde me saludó asintiendo, mientras bailaba con su esposa en la pista, la música estaba mucho más animada, y entonces la divisé de nuevo. Ya había estado allí y ella no me había notado, esta vez sería totalmente distinto, sabría que Ethan Montes de Occa estaba allí y sería ella quién querría huir ante mi presencia.

Me dirigí a la barra y pedí un trago, necesitaba algo mucho más fuerte que una copa de champagne.

—¡Señor Montes de Occa! qué gusto que asistiera a la inauguración. —frente a mi se postró, Marco Sindoni, dueño del restaurante, y sería precisamente él quién me haría notar.

—Señor Sindoni. —respondí sonriente.

—Nada de Señor, llámeme por mi nombre de pila. —me pidió mientras se acomodaba a mi lado. —Pero dígame ¿Qué le ha parecido el restaurante? —pidió mi opinión.

—El lugar es agradable, podría volver aquí.

«Aunque prefiero los lugares sin tanta parafernalia

—Siempre serás bienvenido a mis restaurantes Ethan, espero me permitas tutearte. —dijo sonriendo, triunfante y evidentemente satisfecho por mi anterior respuesta.

«No, no puedes tutearme

—Tomaré en cuenta la invitación siempre que esté cerca. —resolví un poco ofuscado por no ver a April en ningún lado.

—Espera a que sirvan el plato principal y allí si quedarás totalmente cautivado, a final de cuentas la gente vendrá por la comida, ¿no es así? —dijo orgulloso. —Debo presentarte al Chef estrella, ¡Oh mira! Si allí viene y con qué belleza se acerca…—balbuceó viendo al lado opuesto en el que yo miraba.

Di media vuelta para ver de quién se trataba y para mí sorpresa era ella, April venía hacia nosotros con el imbécil tomándola del brazo a solo unos cuantos pasos de mí.

No podía creer cuán fascinante lucía y cuando sus ojos se encontraron con los míos su relajada y cómoda expresión desapareció.

—Precisamente le estaba hablando de tí al señor Montes de Occa, Alexander. —comentó Marco. Mientras April se descomponía palideciendo.

Su acompañante la miró confundido y luego me miró a mí. Yo mantenía mi vista fija sobre ella de forma severa y podía ver el esfuerzo enorme que hacía por mantenerse serena.

—¿Montes de Occa? —inquirió el tal Alexander con el ceño fruncido.

—Si. Ethan Montes de Occa. —solté con mi postura firme, extendí mi mano a lo que él rápidamente respondió estrechándola fuerte.

—Alexander Castellanos; chef ejecutivo del restaurante. —respondió como si tuviese alguna importancia para mi, April estaba incómoda y de tanto en tanto me miraba, pero no lograba descifrar que había en su mirada más allá del desconcierto.

—Oye, Alexander, no seas descortés ¿Qué no piensas presentarnos a la belleza que te acompaña?.

—Por supuesto, si venía a ello precisamente. Se trata de mi amiga, April Andueza. —ella reaccionó y le mostró una linda sonrisa al viejo verde a mi lado y extendió su mano.

—Es un placer, señor Sindoni, gracias por la invitación. —expresó en tono gentil, sin dirigirme la mirada. Realmente estaba intentando ocultar su incomodidad.

—Para nada agradezcas y el placer es todo mío, no todos los días uno tiene la dicha de conocer a una mujer tan hermosa como tú. —besó su mano y la sostuvo más de lo debido.

«¡Maldito hijo de perra, suéltala!»

—¿No te parece amigo mío? —inquirió refiriéndose a mi.

Las mejillas de April se colorearon con un tono rosáceo que la hizo lucir aún más hermosa. No me explicaba como demonios era posible.

—Sí, aunque todas las mujeres que están aquí esta noche lo son. —April sonrió sin ganas.

—Muchas gracias señor Sindoni. —ni me miró. —Es usted todo un caballero. —hizo el énfasis suficiente en la palabra indicada.

«Escuchenla, llamando "caballero" a este maldito depredador.»

El tal Alexander me miró incrédulo.

—Me atrevo a discrepar. No hay duda de que, April, es la mujer más reluciente acá esta noche. —defendió con vehemencia, April lo sancionó con la mirada y yo sonreí al notar algo muy evidente en él.

—Mis disculpas, debo ir al tocador. —se zafó apenas pudo sin siquiera posar sus ojos en mi.

«¡Mírame!» pedí a gritos internos mientras ella se iba con paso apresurado.

—¡Vaya mujer! —soltó sin ningún remordimiento la bestia de Marco

«¡Solo cállate!»

—¿Por qué no la has traído antes? —decía perdido comiéndosela con los ojos.

—Porque es mi amiga, Marco, por esa sencilla razón. —el viejo a mi lado bufó.

—Oh vamos, Alex ¿No soy tan malo o sí? —cuestionó insinuante, atreviéndose a codearme.

«¿Pero qué mierdas?»

—No te responderé por decencia…

—Te recomiendo que fijes tu asquerosa atención en cualquier otra mujer. No te atrevas a mirarla ni mucho menos a tocarla de nuevo, si quieres conservar tus mediocres restaurantes ¿Te quedó claro? —advertí mirándolo fijamente mientras el imbecil enrojecia y tartamudeaba sin lograr vocalizar una palabra.

No me interesaba a cuántas de las amigas de Alexander se había follado, pero April no sería ni siquiera su objeto de deseo.

—No amenazo en vano Sindoni, así que responde si te quedó claro. ¡Ah! Y no. No tienes permitido tutearme.

—Ss, sí. Me quedó claro, señor... —Alexander observó la escena blanco como papel sin poder creerse lo que sucedía. —Lamento el inconveniente.

Me alejé de ese idiota siguiendo los pasos de April, se suponía que no debía ir trás ella, pero mi cuerpo la buscaba por si solo.

TERCER ENCUENTRO. (LIBRO I)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora