PRIMER ENCUENTRO

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POV: ETHAN

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POV: ETHAN.

El puto órgano latente en mi pecho se detuvo, y cuando volvió a andar su manera de hacerlo fue totalmente errática, tragué seco y la piel me cosquilleó electrificada al punto de incomodarme la ropa. Todos los sonidos a mi alrededor se anularon y el liquido oscuro y pesado que corría por mis venas hirvió...

April estaba allí.

De pie justo en la entrada, mientras la mujer le daba algunas indicaciones, gesticulando con la mano. Ella estaba impactantemente... Perfecta, era una jodida diosa.

«¡Joder! ¿Por qué?»

Llevaba un vestido largo color vino, con un escote pronunciado en la espalda, su figura estaba totalmente definida por el vestido, en resumen estaba hecho para ella. Su cabello iba suelto con ondas y sostenía un bolso color negro en la mano izquierda.

Tragué grueso y parpadeé un par de veces antes de volver a ver hacía cualquier otro lado, donde evidentemente todos los malditos hombres miraban a la criatura perfecta que tenía lugar en la entrada. Todo parecía transcurrir muy lento y yo no podía dejar de mirarla ¿Qué carajos hacía aquí? ¿Había asistido sola? ¿Estaría con el mismo cabrón de la otra noche?

De pronto mil preguntas me golpearon y fui presa de la ansiedad ¿Qué carajos me pasaba? Tomé la copa y vertí en mi garganta de un solo trago todo el contenido, en un fracasado intento de calmar mis nervios.

Volví a mirarla mientras caminaba hacia su lugar, se veía tan cómoda y dueña de si misma, que por un momento quedé hipnotizado y contemplaba sus movimientos, cada gesto, cada paso que daba, queriendo que sintiera mi mirada sobre ella y viniese hacía mí. Quería despojarla de ese vestido y llevarla al puto cielo con la boca. Quería poseerla y no solo en la cama...

«Tengo que salir de aquí.»

En el fondo sabía que lo mejor era irme e intentar que ella ni siquiera supiera que yo estaba allí. Pero... ¿Por qué? ¿Qué estaba pasando conmigo? Ella no era más que uno de mis tantos revolcones, no podía, no debía pasar de ello. Ella no era quién para hacerme sentir así, no debía tener tal poder sobre mí.

Claramente era muy hermosa y ¡Joder! Follaba como una ninfómana. En otras circunstancias, quizá podría haberme dado el lujo de escucharla hablar durante horas, conocerla...

«¡Para joder!»

No había posibilidad de ello y lo más sensato era solo continuar con mi vida como hasta ahora.

La observé un tanto más hasta que tomó asiento en una mesa al otro extremo, aparentemente estaba sola. Me obligué a mirar hacia otro lado para evitar parecer un jodido acosador, pero por más que intenté mantener la calma ya nada era igual con su presencia en el lugar.

Decidí llamar a Eugene. Estaba totalmente incómodo con ella allí y no postergaría más mi estadía. Me despedí de los presentes en la mesa y me encaminé al baño mientras rebuscaba mi teléfono en el bolsillo. April mantenía una conversación con alguien que estaba sentado a su lado. Era una rubia y que por la distancia no lograba ni quería distinguir muy bien.

—¿Ethan Montes de Occa? —dudó una voz de mujer a mis espaldas.

Me giré sobre mis talones para ver venir con los brazos abiertos a Montserrat Harris. Una de mis antiguas conquistas a quién ni de asomo esperé encontrarme aquí. Está noche se complicaba cada vez más.

—Montserrat, ¿Qué haces aquí? —solté intentando escabullirme de su abrazo para terminar de largarme.

—¿Un par de años sin vernos y así es cómo me saludas? —cuestionó con ironía dedicándome una sonrisa ladeada.

Me giré un poco para cerciorarme de que April siguiera en el mismo lugar.

—No has cambiado, nada. —me tomó del brazo exigiendo mi atención.—Sigues siendo un imbécil, el más atractivo de todos, claro. —se carcajeó sonoramente, rodé los ojos. Ella también seguía siendo la misma insufrible.

—Me gustaría seguir escuchando tus bonitos halagos, pero acabas de darme una razón más para largarme. —fuí directo.

—¡Que aguafiestas eres, Ethan! —se quejó mientras posaba una de sus manos en la cintura y hasta ese momento no me había fijado en el vestido azul que llevaba, su piel morena destellaba y su cabello lacio caía por sus hombros. Tenía unos bonitos ojos verdes en los cuales me hundía cuando teníamos sexo. Ya de eso hacía mucho.

—Hasta nunca, Montserrat. —di media vuelta y continúe con mi camino.

April sonreía de una forma hermosa y gentil y deseé tanto que esa sonrisa fuera dedicada a mí que mi pasó redujo la velocidad hasta quedarme casi arrastrando mis pies, entonces hizo presencia detrás de ella tapando sus ojos un tipo rubio de mediana estatura y vestido para la ocasión.

¿Quién demonios era ese?

Ella quitó sus manos y al verlo su mirada brillo, se levantó para darle un maldito abrazo de oso que hizo que mi sangre hirviera, me detuve en seco cuando ví las manos del imbécil posarse en su cintura y elevarla del suelo, ella se carcajeó y todo aquello hizo que mis bilis revolucionarán dentro de mi.

«¡Maldita sea!»

¿Por qué carajos me sentía a punto de estallar?

Cambié de rumbo y salí del lugar. Al estar en las afueras sentí como mis pulmones se llenaban de aire y entendí que había dejado de respirar en cuanto la ví en brazos de ese tipo. Mi pulso estaba disparado y mi ira me hacía querer arrancarle la cabeza a alguien, por fin marqué el puto número de Eugene, el teléfono repicó una sola vez y en seguida escuché al otro lado.

—Ethan.

—¡Necesito que me saques de aquí ahora! —exigí con la cólera desbordándose en mis palabras.

Montserrat Harris

Montserrat Harris

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TERCER ENCUENTRO. (LIBRO I)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora