12

15.2K 859 32
                                        

Mis ojos lo miran muy tímidamente.

—¿Por qué estabas llorando? —pregunta de la nada.

Trago saliva.

—Es... Estoy sola. No me gusta estar sola —respondo.

—Comprendo.

Esta muy cerca. Thomas me jala del brazo con un delicado movimiento y me pone de pie. Es más alto que yo. Miro al suelo demasiado apenada. Él toma mi mentón y hace que lo mire de nuevo.

—¿Te sientes incómoda? —pregunta suavemente.

Sopeso la respuesta.

—No... Me siento extraña.

El ambiente es totalmente diferente. Como si solo existiera él en mi campo de visión. Thomas posa sus manos en mi cadera y me pega totalmente a su cuerpo. Los nervios me invaden y tiemblo un poco. Me mira unos cuantos fragmentos de segundo antes de juntar sus labios con los míos de una forma tan perfecta que me es difícil explicar. Es como si mis labios desearan los suyos con una fuerza brutal. Su lengua entra de repente y hace que las sensaciones despierten en lugares oscuros. Lo atraigo hacia mí y va más profundo. Sus manos toman mi trasero y me sube al mesón con agilidad. El beso es intenso, ardiente y excitante.

Él muerde mi labio inferior con cierta rudeza y provoca en pequeño gemido.

—No sé si pueda detenerme una segunda vez —murmura.

Finjo no escucharlo e introduzco mis manos bajo su camisa con algo de timidez. Su piel caliente es como seda entre mis dedos. Percibo cada músculo endurecido en su abdomen. No pretendo llegar más lejos que esto, pero quiero disfrutar. Me recorre una sensación extraña cuando él me quita la camisa y desliza sus cálidas manos por mi torso. Cuando siento que quiere ir más abajo, tomo sus manos rápidamente.

—No quiero llegar más lejos... —susurro.

Thomas respira agitado. Me da espacio para ponerme de pie. Vuelvo a ponerme la camisa algo avergonzada.

—Logras descontrolarme un poco, Carly.

¿Eso fue un cumplido?

—No sé qué tan saludable sea esto para ambos, pero por el momento no quisiera que se terminara —continúa.

—¿Por qué viniste? —le pregunto.

—Las medias solamente fueron una excusa. En realidad no tengo muy claro qué fue lo que me trajo aquí, pero tus besos podrían ser la razón.

Sus palabras me desubican.

—Esto es un tanto extraño para mí —le digo.

—Yo siento lo mismo, pero ser profesor no me hace inmune al deseo.
—No sé cómo tomar lo que estamos haciendo, Thomas.

—Desde cualquier punto de vista, esto no está muy bien. Era tu profesor —dice —Pero todo depende de nosotros. En ocasiones hacer lo que esta sociedad condena como vulgar, no es tan malo. Claro, todo tiene sus límites. Pero a tus casi 18 años supongo que puedes hacer uso del libre albedrío correctamente.

—Sí... —no tengo respuestas mejores.

—Por ahora, debo irme. Debo solucionar unas cuantas cosas.

—Esta bien.

Lo acompaño a la puerta y nos despedimos con un simple adiós.

El universo está jugando conmigo.

Amo a mi profesor. Primera Parte.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora