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Revelación


El médico se había ido, el tiempo que estuvo a solas medito sobre la situación, ya había cometido una estupidez, que no llego a mayores ya sea por suerte o simplemente aún no era el momento de morir. Presentía que el alfa sería el primero en encontrarlo y por ello, le esperaba una reprimenda, las palabras del médico le habían dando esperanzas, un poco de calma después de tanto ajetreo, seguramente el alfa solamente había mentido para hacerlo trizas, su maldad era increíble, pero sabía que no sería la primera en toparse con alguien así.

Soltó un suspiro, recargandose en una esponjosa almohada, miro su muñeca, si Gustabo se enterara seguramente estaría muy molesto, como lo extrañaba, era su hermano y su mejor amigo en el mundo, tenía que ponerse a trabajar en una idea para salir de allí. Hace tiempo había soñado en convertirse en policía de Los Santos, conocía y se había dedicado a estudiar cada código policiaco.

Quería perderse un rato más en sus pensamientos, pero la puerta irrumpió, era el alfa. Rodó los ojos, se sentía molesto con él y era la persona que no necesitaba en esos momentos.

—Despertaste. Salí por unos asuntos, ¿Qué dijo el médico?

—¿Qué otra cosa quieres que diga? Es muy obvio.

—Horacio. Estoy tratando de hacer esto con la mayor calma posible, ¡Podrías dejar de ser tan gilipollas y escucharme!

—Vaya, ¿Tu pidiendo ser escuchado? Dime, ¿Qué se siente que te manden a tomar por culo cuando más necesitas hablar?

El rostro de Volkov estaba cubierto, pero debajo de esa tela, se mostraba ma preocupación y enfado que sentía, era increíble que reaccionara así y sus motivos tenía, pero necesitaba ayudarlo.

—Escucha, esto que hiciste fue una gillipoces, agradece que llegue a tiempo o ahora mismo estarías muerto.

Horacio solto una carcajada al escucharlo.—¿Agradecerte? Si fue por ti que lo hice, vienes aquí a decirme que mi hermano está muerto, me revientas el culo sin importarte como me siento, ¿Y dices que te agradezca?

—¿Y que quieres que haga? Que te trate como una preciada princesa, te lleve el desayuno a la cama y te lama los malditos pies.

—No te burles de mi, no soy tan imbécil. Esto ya no va a funcionar, aunque desees follarme cada vez que quieras, no podrás, porque está vez me voy a oponer y si intentas hacerme algo a la fuerza, te juro que te mato.

Volkov enarco una ceja bajo la tela que cubría su rostro, estaba realmente asombrado, la mirada del Omega se veía decidida, aún estando de pie, se acercó un poco más, inclinándose para mirarlo. No era el mismo desde que había llegado, había roto y convertido a ese Omega en otro y aunque se sentía culpable, no cabía la posibilidad de una amenaza más.

—¿Así quieres jugar? Bueno, veamos quién se arrastra a los pies de quién; me encantará saber si sales vivo o muerto de aquí.

—¿Me retas?

Volkov sonrió, Horacio repitió está misma acción, la tensión que existía en el aire era inmensa, ambos se miraban con intensidad, los aromas de ambos se desprendían y dispersaban por el aire, inundando la habitación. Volkov era débil ante ese aroma dulce, Horacio por su parte, no resistía la emoción del momento, estaba incomodó, se sentía provocado, pero el también conocía muy bien las provocaciones, el era experto. No era la primera vez que lograba atraer a un hombre a la cama, pero por esta vez, algo le decía que no tenía que hacer mucho para atraer a este alfa.

Pareciera que ambos se conocían, puesto que ninguno cedía, pero ambos querían. Horacio se removió incomodó en su lugar, Volkov se acercaba sigilosamente hacía su rostro, las reparaciones se combinaban, pero eran "tranquilas" el entusiasmo por entregarse uno a otro crecía. Volkov entendió una cosa, era mucho más intenso y emocionante cuando ambos sentían la necesidad pero no sé cedían, era mucho mejor que lanzarse a él como perro hambriento. Horacio sabía que ese sentimiento revoloteante significaba una cosa; necesitaba tener sexo con él, lo ansiaba y la situación lo ameritaba, podría ser su primera vez con el y que fuera consensuado, pero su guerra de miradas parecía no acabar.

—¿Te parezco el tipo de persona que le gusta jugar? Me estoy tomando muy en serio mi papel de malvado.

—Bueno, entonces. . . Vete.

La sonrisa de Volkov desapareció y la de Horacio se alargó aún más. El alfa volvió a erguirse, se dió la vuelta y salió de la habitación; Horacio soltó un suspiro aliviado, no sabía cuanto tiempo iba a resistir con esa faceta, normalmente Gustabo era quien actuaba así, pero está vez, necesitaba de todos sus esfuerzos por no doblegarse tan rápido, porque ese latido en su corazón, no era normal.

—Me sonrió. . .

(…)

Llegada la noche, se digno a bajar a la amplia cocina, estaba bastante hambriento y no había comido tan bien, eso le causaba cierta tristeza, Gustabo siempre se preocupaba por ello y de los dos, el nunca se quedó sin comer. Soltó un suspiro, estaba bastante triste, pero las palabras del médico habían causado que se sintiera motivado.

Se dirigió a la nevera, buscando algo que podría usar, encontró algo de jamón y queso fresco, olía bien. Saco todo y un aderezo que lucía bien, busco algo de pan en las encimeras y para su suerte, el ruso contaba con bastantes empaques de pan y otros alimentos.

—¿Qué no come? Por eso tiene la cabeza chiquita.

Dejo todo sobre la isla de la cocina, preparó su lugar de trabajo y comenzó a preparar algunos emparedados, en total fueron 4 y uno extra por si no se saciaba. Miro sus emparedados y sonrió orgulloso, la boca se le hacía agua y su estómago rugía demandante, tomo uno y abrió la boca grande para poder comerlo.

—¿Me invitas uno?

La voz del alfa le interrumpió y molesto, bajo el emparedado sin haberle dado una sola mordida, lo miro fijamente, este se acercó lentamente hacia el y tomo asiento en un banco, cruzándose de brazos mientras lo miraba.

—Por favor, continúa.

—Creí que no te gustaba hablar de más y últimamente no cierras la boca, V.

—Bueno, tengo mis momentos.

Horacio entrecerro los ojos y comió sin importarle la presencia del alfa. Disfruto de su emparedado y luego prosiguió con el otro, después con el otro y así, hasta darle fin a los 4 que había preparado primero, miro el quinto y lo dejo sobre un plato, deslizando este hacia el alfa. Volkov lo miro extrañado, casi juraría que los comería todos, Horacio limpio la comisura de sus labios y se giró dispuesto a irse.

—Gustabo me enseñó que, si sobra un poco de comida, no está mal compartirla, buenas noches.

Y sin más, desapareció de la vista perdida del alfa, quien no pudo evitar sentir cierta extrañeza, pero cálido también. Cuando más se proponía a hacerle la vida imposible, ese omega se las arreglaba para ablandar su duro corazón; soltó un suspiro y con una sonrisa, le dió una mordida al. . . ¿Pan? Horacio le había dado solo pan, no había jamón, ni queso, ni aderezo. Negó y suspiro.

—¿Qué voy a hacer contigo?













































Remin
Feliz año nuevo gente.
Pásenla bonito con sus seres queridos.

Tuyo 3 (Volkacio) FINALIZADA Donde viven las historias. Descúbrelo ahora