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Dos horas de vuelo de regreso a Seúl en los que Jisoo suplicaba, rezaba, imploraba y rogaba a los dioses porque algo impidiera su próximo destino. Incluso anhelaba que el avión se desplomara porque para ella morir era mejor que volver a aquella casa.

Esa mansión en donde durante años no se habían escuchado gritos, súplicas y sollozos dolorosos volvía al pasado. Los empleados simplemente apretando los dientes mientras seguían en sus actividades para evitar cometer una imprudencia pero sus corazones dolían y sentían lástima al escuchar el castillo que aquella chica estaba recibiendo.

YeoJeong: Deberías estar agradecida conmigo. —Habló limpiando sus manos.— Antes me contuve porque YeoJin decía que eras una niña y podía matarte pero que equivocación. —Suspiró.— Una verdadera golpiza te hubiera acomodado las ideas, ¡Pero tenías que obligarme a hacerlo de nuevo una y otra vez! —Gritó.— Espero que ahora ya te haya quedado claro.

La pelirroja, arrodillada a un lado de su vieja cama, titiritaba por el dolor.

YeoJeong: Hablaré con Taehyung para decirle que regresarás a esta casa. —Comentó dirigiéndose a la salida.— Y que te encuentras enferma para regresar por tus cosas. —Avisó antes de abandonar la habitación y cerrar la puerta con llave.— No quiero a nadie merodeando cerca. —Le ordenó a las sirvientas.—

Jisoo se arrastró por el suelo para hacer un intento en vano de abrir la puerta.

Jisoo: Claro que quedó claro, todo ya quedó claro. —Susurró entre sollozos.—

Se recostó en el frío suelo sin detener su llanto provocado por el dolor en su cuerpo. La misma historia ya se había repetido antes y los flashbacks volvieron a ser su tortura.

Esa pequeña niña encerrada por primera vez en la oscuridad; Esa adolescente encerrada sin una gota de agua o comida; Esa chica encerrada con una quemadura en su piel sin tratarse durante semanas; Esa chica hirviendo de fiebre; Esa chica suplicando a sus mucamas por ayuda pero hacían oídos sordos.

Y entre tantos recuerdos apareció uno en donde escapaba de aquella habitación. Y si las cosas no habían cambiado, quizá podía hacerlo de nuevo.

Se obligó a tragarse sus sollozos para no hacer ningún ruido y esperar hasta la madrugada para ejecutar su plan. Buscó debajo del tapete que cubría parte de la habitación encontrando una llave de repuesto.

En silencio abrió la cerradura y se desplazó débilmente por el área trasera de la mansión hasta lograr salir. Tan pronto como escapó las lágrimas regresaron. Sus pies comenzaron a deambular por la fría ciudad hasta llegar al primer y único lugar que pudo pensar.

— ¡Señora Kim, Dios mío! —Exclamó la señora Lee al abrir la puerta.— ¡¿Pero qué le sucedió?! ¡¿No me diga que sufrió un atentado?! ¡¿Y el señor Kim? —Interrogó de prisa.—

Jisoo: Tuve que regresar antes. —Explicó entrecortadamente.— ¿Taehyung está en casa?

— No, él no ha vuelto.

Jisoo: Bien. —Asintió desesperada.— Si viene alguien a buscarme diles que no sabes nada de mí y no permitas que entren. —Se aferró a ella.— No dejes que mi familia sepa que estoy aquí, por favor. —Suplicó.—

— E... Está bien. —Respondió de prisa.— Pero vamos adentro. Mire como viene, debemos tratar sus heridas.

La mayor abrazó a la chica para ayudarla a entrar a la casa y dejarla en su habitación.

— Debería darse un baño en lo que busco las medicinas para curarla. —Pidió.—

Jisoo: Gracias. —Dijo en voz baja.—

La Venganza || VsooHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora