17. Acalorado

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Juanjo se monta en su coche y conduce sin rumbo, se niega a volver a su propio infierno personal en el que se ha convertido su casa. Quizá haya sido un poco masoquista al no atreverse a cambiar ni una sola de las cosas que Martin se ha dejado por el piso. Ahora que no está, se da cuenta de todo lo que ha perdido. No quiere creer que ya sea tarde. Lo de Álvaro no puede ser real, es imposible que se haya olvidado de él en tan poco tiempo.

Son poco más de las seis de la mañana cuando Juanjo aparca el coche y se baja en el pantano de San Juan. Allí fue el lugar al que llevó a Martin en su primera salida juntos. Martin se pasaba el día entero hablando del mar y de lo mucho que lo echaba de menos, ahora que estaba lejos de su tierra. Juanjo quería tanto hacerle feliz que eligió ese lugar para su primera cita.

Juanjo recuerda que lo primero que hizo nada más bajarse del coche fue quitarse las zapatillas y los calcetines y correr hasta la orilla. Martin nunca había visitado esa hermosa playa sin olas. El sol estaba cayendo y sus reflejos en el agua, atrapaban la inocente mirada de Martin, inundada de lágrimas. Ni tampoco puede olvidar como le abrazó mientras ese precioso bailarín que había conocido semanas antes en La nave del olvido, le decía que le gustaría vivir el resto de su vida en ese instante. Aun a día de hoy, Juanjo se odia así mismo por la respuesta que reflejó su cara, cuando lo que realmente deseaba decirle es: como supero yo ahora tus palabras.

Juanjo se tumba sobre la arena y deja que el susurro del agua le acurruque. Que le transporte a esa noche en la que se dejó llevar y sin ningún tipo de pudor se quitó los pantalones y la camiseta ante la atenta mirada de Martin. Nunca olvidará como se la lanzó a la cara y como él la recogió para aspirar su aroma. Enloquecido por el deseo, no pudo evitar ir hasta él para quitarle su camiseta. Ni como le pidió que se dieran un baño, iluminados únicamente por la luz de la luna. Al que Martin no pudo resistirse. Lo recuerda quitándose los pantalones y corriendo hasta el agua. Lo observó desde la orilla mientras se lanzó y nadó algunos metros. Juanjo fue tras él y le abrazó por detrás a la altura de la cadera para a continuación llevar sus labios hasta el cuello de Martin y besarle. Martin giró entre sus brazos y colocó ambas manos sobre su pecho. Estaba convencido de que iba a notar como su corazón latía a doscientos latidos por minuto. La intensidad en la mirada de Martin le provocó un escalofrío que no fue capaz de soportar, agachó la cabeza y desvió sus ojos. Pero Martin no iba a permitir que se le escabullese de nuevo. Deslizó sus manos hasta llegar a ambos lados de su cabeza y le obligó a mirarle a los ojos. Juanjo leyó a la perfección las intenciones de Martin y, a pesar de que su primer instinto era gastarle una broma para romper ese momento de tensión, optó por quedarse quieto cuando Martin acercó sus labios hasta los suyos y se fundieron en un apasionado beso. Ese recuerdo le hace odiarse a sí mismo. ¿Por qué diablos no le habrá besado cuando se lo ha pedido? Se maldice. Ha tenido dos oportunidades y ambas las ha desaprovechado, sin embargo, hay algo a lo que no puede dejar de darle vueltas: ¿Por qué le ha pedido que le dé un pico si está con Álvaro? ¿Sabría Martin que no iba a hacerlo? Seguro que sí, lo conoce mejor que él mismo.

Echa tanto de menos sus abrazos que al quedarse dormido sueña con sus caricias. Se imagina tumbado boca arriba sobre la arena y a Martin yendo hacia él para colocar cada una de sus manos a ambos lados de sus hombros. Para después dibujar una onda con su cuerpo partiendo desde su pecho hasta quedar tumbado encima de él con la elegancia propia de un bailarín. Martin apoyado sobre sus antebrazos, se humedece los labios antes de besarle. Juanjo agarra a Martin de los hombros y le hace girar para colocarse encima de él. Necesita recuperar el control de la situación, se pone muy nervioso cuando siente que puede perderlo; sin embargo, Martin disfruta llevándolo hasta ese límite y vuelve a hacerle girar. A lo que Juanjo responde de nuevo. Sin darse cuenta acaban los dos rebozados en la arena. Al final es Martin quien se acaba rindiendo y le permite tomar el control.

—¿Qué te dicen mis ojos? —le pregunta Juanjo.

—Que te has enamorado de mí.

—¿Te lo tienes un poco creído, no? —Juanjo le besa la punta de la nariz.

—Será eso... Te quiero.

Martin le mira esperando su respuesta, pero Juanjo la retrasa todo lo que puede poniéndole caritas.

—Yo también.

—¿Tú también qué?

—Tú ganas. Yo te quiero más.


La escritora ha abandonado la historia. Se ha muerto de la vergüenza. 

Tenía pensando acalorar un poco más la escena, pero habría que poner la historia como madura y prefiero que la pueda leer todo el mundo. Os dejo a vosotras darle el cierre a la noche que queráis. Os preguntaría como pensáis que van a acabar, pero me dais miedo.

En el próximo capítulo es tan cuqui que me han entrado ganas de hacer lo mismo. ains Hasta mañana.

La Nave del OlvidoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora