Cuando Juanjo estaba con Martin, las horas extras que echaba como ingeniero se le hacían cuesta arriba, ya que estaba deseando volver a casa. Desde que se fue, se ofrece voluntario. Llegar a casa y encontrársela vacía y en silencio, le vuelve loco. Tener la cabeza todo el día dándole vueltas a las cosas en bucle, le agota.
Durante una aburrida reunión de trabajo, se ha desconectado imaginando donde le gustaría estar en ese momento. Se ha visto así mismo paseando un perro por el parque al lado de su casa y aunque nunca lo reconocería, en esa descripción faltaba una persona. Esa persona que cuando vivía con él siempre le hablaba de adoptar un perro.
Por lo que al salir del trabajo, conduce directo hacia la perrera. La chica encargada se alegra de verlo allí. No solo porque lo conoce de cuando adoptó a Cacahuete, también porque necesitan urgentemente casa para dos cachorros que acaban de llegar.
—¿Dime que quieres un cachorro? Acaban de llegar y son demasiado pequeños para estar aquí —le dice casi en tono de súplica.
—La verdad es que no lo había pensado. Tenía en mente dar una vuelta y ver si alguno...
—Ven conmigo.
La chica lo conduce por un pasillo hasta su despacho. Encima de la mesa Juanjo ve una pequeña caja de cartón. Dos pequeñas bolitas de pelo, le miran asustados.
—¿Puedo cogerlos? —pregunta. La chica asiente.
Juanjo coge uno con cada mano y los coloca sobre su pecho. Al instante, los dos cachorros le lamen la mejilla.
—Se te ha cambiado la cara —le dice la chica.
Juanjo vuelve a recuperar la seriedad y dice:
—Me los quedo.
—¿Cuál?
—Los dos. No podría separarlos. Así se harán compañía cuando yo no esté.
—Perfecto. Vamos a arreglar los papeles.
Juanjo vuelve al coche con la caja entre los brazos. Nunca ha tenido perros con anterioridad, quizá tenga algo que ver el hecho de que le dan un poco de alergia, y se dirige a la tienda de animales que hay cerca de su casa.
—Hace mucho que no venías por aquí. ¿Está bien Cacahuete?
—No, tuvimos que sacrificarlo.
—¡Oh!, lo siento mucho.
—Gracias, fue algo inesperado. Ha sido duro no tenerlo por casa.
—¿Y qué te trae por aquí?
—He adoptado un par de cachorros de perro y necesito un kit de supervivencia completo. Que ya he tenido suficientes pérdidas por una larga temporada.
La dueña y Juanjo recorren la tienda cogiendo todas las cosas que van a necesitar: una camita, comederos y bebederos, juguetes y un transportín pequeño de color verde.
Una vez en casa, Juanjo coloca a los perretes en el suelo. Al principio se quedan quietos sin moverse, pasados unos segundos persiguen a Juanjo hasta la cocina donde está limpiando todo lo que ha traído para después colocarlo en el salón, en el mismo sitio donde tenía las cosas de Cacahuete.
La dueña de la tienda de mascotas le ha recomendado que ponga alguna prenda con su olor en la camita, para que no le echen de menos. Juanjo sabe qué manta va a colocar. La de Martin, no se ha atrevido a quitarla del sofá y sigue allí. Coloca a ambos cachorritos sobre ella y se sienta en el suelo. Acaricia uno con una mano. Le hubiera gustado poder cumplir su sueño cuando estaba con él. Así que decide que uno de los dos, el más tranquilo, va a llevar el nombre que Martin le hubiera puesto:
—Tú te vas a llamar Mc Risas —Juanjo sonríe orgulloso—, y tú Mc Gritos.
Los cachorretes están tan cansados que, en pocos minutos, se quedan dormidos.
Vale, ahora necesito un cachorrito en mi vida. ¿Qué opináis sobre que le haya usado la manta de Martin?
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La Nave del Olvido
RomanceJuanjo busca un equilibrio entre su vida social y su relación con Martin. Su novio reclama su atención constantemente. Juanjo está absorto en una partida de Catán con sus amigos cuando Martin necesita desesperadamente su ayuda. Las tensiones acumul...
