29. La gata sobre el tejado

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Con cero esperanzas de que le cojan en el casting se dirige hasta la dirección que le ha pasado su agente. Le sorprende ver tan vacío el edificio. Se acerca a la chica de recepción, convencido de que se ha equivocado de sitio.

—¿Eres Martin Urrutia?

—Sí.

—Sube a la primera planta. Te están esperando.

Nada más abrirse la puerta del ascensor, se encuentra con Violeta saliendo de un despacho.

—¿Martin, puedes entrar? —le pide.

—Suerte. ¿Luego me cuentas?

Martin entra en una habitación bastante pequeña y cierra la puerta tras él mientras Violeta va a sentarse junto a su compañera en la mesa. A pesar de que debería sentirse nervioso por una oportunidad como esta, Martin está más tranquilo que nunca. Camina hasta el centro de un diminuto escenario y se coloca detrás del micrófono. A pesar de que Violeta, conoce casi todo lo que necesita saber de él, le pide que se presente.

—Me llamo Martin Urrutia y soy de Getxo. Siempre me ha apasionado cantar y actuar. Estudié la carrera de arte dramático y me mudé hace dos años a Madrid para buscar una oportunidad como actor.

—¿Veo en tu currículum que nunca has trabajado como actor, verdad?

—No, nunca. —Martin sabe que eso no es buena señal.

—¿Has estado trabajando en La nave del olvido?

—Sí, como bailarín, sobre todo, y en este último mes y pico como cantante.

—¿Te has aprendido la coreografía que te hemos mandado?

Martin se alegra de que está sea la primera de las pruebas, no solo porque Footloose es su coreografía favorita, también porque le ayudará a entrar en la atmósfera. En cuanto lanzan la canción se siente como poseído por el recuerdo de su época de instituto. A los treinta segundos de canción, la música cesa de golpe. Martin se queda congelado. «¿Qué he hecho mal?», se pregunta.

—Perdona por interrumpirte. ¿Te he visto cantando? —Martin está a punto de disculparse cuando Violeta continúa—: ¿Puedes cantarla a la vez?

—Sí, creo que me acuerdo de la letra.

Vuelven a lanzarle la canción desde el principio y Martin se deja la piel en cada paso. Incluso las chicas del casting bailan con él desde sus sillas.

—¿Has asistido a clases de baile, verdad?

—Sí, desde los siete a los catorce años.

Violeta apunta estos datos en informe y continúa con la prueba:

—¿Puedes cantarnos la canción?

Martin hace una respiración profunda, contra todo pronóstico está supertranquilo, y no lo necesita para relajarse, lo hace solo para concentrarse. Coloca el pie de micro y lo gradúa a su altura, metido ya en el mood de la canción. Es una canción intimista y con una gran carga emotiva. Martin es consciente que siempre falla en su expresión gestual en los castings, a pesar de que debería ser su fuerte. Por querer hacerlo tan perfecto técnicamente que se olvida de la interpretación. Por lo que esta vez no piensa irse con ese mal sabor de boca. Si no lo consigue que no sea porque no lo ha dado todo. Nunca ha cantado La gata sobre el tejado en público, solo se la aprendió para impresionar a Juanjo. Después del trato que recibió de él la otra noche, se ha reconciliado con su recuerdo y puede verle en su cabeza, sentado en la cama, escucharle embobado.

—¿Has recibido clases de canto?

—Sí, durante los años de la universidad.

—Perfecto, puedes continuar con la escena, por favor.

Casualmente, la escena que le han pedido que interprete fue la misma que se aprendió para su primer casting y le cuesta creer la suerte que ha tenido. Preparó esa escena con tanto esmero que su cuerpo recuerda cada frase, cada énfasis en la voz, cada gesto y movimiento. Nunca más volvió, ha prepararse tanto, porque estaba convencido de que le quitaba frescura a la actuación. Espera que el hecho de que hayan pasado tantos meses desde que se lo preparó, le haya devuelto parte de esa frescura del primer día.

A Martin le preocupa que nada más terminar le hayan pedido que repita la escena, haciendo ligeros cambios en su interpretación. A pesar de la inseguridad que eso le ha causado inicialmente, sabe que puede incluirlos sin problemas y se deja llevar.

—¿Ya tenemos todo lo que necesitamos o quieres preguntarle algo más? —le pregunta Violeta a su compañera.

—No, y además, ¿creo que estamos de acuerdo con la decisión, no?


Todas sabemos lo que va a ocurrir, en los siguientes capítulos, por lo que no me voy a hacer la interesante, preguntándolo.  Básicamente, porque sino no habría historia y pondría: FIN y no queremos eso. Yo la primera, que me estoy divirtiendo mucho escribiéndola. Así que voy a daros las gracias por acompañarme en este viaje.

Nunca he pedido el voto por ninguno de los dos por no dividir los votos, pero si no queréis una semana de dos agapornis separados ha llegado el momento de salvar a Martin. No podemos dejar a Juanjo una semana solito. Me niego a ver una despedida el lunes.


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