Una decena de ambulancias se han desplazado hasta la discoteca y los sanitarios se afanan en desplegar una carpa para atender a los heridos. Un médico situado en la puerta, está haciendo la primera criba de los heridos según su gravedad. Cuando Martin llega hasta él es derivado a la zona exterior donde un joven sanitario, se está encargando de las curas leves.
—¿Puedes estar de pie? —le pregunta a Martin sin mirarle.
—Sí.
Aunque ese sí, no le resulta muy convincente a Omar que levanta la cabeza para mirarle.
—¿Martin? —Omar se da cuenta de que está mareado a causa del humo y da la sensación de que está a punto de desmayarse—. Ven, túmbate.
Martin le hace caso y se recuesta en la acera y Omar le levanta los pies.
—¿Puedes sujetarle las piernas por mí? —le dice a la joven que estaba atendiendo.
Omar coge una bombona de oxígeno y una mascarilla para colocársela. Poco a poco, Martin va recuperando el color y el técnico sanitario le permite sentarse.
—Soy Omar. No sé si me recuerdas de la otra noche, estaba con Juanjo —le dice mientras acaba de curar a la joven.
—¡Qué suerte! —balbucea Martin.
Omar permite que la joven se vaya y se quedan los dos a solas.
—¿Estás mejor?
—Sí, puedo irme. Tengo que encontrar a mis amigos.
—Ahora mismo, hay mucho caos. Es mejor que les dejes trabajar, harán todo lo que esté en su mano para ayudarles. Déjame ver tu mano.
Martin cede y hasta que Omar no empieza a limpiarle la quemadura no se da cuenta del dolor que siente.
—Te voy a echar una crema para que te alivie el dolor.
Después de la crema, Omar procede a vendársela.
—Bájate los pantalones, tengo que examinarte esa herida de la rodilla.
Martin se asusta al ver el aspecto de la herida:
—¿Necesita puntos?
—No es tan profunda. Voy a ponerte puntos adhesivos.
Un par de heridos más llegan, por lo que Omar acelera la cura.
—Esto ya está. Quédate un rato sentado, hasta que se te pase el mareo.
A Martin le incomoda estar cerca del amigo de su ex. Se siente mejor y no quiere permanecer allí más tiempo del necesario, sin embargo, el miedo a afrontar las consecuencias del incendio le pone los pelos de punta. Aun así, sabe que tarde o temprano tendrá que hacerlo.
—Me encuentro mejor. Tengo que ir a...
—Espera que acabe aquí y voy contigo.
—Puedo... —Quiere decirle que no necesita niñero cuando divisa a lo lejos a Juanjo.
Juanjo respira aliviado al ver a Martin ileso. Siempre ha sabido que era inmortal. Sin poder controlarse salta la cinta de señalización para ir con él. Un policía le retiene y él le señala en la dirección de Martin. Acepta y le deja pasar. Juanjo corre hasta su ex y le abraza.
—¿Estás bien? —le pregunta angustiado.
—Juanjo, ¿qué haces aquí?
—Comprobar que... estaba preocupado.
—No me refiero, ahora. Digo esta noche. ¿A qué has venido? —Juanjo duda y Martin lanza la siguiente pregunta—: ¿Lo has provocado tú?
Omar termina de curar a los dos heridos y le dice que pueden irse.
—¡Qué! Martin, ¿cómo puedes pensar eso? ¿Por qué iba yo a hacer una cosa así?
—Nunca te ha gustado que trabajase aquí.
—Siempre he creído que merecías algo mejor, pero, ahora sé, que tú eres feliz cuando te subes cada noche a bailar y yo nunca te lo quitaría. Además, tío, tú eres consciente del... —Juanjo se interrumpe al darse cuenta de lo que estaba a punto de decir.
—¿De qué? —Juanjo duda si contárselo. Sabe que allí dentro estaban todos sus amigos, pero Martin necesita respuestas—: y bien.
—¿Sabes algo de tus amigos? —le pregunta con todo el cariño que puede.
—¿Hay muchos muertos?
—Bastantes... Tío, tu hermana me ha llamado para ver si estabas conmigo y le he prometido que iba a venir a buscarte. Cuando he visto las imágenes, me he acojonado. —Juanjo resopla—. Menos mal que estás bien.
—Pues ya me has visto. Ahora busco un teléfono y la llamo.
—Sé que no debería estar aquí, ni venir a verte. Lo siento. Pero llevo toda la semana encontrándome los carteles y no... —Juanjo está a punto de echarse a llorar y no quiere que él le vea hacerlo—, ya me voy. Si necesitas algo, llámame. Que ya no estemos juntos, no implica que no pueda ayudarte como amigo.
—Gracias, pero no necesito tu ayuda. —Martin no sabe por qué le responde de esa manera. Es la primera vez, en mucho tiempo, que ha visto verdadera preocupación en sus ojos.
Juanjo mira a Omar y le da las gracias antes de dirigirse hacia el exterior del cerco policial, sabiendo que su presencia allí solo empeorará la situación.
Si ya sé, queréis pegarme; pero ha sido decisión de Martin no mía. Mañana veremos si cambia o no de opinión. ¿Qué habrá pasado con el resto de compis?
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La Nave del Olvido
RomanceJuanjo busca un equilibrio entre su vida social y su relación con Martin. Su novio reclama su atención constantemente. Juanjo está absorto en una partida de Catán con sus amigos cuando Martin necesita desesperadamente su ayuda. Las tensiones acumul...
