37. Dígale

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Juanjo abre el chat del 24h, se teme lo peor. Tienen que estar lapidándole. Lo sabe incluso antes de abrirlo y empezar a leer los mensajes de odio hacia él. «Qué clase de impresentable le haría algo así a un angelito como Martin?». «Si es idiota no te quiere aquí, estamos nosotras para cuidarte».

Por un momento, odia a Martin: por hacerle eso. Pero solo durante un instante, sabe que permitió que se fuera sin decirle lo que sentía por él y ahora, su ex, tiene el corazón hecho pedazos. Sigue leyendo mensajes, ahora en Twitter, cuando la alarma del móvil le indica que se vaya a dormir, que ya son las doce de la noche. Pulsa el botón de apagado y se pone de pie con el teléfono en la mano.

Al moverlo, la pantalla se ilumina. Creyendo que es un mensaje, lo mira. La fecha del móvil: 14 de febrero. Las lágrimas se acumulan en sus ojos dispuestas a salir disparadas. Vuelve a sentarse y le manda un mensaje a Alex:

Juanjo:

Puedes mandarle un mensaje a Martin de mi parte?

Alex:

Sabía que me ibas a escribir, después de lo que ha pasado.

Lo siento mucho, pero me juego mi trabajo.

No pueden recibir información del exterior.

Juanjo prefiere no responderle. En el fondo sabe que tiene razón. Necesita hacerle saber que le está esperando fuera si quiere. Decide consultarlo con la almohada y se va a dormir. Media hora después, enciende la luz. Se le ha ocurrido una absurda idea que no sabe si va a funcionar siquiera. Es una locura y puede acabar explotándole en la cara, pero ya no tiene nada que perder. Se va a su galería de fotos y busca una en la que esté con Martin. Le cuesta un rato encontrar una en la que no estén haciendo el tonto y se le reconozca. Al final encuentra una fotografía que se hicieron en La nave del olvido. Pienso que eso hará más creíble su historia. Martin ha hablado de que trabajo allí. Cierra la galería y se va a Instagram. Elige la fotografía y se sitúa en el texto. Piensa un rato qué mensaje poner. Después de escribir muchas veces y borrar, otras tantas, acaba poniendo: «Feliz San Valentín, mi agaporni. Claro que me haces falta. Te espero fuera». Después añade todos los hashtags que encuentra que lo relacionen con el programa.

Duda si enviarlo, le tiemblan las manos al mismo ritmo que su corazón. Decide no pensárselo. Solo desea que se lo pongan en la gala del lunes. Nada más pulsar en enviar. Se da cuenta de lo ridículo que resulta lo que acaba de hacer. Desbloquea el móvil, dispuesto a borrar el mensaje.

Nada más entrar en Instagram es consciente de la que acaba de liar. Doscientos me gusta y más de treinta comentarios. Le da pánico entrar a leerlos, pero no puede resistirse. Sus ojos se van directamente a uno en el que le llaman aprovechado y después a otro en el que le dicen: Así que ahora que es famoso, te arrepientes de no haber ido a buscarle.

En el fondo sabe que responderles es lo peor que puede hacer, pero está desesperado y ante situaciones desesperadas, soluciones desesperadas. Escribe un comentario respondiéndose a sí mismo: «Claro que fui a buscarle, pero estaba tan enfadado conmigo que no me permitió disculparme». Juanjo se pasa más de una hora leyendo las respuestas, diciéndole de todo y nada bueno. Hasta que entre cientos de mensajes de odio, aparece un mensaje respondiéndole. «Dejad de insultar a Juanjo, está diciendo la verdad. Si queréis a Martin, tendríais que ayudarle. Seguro que hay alguna manera de hacerle a Martin este mensaje», bajo el nombre Chiara. Juanjo le da un me gusta al mensaje. Y se va a la zona de los mensajes privados y escribe:

Juanjo:

Gracias.

Chiara:

Te la debía. Sé que estuviste con Martin cuando estuve en coma.

Juanjo:

No podía dejarle solo

Ya te has recuperado?

Chiara:

Sí

Por cierto, Martin nunca se fue a Bilbao. Estaba debajo de la barra.

Siento mucho haberte mentido

Martin no estaba preparado para hablar contigo.

Juanjo:

Solo querías cuidarle. Yo habría hecho igual

Chiara:

Espero que le llegue tu mensaje

Juanjo se obliga a apagar el móvil, pero su noche no mejora. Tiene pesadillas en las que las fans de Martin le persiguen para pegarle por la calle. En la última hasta se cuelan en su apartamento y se despierta rodeado de chicas con palos.

Cuando suena el despertador, tiene la cabeza que le va a explotar. Se toma una pastilla y se vuelve a la cama un rato para que se le pase, pero el dolor no cesa. Al final acaba por llamar al trabajo y decir que está enfermo.

Tres horas más tarde, un mensaje en el WhatsApp, le despierta. Abre un ojo y se lleva el móvil a la cara. Alex: Pon el 24h. Corre.

Juanjo se pone tan nervioso que apenas si es capaz de atinar con los botones. Cuando consigue llegar al directo. Martin está volviendo de una de las ventanas. Alguien le ha regañado por hacerlo. Disimuladamente, le hace una seña a Lina para que le siga. Se van hasta los sofás y buscan el lugar más alejado de las cámaras. Martin me enseña algo.

—¿Qué pone? —le pregunta Lina.

Juanjo ve como Martin está ampliando algo.

—No lo leas —le susurra.

—¡No, Martin, por tu madre, qué pone! —grita Juanjo.

Juanjo no sabe si retroceder en el directo o esperar a ver si dicen algo.

—¿Crees que es verdad?

—Solo él podría llamarme así. Era nuestro secreto.


Feliz San Valentín o Feliz día del soltero como prefiráis. Dejé este capítulo subido, ayer. Seguramente, no habré podido ver que han hecho. En cuanto llegue me pondré al día. Pero contarme. ¿Lo han festejado?

No os olvidéis de votar: Ganador Juanjo o Martin.

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