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Camille's POV

Después de despedirnos de Joe y Sarah, Dalton y yo emprendimos el viaje de vuelta a casa. Él tenía entrenamiento temprano al día siguiente, y aún debía llegar a casa y alistarse. Durante el trayecto, las luces de la ciudad se desvanecían en el espejo retrovisor, dejando que la oscuridad y el silencio se adueñaran del auto.

Pensé en mencionar la presencia de Lauren en el club, pero supuse que, si aún se veían, él ya lo sabría. No me atreví a preguntar; estaba demasiado cansada para iniciar una discusión, así que me limité a observar el paisaje y disfrutar del silencio.

Al llegar, cada uno se ocupó de sus cosas. Me fui a acostar alrededor de la una de la mañana, apagando la luz del velador con un suspiro pesado. Mientras cerraba los ojos, el peso del cansancio se mezclaba con una inquietud persistente, pero cuando sentí el cuerpo de Dalton acercarse al mío, me sobresalté.

Abrazada por él, podía sentir los latidos de su corazón, un ritmo tan calmado que, por un momento, me hizo olvidar todas mis preocupaciones. Lentamente, el sueño se apoderó de mí, y lo siguiente que vi fue la luz del día filtrándose a través de las cortinas.

Con algo de pereza, me levanté. La casa era un desastre, con cajas y maletas esparcidas por todos lados. La mudanza completa llegaría hoy, y había mucho por hacer. Mientras ordenaba las cajas, me preguntaba si este lugar alguna vez llegaría a sentirse como un hogar, o si siempre sería un recordatorio de todo lo que había perdido.

Cuando el camión de mudanza llegó, después del almuerzo, dejé que los trabajadores se encargaran de los electrodomésticos y sus instalaciones, mientras yo los dirigía hacia dónde dejar las cajas. El ir y venir constante me mantenía ocupada, pero también agotada. Quería que esta casa reflejara algo de mí, aunque ni siquiera estaba segura de quién era en este momento.

Terminé tan exhausta que, después de una ducha rápida y una cena ligera, decidí irme a dormir sin esperar a Dalton. Acostada en las sábanas, el cansancio pronto me venció, aunque, en la madrugada, un murmullo interrumpió mi sueño. Escuché a Dalton hablar por teléfono, sus palabras apenas susurradas mencionaban algo sobre un embarazo. Traté de prestar atención, pero la somnolencia era demasiado fuerte, y no estaba segura de si lo había soñado o si realmente había pasado.

Joe's POV

Cuando Dalton confesó lo del embarazo, todo encajó. Entendí por qué Camille había decidido escribirme para vernos. Ella no me buscó por atracción, sino por venganza, para hacerle a Dalton lo mismo que él le hizo a ella.

Me sentí usado, como si solo hubiera sido una herramienta para su venganza, pero también un poco aliviado. Su matrimonio estaba agonizando, y eso me beneficiaba. Ella pronto estaría libre, y yo podría concentrarme en poner en marcha mi propio divorcio. Entonces, finalmente, podríamos vernos sin lastimar a nadie más.

Pero primero tenía que descubrir qué sentía realmente Camille por mí. ¿Fue sólo una atracción momentánea o había algo más profundo? El consejo que le di a Dalton fue que le dijera la verdad, aunque sabía que un hijo extramatrimonial no era fácil de aceptar. Si Camille realmente lo amaba, tal vez encontraría una forma de perdonarlo, aunque eso significara perderla para siempre.

La idea de que Camille pudiera estar soltera avivaba mi deseo de divorciarme, pero estaba Sarah. Ella había estado conmigo desde el principio, cuando no era nadie, apoyándome en cada derrota y celebrando cada victoria. No podía dejarla así, pero tampoco podía ignorar lo que sentía por Camille.

Nuestro matrimonio ya no era lo mismo desde hacía un año. Algo se había roto, y ni Sarah ni yo hacíamos nada por arreglarlo. Estábamos atrapados en una monotonía que solo nos alejaba más. Sin embargo, pensar en esto me agotaba, y los recuerdos de esa noche con Camille me hacían querer estar a su lado cada día de mi vida.

Camille's POV

La semana pasó rápidamente. Hoy era jueves, la noche de la cena en casa de los Burrow. Dalton y yo íbamos en camino. Tenía una fuente de ensalada sobre mis piernas y la mirada perdida en la carretera. La única ruptura en el silencio del auto era la música suave de la radio, una melodía que parecía destacar lo lejos que estábamos el uno del otro, a pesar de la cercanía física.

La burbuja de aparente felicidad solo duró un par de días; luego, Dalton volvió a ser el hombre distante y centrado en el fútbol de siempre. Pero algo en mí había cambiado. Ya no sentía ese dolor agudo en el pecho, al menos había disminuido, y eso era un avance.

No le mencioné a Dalton sobre la presencia de Lauren en el club. No veía el sentido de recordarle algo que, sin duda, ya sabía. La verdad era que, aunque sus actitudes me dolían, comenzaba a sentirme más indiferente hacia él.

Al llegar a la casa de los Burrow, los padres de Joe nos esperaban afuera, junto a Sarah y Joe. Saludé a cada uno con una sonrisa, entregando la ensaladera a Robin, la madre de Joe.

—No hacía falta que trajeras algo, querida, pero gracias —me sonrió Robin con una calidez que me hizo sentir un nudo en el estómago.

—Pasen, por favor —indicó el padre de Joe con un gesto amistoso.

El interior de la casa era acogedor, lleno de fotos familiares en las paredes, mostrando a los Burrow en momentos de felicidad genuina. Mientras Robin nos guiaba por la casa, me detuve un momento frente a una de las fotos. Joe, de niño, sonreía ampliamente mientras sostenía un balón de fútbol.

—Ese es Joey de pequeño —dijo Robin, notando mi interés—. Ya le fascinaba el fútbol a esa edad, y en la secundaria también jugaba baloncesto. Pero al final, el fútbol fue el que ganó su corazón.

—Mamá —se quejó Joe, aunque la sonrisa en su rostro revelaba su cariño.

—Amor, no te quejes, que aún no saco las fotos tuyas de bebé con las pompis al aire —añadió Sarah, riendo.

Todos nos reímos suavemente, pero una sensación de tristeza comenzó a llenarme. Este ambiente familiar, lleno de amor y recuerdos, me recordaba todo lo que había perdido y lo que probablemente nunca tendría.

—Cariño, la cena ya está lista —apareció el padre de Joe con un delantal y guantes de horno.

—Vayamos al comedor, hay tanto para charlar —dijo Robin con entusiasmo.

—Antes, me gustaría pasar al baño —dije, necesitando un momento a solas.

—Yo te indico dónde está, sígueme —respondió Robin.

Mientras me guiaba por la planta alta de la casa, pasamos por un pasillo lleno de puertas con nombres y decoraciones infantiles.

—Son las habitaciones de mis hijos —dijo Robin, notando mi curiosidad.

—Es encantador —respondí, pero mis palabras sonaban vacías, incluso para mí.

Cuando finalmente estuve sola en el baño, solté una gran bocanada de aire, tratando de calmar el nudo en mi estómago. Me sentía abrumada, y la muestra de afecto entre la familia de Joe solo intensificaba mi angustia. ¿Algún día se enterarían de que yo era la persona que interfería en el feliz matrimonio de su hijo? La idea me revolvía el estómago.

Pasé varios minutos en el baño, luchando por calmarme. No podía permitirme quebrarme aquí, no ahora. Salí finalmente, y mientras caminaba por el pasillo, noté que la puerta con el nombre de Joe estaba entreabierta y con la luz encendida.

Joe estaba en el centro de la habitación, sosteniendo un pequeño trofeo. Giró la cabeza hacia mí cuando notó mi presencia en el umbral de la puerta. Algo en su mirada me atrajo irresistiblemente, y sin pensarlo dos veces, cerré la distancia entre nosotros, capturando sus labios en un beso urgente. Joe me correspondió, tomándome de la cintura y atrayéndome aún más hacia él.

—¿Me pueden decir qué está pasando aquí? 


beso en al cola muack 💋🫦

Illicit Affairs | Joe BurrowDonde viven las historias. Descúbrelo ahora