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Última semana de Marzo

Joe era un hombre con suerte; era el reciente campeón del trofeo Lombardi, un futuro padre de familia y se podría decir que estaba "conviviendo" con la chica de sus sueños, se sentía el hombre con más suerte en el mundo. Pero cualquiera viviría tranquilo si su vida se basara en mentiras, aunque al menos para Joe esas mentiras no se caerían tan pronto. 

Pero fue un domingo de marzo cuando una de sus mentiras le daría un buen susto.

Al igual que cada fin de semana desde que inició el Off Season, Joe y Camille disfrutaban conviviendo juntos en el tiempo libre que la chica podía brindarle a su relación.  

La pareja se removía entre las sabanas de la cama King Size de la habitación principal del departamento que el Quarterback de los Bengals había adquirido recientemente, luego de vender el que fue por mucho tiempo su departamento de soltero. Su nueva inversión la hizo en un Penthouse reacondicionado con un estilo rústico e industrial y de concepto abierto, fue lo que Joe eligió para iniciar su nidito de amor junto a su nueva novia. Solo faltaba que la chica aceptara mudarse a aquel lugar.

—Quédate en la cama un poco más. —Joe le rogó mientras la atraía hacia él chocando sus cuerpos desnudos. 

—Es casi mediodía, muero de hambre. —Camille intentó escapar del agarre de su novio pero este solo se apegaba más a ella.

—Pidamos algo, de qué me sirve tener tanto dinero si no puedo usarlo para pedirle a otros que hagan comida para mí.

—Deja de ser un vago que malgasta su dinero porque no quiere hacer las cosas básicas de una personas adulta, ayer pedimos comida a domicilio, hoy moverás tu lindo trasero para cocinarme algo.

—¿Crees que tengo un lindo trasero?

Ella asintió—Es más grande que el mio.

—Alimentas mi ego.

—Esperaba que me dijeras algo lindo a mi tambien malagradecido. —respondió ella ofendida.

—Bebe, te digo cosas lindas todos los días.

—Si si, lo que tu digas.

—Tienes la risa más dulce que he escuchado.

—No funcionan tus palabras bonitas cuando tengo hambre, me vuelvo un monstruo sin emociones.

—Enserio bebé, no creo que encuentres algo en la cocina que pueda ser útil para que podamos comerlo, es mejor pedir comida.

—No no, yo iré a comprar mientras tú ordenas este desastre que llamas casa, se que no le he dicho antes pero es un asco como dejas toda tu ropa sucia por todo el departamento.

—Que bueno que no me conociste mientras estaba en la universidad porque me hubieras odiado, mi habitación de la fraternidad era un caos muchísimo peor de lo que luce ahora mi departamento.

—Mejor voy a salir antes de escuchar algo peor.

Camille se alistó para salir a la calle mientras que Joe se preparó para poner un poco de orden en su propia casa, si quería convencer a su novia de vivir con él tenía que demostrarle que él podía ser un hombre ordenado, a veces.

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Camille llevaba una sonrisa de oreja a oreja mientras caminaba hacia la caja registradora, estaba feliz de la vida que llevaba en ese momento, la tranquilidad que le brindaba Joe era reparadora. Pero la sonrisa se le borro al ver las revistas de Vanity Fair que el trabajador del supermercado acomodaba en la góndola al lado de la caja donde ella pagaría por la comida de su carrito de compras.

Illicit Affairs | Joe BurrowDonde viven las historias. Descúbrelo ahora