D O S

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Urgidos por la necesidad, entramos apresuradamente a su habitación. Sentía un fuego ardiendo dentro de mí, algo más fuerte que mi propia voluntad. Solo quería más, mucho más. Mi mente había dejado de pensar; eran mis instintos los que tomaban el control. Solo podía verlo a él y sentir lo que despertaba en mí.

Desesperada por aplacar el fuego que me consumía, tomé la hebilla de su cinturón y se la quité con la mayor rapidez posible. Continué con su pantalón, pero al notar el bulto que sobresalía, una oleada de excitación me recorrió y me hizo torpe. Él también lo deseaba con la misma urgencia, y yo solo quería complacerlo. Nunca antes había sentido tanta excitación por la simple idea de satisfacer a alguien.

Al tocar su erección por encima de la tela, él soltó un gruñido que me hizo estremecer. Lo miré a los ojos y ya no eran de un azul claro; se habían oscurecido, reflejando puro placer y necesidad. En su mirada ardía la misma intensidad que en la mía.

Regresé mi atención a su pantalón, desabrochándolo lentamente antes de deslizarlo hacia abajo. Al quitárselo por completo, pude ver que su erección era aún más impresionante de lo que parecía. Aparté sus boxers, y ahí estaba. Grande. Muy grande. Algo que debí haber imaginado desde el momento en que lo vi sentado en el bar.

—Quítate la camisa, quiero verte completo —le ordené.

Él obedeció, despojándose de la prenda sin apartar sus ojos de los míos. Dios, todo su cuerpo era una obra perfecta. Hombros anchos, bíceps definidos, un abdomen firme y marcado, pero lo que más me atraía era la V de su cintura, el cinturón de Adonis que delineaba su torso.

—Ahora tú —dijo con voz ronca—, también quiero verte completa.

Me desnudé lentamente, y sus ojos no dejaron de recorrer cada centímetro de mi piel. Nunca me había sentido más segura en mi cuerpo ni más deseada. Su mirada lo decía todo.

—Eres preciosa, Eve —susurró excitado, tras inspeccionar mi cuerpo—. O quizás debería decir... Olivia.

—¿Q-que dices?— pregunte confusa

—Olivia—Dijo con una sonrisa malévola, se acerco a mi y comenzó a sacudirme, tomándome por los hombros.— Olivia ,Olivia, Olivia...

—Olivia, Olivia! ¡Olivia, por el amor de todos los santos, despierta! —El grito de Briana perforó el velo de mi sueño con la sutileza de un taladro industrial. Me sacudió los hombros hasta que mis dientes castañetearon—. ¡Se hace tarde!

Me incorporé de golpe, con el corazón martilleando contra las costillas y una extraña sensación de humedad pegada a la piel. Me estiré, intentando recomponer las piezas de mi dignidad.

—Ya, ya... estoy despierta —murmuré.

Y empapada. El sueño había sido una mezcla traicionera de deseo y memoria, de esos que te dejan el pulso errático y la garganta seca. Una repetición en bucle de lo que mi subconsciente se empeñaba en llamar "el error más perfecto de mi vida".

—Báñate ya —ordenó Briana, señalando el reloj con la urgencia de quien cronometra un despegue espacial—. Son casi las ocho y hoy tenemos que grabar los reels. No me hagas empezar el día con retraso, Liv.

—Lo sé, lo sé. La alarma decidió ignorarme, lo siento.

—Lo noté. Estabas en otra galaxia —me lanzó una mirada inquisitiva, apoyándose en el marco de la puerta—. Parecía que estabas librando una batalla o... disfrutando de un banquete. ¿Con qué soñabas?

Ahí estaba la pregunta trampa. ¿Opción A? Confesarle que acababa de revivir la noche más incendiaria de mi existencia con Christopher Slora, el hombre que ahora era básicamente mi jefe y el eje central de mi universo laboral. ¿Opción B? Mentir como una profesional.

LA FORMA EN QUE TE AMOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora