D I E C I S I E T E

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El lunes al medio día volamos de regreso a Boston, y durante las seis horas del vuelo Christopher no dejaba de lanzarme miradas profundas. Sentía su intensidad desde el asiento al lado del mío, y no podía evitar la anticipación que crecía en mi interior. Sabía perfectamente lo que vendría una vez que volviéramos a la ciudad. Sexo duro, sin tregua. Y me encantaba.

Cuando aterrizamos, Chris fue el primero en salir del avión, no sin antes acercarse a mí, sus labios rozando mi oído mientras me susurraba: "Te espero en mi departamento. No tardes o tendre que castigarte" Su mirada estaba cargada de deseo, sus ojos azul oscuro parecían prometerme todo tipo de placeres. En ese instante, sentí cómo mis pezones se endurecían bajo mi blusa, y mi centro comenzó a latir, preparándose para lo que sabía que estaba por venir.

Salí del aeropuerto junto a Briana, ambas agotadas después del largo vuelo. Sin embargo, mi mente no podía concentrarse en otra cosa más que en una sola misión. Tenía que ir al departamento de Chris lo antes posible. Sabía que si me retrasaba mas de lo esperado, él no se lo tomaría bien, y aunque la idea de recibir su "castigo" me excitaba, no quería hacerle esperar demasiado. Necesitaba una excusa rápida.

—Tengo que ir al estadio, olvide algo ahí el sabado. —dije, intentando sonar despreocupada.

—¿Qué olvidaste? —preguntó Briana, siempre curiosa.

—Ah, ya sabes... mi diario. Odiaría que alguien lo leyera. Literalmente escribo todo ahí, incluso cosas que me cuentas.

—Tú no tienes un diario —replicó Briana, arqueando una ceja con esa aguda intuición que siempre tenía.

—Sí lo tengo, solo que no lo muestro. Soy muy discreta —insistí, sintiendo cómo mi mentira empezaba a desmoronarse bajo su mirada penetrante.

—Liv, sé que me estás mintiendo —dijo, su tono más serio—. Llevas semanas actuando raro. Dices que vas al gimnasio, pero hay días en los que desapareces durante tres horas. No creo que estés solo entrenando.

Me quedé helada. No imaginaba que Bri estuviera sospechando de mis encuentros con Chris. Ella había estado tan ocupada con John que pensé que no se había dado cuenta.

—Vamos, confía en mí. ¿A dónde vas en realidad? —me presionó, esta vez con una mezcla de preocupación y reproche.

Sabía que no podía seguir mintiendo. Si continuaba inventando excusas, Briana terminaría descubriendo la verdad por sí sola, pero tampoco podía contarle todo. Decidí optar por una verdad a medias.

—Está bien —suspiré, resignada—. Estoy viendo a alguien... he estado saliendo con alguien.

Los ojos de Briana se abrieron con sorpresa y algo de satisfacción.

—¡Lo sabía! ¿Por qué no me lo contaste antes? —reprochó, cruzándose de brazos.

—Porque... ya sabes que no me llevo muy bien con los hombres. No quería adelantar nada, y bueno... es algo puramente físico. Solo sexo.

Esperaba que eso la calmara, pero Briana no se quedó satisfecha.

—¿Y quién es? —preguntó, claramente expectante.

Titubeé. No podía decirle la verdad.

—N-No creo que sea buena idea decirte quién es —dije, intentando evitar más preguntas.

—¡Vamos, Liv! —insistió—. Somos amigas.

Sabía que estaba acorralada. Tomé aire antes de soltar una mentira que me hizo sentir sucia al instante.

—Es un hombre casado.

Briana me miró en silencio, procesando lo que acababa de decir. Podía sentir su desaprobación casi al instante.

LA FORMA EN QUE TE AMOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora