O C H O

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Desperté con la sensación de que un martillo golpeaba suavemente en mi cabeza. La luz que entraba por las persianas a medio cerrar me hizo entrecerrar los ojos mientras me estiraba en la cama, sintiendo las sábanas suaves y extrañas. Miré alrededor, tardando unos segundos en recordar dónde estaba. Este no era mi cuarto. Las paredes grises y el mobiliario minimalista me lo recordaban: el departamento de Christopher.

Me levanté con cuidado, notando el leve dolor en mi cabeza. El mareo se había ido, pero quedaba un rastro persistente. Me froté la sien mientras caminaba descalza por el piso de madera, buscando a Christopher. Llamé su nombre, pero el silencio fue mi única respuesta. Lo busque en el baño y tampoco estaba ahí. Miré mi reloj, y un pequeño sobresalto me recorrió el cuerpo: las nueve de la mañana. Mierda. Busque con la mirada mi bolso y desde la habitación pude ver que estaba en uno de los sillones de la sala. Menos mal. Baje las escaleras corriendo tras mi telefono.

Mi pantalla estaba inundada de notificaciones. Cientos de llamadas perdidas de Briana, Jenna y Rob. Mis dedos temblaron un poco al llamar a Bri. Ella contestó en el segundo tono, su voz mezclada entre irritación y alivio.

—¿Olivia? ¿Qué demonios? ¡Te hemos estado llamando toda la noche!

Me mordí el labio, sintiendo una punzada de culpa.

—Lo siento, Bri, no pude... —comencé a explicar, pero ella me cortó.

—¡Tu coche se quedó tirado! ¿Cómo no llamaste a nadie? Estábamos todos preocupados. Rob y Jenna estaban por ir a buscarte...

Suspiré, pasándome una mano por el cabello.

—Me desmayé. Fue todo por el cansancio y luego la tormenta... Pero... ¿Cómo supiste lo de la carcacha?—pregunte confundida.

La voz de Bri se suavizó un poco.

—Christopher me llamó esta mañana, me contó lo que pasó. Me dijo que te encontró y que te quedaste en su departamento. Entiendo que no pudiste llamarnos antes, pero nos diste un susto de muerte.

—Lo siento mucho —repetí en un susurro, el peso de la preocupación en su voz golpeándome fuerte.

Mientras hablábamos, noté un café humeante y un croissant sobre la barra de la cocina. Me acerqué, y al lado, vi una nota con una caligrafía muy limpia y ordenada:

"Tuve que irme a rehabilitación con el equipo. Compré algo para que comas, dejé tu ropa en uno de los sillones de la sala y ya llamé a una grúa para que lleven tu auto al taller. Por favor, ve al médico, avísame si algo pasa.

P.D. Eres libre de estar el tiempo que quieras en el departamento, incluso si quieres recibirme en él ;).

P.D.2. Es broma, sé que ahora somos amigos y solo amigos.

P.D.3. Cuando te vayas, avísale al portero. Dejé un taxi pagado para que te lleve a donde quieras, cuantas veces quieras.

P.D.4. Sí, ya sé que son muchas posdatas."

Una pequeña sonrisa, involuntaria y traicionera, tiró de las comisuras de mis labios. Christopher Slora tenía esa capacidad de ser un caballero andante y un idiota encantador en el mismo párrafo.

—Olivia, ¿me escuchaste? —la voz de Bri me sacó de mis pensamientos.

—Sí, sí, lo siento, Bri —respondí, agarrando el croissant con una mano mientras le daba un sorbo al café

—Entonces, ¿le pido a Rob que vaya por ti?

—Oh no, no te preocupes, Slora se encargó de todo, incluso de mi coche y del taxi. Voy a ir al médico más tarde, te lo prometo.

LA FORMA EN QUE TE AMOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora