En el inventario de las cosas que el universo me debía por haber nacido con este útero particularmente vengativo, yo esperaba, como mínimo, un descuento perpetuo en helado de chocolate o, quizás, la habilidad de teletransportarme para evitar el tráfico. En lugar de eso, recibí un recordatorio mensual de que mi cuerpo es una entidad autónoma con una agenda política muy agresiva.
Desde que tengo memoria, el primer día de mi periodo no es un evento biológico; es una invasión. Empieza con un rumor sordo en la base de la columna y escala rápidamente hasta convertirse en una recreación de la Guerra de los Cien Años en mi pelvis. Los cólicos son tan intensos que mi visión se vuelve granulada, como una película de cine independiente con demasiado presupuesto para el drama. Es un dolor que no se queda quieto; se retuerce, excava y me hace considerar seriamente si puedo vivir sin varios órganos internos. He pasado más horas de las que me gustaría admitir abrazada al azulejo frío del baño, negociando con deidades en las que no creo a cambio de un minuto sin náuseas.
Fui a todos los ginecólogos de la ciudad. Me hice ecografías donde me cubrieron de gel frío mientras una técnica miraba la pantalla con la misma expresión de desconcierto con la que uno mira un manual de instrucciones en sueco. ¿El veredicto? Endometriosis. Solo hay unas cuantas alternativas para eso, pero como a penas conseguí un empleo con seguro y no he tenido tiempo la solución, por lo pronto para mi es el ibuprofeno.
Por suerte, esta vez mi periodo había llegado en lunes, mi día de descanso. Ese día había quedado en ver a Chris por la tarde, luego de la rehabilitación que les hacían a los jugadores, cada día después de un juego. Los masajes, las terapias y las sesiones de recuperación después de los intensos partidos del fin de semana eran prioridad. Sin embargo inevitablemente tuve que cancelarle.
Aunque mi cuerpo me exigía reposo, mi mente no dejaba de correr. Entre las películas, la charla con Briana y los constantes mensajes de Christopher, todo parecía estar en movimiento, excepto yo.
Chris: ¿Cómo te sientes ahora?
Suspiré al leer su mensaje. A pesar de todo lo que estaba pasando entre nosotros, no dejaba de ser atento, especialmente cuando sabía que no estaba bien.
Olivia: Sigo igual. Los cólicos están terribles, pero estoy viendo películas con Bri. Lamento que no podamos vernos hoy.
Hubo una pausa antes de que él respondiera, y me preparé para lo que vendría.
Chris: No importa si no hay sexo, Olivia. Podemos vernos como amigos. Quiero verte.
Rodé los ojos. Siempre encontraba la manera de insistir, de hacerme sentir culpable por querer distanciarme un poco. Y la verdad, aunque su propuesta parecía inocente, sabía que nuestra relación estaba lejos de ser solo una amistad.
Olivia: Chris, de verdad no estoy en humor para salir. Solo quiero quedarme aquí, en casa.
Pensé que eso lo detendría, pero una hora después, mientras Briana y yo estábamos hundidas en el sofá, viendo nuestra tercera película del día, el timbre sonó. Me quedé inmóvil por un segundo, mirando a Briana, quien me devolvió una mirada curiosa.
—¿Esperas a alguien? —preguntó ella, frunciendo el ceño.
—No... —respondí, pero en el fondo sabía exactamente quién podría ser.
Con un suspiro, me levanté lentamente del sofá, el dolor en mi vientre recordándome por qué odiaba tanto estos días. Al abrir la puerta, ahí estaba él: Christopher, con una bolsa llena de chucherías en una mano y, para mi sorpresa, una compresa caliente en la otra.
—¿Qué estás haciendo aquí? —le susurré, sintiendo una mezcla de ternura y molestia al mismo tiempo.
—Te dije que quería verte. Además, traje cosas que te ayudarán a sentirte mejor. —Sonrió de esa manera despreocupada que siempre me hacía desarmar mis barreras—. No vine a molestarte, solo quiero que descanses.
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LA FORMA EN QUE TE AMO
Ficção AdolescenteOlivia es una recien egresada de la universidad de Chicago, su sueño siempre ha sido trabajar como publicista para las mejores marcas del mundo. Le ofrecen la oportunidad de trabajar con uno de los equipos mas importantes de la NFL. Sin dudarlo, el...
