El amanecer en el rancho Zannier tiene un sonido propio: el coro distante de los gallos, el crujido de la grava bajo las botas de Carlo y ese silencio vasto y dorado que parece prometer que, pase lo que pase, la tierra seguirá bajo tus pies. Esa mañana, la ansiedad que me había perseguido como una sombra desde la llamada de Gina comenzó a disiparse, reemplazada por una fatiga dulce. Mamá había preparado el desayuno con esa abundancia que en su lenguaje significa "te quiero y me alegra tenerte en mi vida".
Nos sentamos a la mesa: papá, Carlo, mamá y yo. Fue uno de esos momentos donde las palabras sobran. Entre sorbos de café humeante y el aroma del tocino, charlamos sobre los viñedos, la salud de los caballos y la nueva yegua. Era la paz de los Zannier, una paz que yo había empezado a olvidar entre los rascacielos de Massachusetts.
Después del desayuno, como si fuera una ley física inamovible, salí a montar con Carlo. Me había enamorado de la nueva yegua desde el primer segundo. La bauticé Polly. Era una castaña enérgica que se movía con una elegancia que rozaba la arrogancia. Polly era el eco perfecto de Misty, mi yegua de la infancia, que había fallecido cuando yo tenía veintiún años. Perder a Misty fue como perder una extremidad; ella conocía todos mis secretos, desde mis inseguridades adolescentes hasta mis llantos por chicos que ahora ni siquiera recordaba. Montar a Polly era una forma de consuelo, un puente entre la mujer que era en Boston y la niña que corría descalza por estos campos.
Carlo y yo dimos una vuelta por los viñedos, hablando de todo y nada a la vez. Era fácil con él. Siempre lo había sido. Hablábamos del futuro, de su relación con Lex, y también de cómo estaba manejando la idea de casarse. Yo trataba de disimular mis dudas, apoyándolo en todo, pero seguía sin acostumbrarme a la idea de verlo dar ese paso tan pronto.
Al volver a la casa, el aire fresco de la mañana seguía en mis pulmones. Nos dirigimos a la cocina para ayudar a mamá con el almuerzo, como hacíamos siempre que terminábamos de montar. Carlo y yo entramos conversando animadamente, anunciando nuestra llegada. Pero entonces, algo me detuvo en seco.
Al cruzar hacia la sala, vi a papá sentado, hablando con alguien que no reconocí al principio. La figura se giró, y el aire pareció detenerse por completo. Ahí, en el rancho de la familia, en la casa de mi familia, en el sillón, junto a mi papá estaba Christopher.
Al volver a la casa, el aire fresco aún me escocía en los pulmones. Entramos en la cocina para ayudar a mamá con el almuerzo, anunciando nuestra llegada con esa falta de respeto por el silencio propia de nuestra familia. Pero al cruzar hacia la sala, el oxígeno abandonó la habitación.
Papá estaba sentado en su sillón favorito, hablando con alguien. Una figura de hombros anchos y postura atlética que no debería estar a menos de mil quinientos kilómetros de aquí. La figura se giró.
El mundo se detuvo. Allí, bajo el techo de mi familia, estaba Christopher Slora.
—¿Qué... qué haces aquí? —logré articular. Mi corazón dio un vuelco tan violento que temí que se me saliera por la boca.
Christopher se levantó con esa calma felina que siempre parece tener a su disposición. Se encogió de hombros, luciendo unos vaqueros y una camiseta que lo hacían ver peligrosamente doméstico, como si hubiera nacido para estar en una sala de estar en Texas.
—Vine a hacer una visita —dijo, y ese brillo juguetón en sus ojos me recordó por qué era tan difícil mantener mis barreras en su lugar—. Escuché que te habías escapado al rancho. ¿Te sorprende verme?
Mi papá, con una sonrisa, intervino, completamente ajeno a la electricidad que cargaba el ambiente.
—Apenas llegó hace unos minutos—explicó, palmeándole el hombro a Christopher—. Y nos ha estado entreteniendo con historias sobre lo difícil que es tenerte en el trabajo, hija.
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LA FORMA EN QUE TE AMO
Teen FictionOlivia es una recien egresada de la universidad de Chicago, su sueño siempre ha sido trabajar como publicista para las mejores marcas del mundo. Le ofrecen la oportunidad de trabajar con uno de los equipos mas importantes de la NFL. Sin dudarlo, el...
