D I E C I N U E V E

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El miércoles en la oficina, la dignidad fue la primera baja de guerra. Estábamos grabando reels de Halloween, lo que significaba que Rob intentaba parecer un fantasma aterrador mientras yo luchaba por no asfixiarme con mi propia capa, cuando Josh, el linebacker de los Linces —un hombre que tiene la energía de un Golden Retriever que acaba de descubrir el café—, irrumpió en el set.

—¡Este domingo, después de aplastar a los Jinetes, fiesta en mi casa! —rugió con una sonrisa que probablemente podía verse desde el espacio—. El lunes no se entrena, así que el objetivo es una resaca de proporciones bíblicas. Chicos, eso los incluye a ustedes —añadió, señalándonos a Bri, Rob, Jenna y a mí.

Un murmullo de emoción recorrió el equipo. Las fiestas de Josh eran legendarias, el tipo de eventos que terminan con alguien encontrando un poni en la cocina o despertando en un estado diferente. Chris y Rick se acercaron a Briana y a mí, con esa clase de sonrisas cómplices que sugieren que ya están planeando sus propias travesuras.

—¿Ustedes van a ir? —preguntó Chris. Sus ojos brillaban con ese entusiasmo peligroso que siempre me hace querer decir "sí" antes de que termine la frase.

—No me perdería el espectáculo de ver a Josh intentando bailar —respondió Briana.

—Definitivamente vamos —añadí, tratando de sonar como una persona normal y no como alguien que acaba de calcular cuántas horas faltaban para el domingo.

Cuando el grupo se dispersó y Chris y yo nos quedamos en ese pequeño radio de intimidad que siempre parece formarse a nuestro alrededor, me lanzó una mirada que era pura provocación.

—Ansío verte con un disfraz sexy —dijo, enarcando una ceja.

Solté una risa seca y rodé los ojos. No iba a darle esa victoria tan fácil. No a Christopher.

—Mala suerte, vaquero. Voy a ir de botarga de dinosaurio. Un T-Rex inflable. Cero visión periférica, mucha dignidad prehistórica.

Chris soltó una carcajada, sacudiendo la cabeza como si fuera el chiste más tierno del mundo.

—Aun así te verás sexy —sentenció, y la forma en que lo dijo, tan convencido, hizo que mi estómago diera un vuelco que no tenía nada que ver con la paleontología.

Llegó el domingo, y el estadio estaba a reventar para el enfrentamiento entre los Linces y los Jinetes de San Antonio. Fue un partido intenso, pero los Linces lograron imponerse con una victoria brillante, en gran parte gracias a Christopher, quien una vez más brilló como quarterback. El estadio estalló en aplausos, y yo, desde las gradas, no pude evitar sentirme orgullosa. Su talento en el campo era innegable.

Después del partido, nos dirigimos a la tan esperada fiesta de Halloween en la casa de Josh. El lugar estaba transformado en una escena sacada de una película de terror, con decoraciones aterradoras, luces parpadeantes y una música vibrante que llenaba el aire. Pero aun con todo el ambiente espeluznante, la casa era impresionante, una mansión que parecía más adecuada para una celebración de película que para una fiesta de equipo.

Opté por un disfraz de "Star Wars" que combinaba lo mejor de dos mundos: un vestido corto y ceñido con una capa de Jedi encima, y, por supuesto, llevaba un sable de luz para completar el look. La mansión de Josh era una oda al exceso. Decoraciones de película de terror, luces que inducían al trance y una música que vibraba directamente en tus huesos. Me uní al grupo, bebiendo y fingiendo que no estaba escaneando la habitación como un radar humano buscando un objetivo específico.

Entonces, un susurro cálido contra mi oreja me erizó hasta el último vello.

—Que la fuerza te acompañe, Olivia...

LA FORMA EN QUE TE AMOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora