Y DEBÍ HABERTE BESADO DIEZ MIL VECES
PERSÉFONE MONTI BELLA
Habían pasado varios días desde nuestro último encuentro con Caín, cuando le comente los planes de Pollack me sonrió diciendo que íbamos bien pero luego se desapareció, no lo vi por días comenzado a pensar que tal vez era una mentira nuestro trato, que me uso para que Pollack mate a su jefe y el reinar, aunque nos beneficio a los dos este trato, creo que también fue lo que sucedió el otro día cuando lloro delante mio, se que le molesto verse vulnerable, se ve un tipo duro consigo mismo, pero pude ver que en el fondo hay un niño herido, que se contiene hasta que explota de rabia, tristeza, tal vez en el fondo Caín solo necesita estabilidad y amor, mamá siempre dice que el amor no puede faltar en la vida de nadie. Me encontraba en el café sola, estaba a punto de irme porque no tenía sentido seguir esperando por más días a que vuelva, tal vez nuestro trato ya se termino.
—¿Te vas a ir? — la voz ronca de Caín logra asustarme derramando el café sobre la mesa
—Caín ¡me asustaste!— me sonroje de solo verlo, soy una tonta, quise limpiar el desastre pero me detuvo con su mano
—Claire ven aquí y limpia — grito serio y lo mire mal, acaso se creía el dueño de los empleados
—No eres su jefe para gritarle así— el solo me sonrió y la chica vino corriendo a limpiar, actuaba torpe y con miedo, me recordó a mi cuando Caín me perseguía, que les rogué que me dejen trabajar esa tarde para que no me mate, todo parece tan irónico.
—Soy mucho más que el jefe dulce Perséfone —pone sus manos sobre su mentón pareciendo tan inocente y ese simple acto me derrite, me percato que lo estoy observando de más apartando la vista hacia la calle— soy el puto dueño de aquí
—Con razón los empleados parecen tenerte miedo
—Como tu esa vez que pediste trabajar la tarde, pensando que te mataría, mis empleados me lo contaron, debo admitir que fue gracioso, me quede con ganas de que atiendas mi mesa, te llame tantas veces pero me ignorabas — para esta altura estaba sonrojada como un tomate, el solo sonrió pícaro y me miro fijo — no eres buena espiando nena
—Hice lo que pude, aparte trabaje mucho tiempo en un café y se como es
—Y en la noche en un bar— me sorprendió que sepa eso, mi mirada le dijo cuanto me asusto— te investigue para asegurarme cosas
—¿Qué cosas? eso es ilegal, esta muy mal Caín
—¿Me denunciaras con tus amiguitos policías? — cada vez me sorprendía más, pensé que cosas sabría de mi ¡que horror!
—Basta eso es acoso, no puedes saber todo de mi y yo nada de ti
—Tu llegaste a mi Perséfone, yo no sabía de tu existencia pero tu desde que pusiste un pie aquí dentro me hiciste saber que llegabas a quedarte
—Fue mi jefe quien me mando, yo no sabia de tu existencia tampoco, menos de tu fama o la de tu familia, tampoco me interesa— hace como que le duele el pecho pero sonríe logrando sacarme una sonrisa
—Ven, daremos un paseo— me tira de la mano llevándome fuera del café
—¡Ni siquiera pague mi café!
—Invita la casa—sonríe y me abre la puerta del auto, una vez dentro arranca tan rápido que logra asustarme, me coloco el cinturón de seguridad temiendo por mi vida, me exclama que no tenga miedo dando un leve apretón a mi rodilla, sentí mi ser entero debilitarse, mis piernas flaquearon ante su tacto ¡por todos los dioses del Olimpo!
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The Kingdom
Teen FictionPerséfone vive en la pobreza y ante la necesidad termina en el reino de la mafia, su vida comienza a ser una lucha por sobrevivir y no caer en las garras del enemigo, el mismísimo diablo en persona. Sabia que no debía meterse con el, no debía provo...
