🥀Capítulo 13: Todo en esta vida se paga. (Parte 2)

43 2 0
                                    

La casa de campo tiene un sistema de seguridad con dispositivos de vigilancia ubicados estratégicamente para monitorear el exterior. En el área subterránea, solo cubren los pasillos y el laboratorio principal, ubicado en el primer subsuelo.

Desde que Octavio llegó, su habitación tiene uno que registra imagen y sonido.

Gio está bajo la misma vigilancia. Su cuarto, en el segundo subsuelo, también está supervisado. El laboratorio privado que solicitó está bajo un control estricto. Vargas considera estas medidas necesarias para evitar sorpresas desagradables.

Antes, el guardia de seguridad estaba en un pequeño depósito con una cámara. A petición de Gio y con la aprobación de Vargas, fue trasladado a otra sala.

Ahora, en la tenue luz de una pequeña habitación, dos hombres disfrutan de la privacidad que les ofrece el lugar.

—Sabés, mientras venía para acá, pensaba en cómo resolver este asunto.

—Yo... de verdad... por... por favor...

Gio agarra el cabello del guardia con una fuerza brutal. Sus pupilas dilatadas brillan con malicia, mientras sus cejas se fruncen en una expresión de rabia.

—No autoricé que hablaras.

El Gordo asiente en silencio, al mismo tiempo, una sonrisa torcida se dibuja en los labios de Gio.

—Bien. —Suelta el cabello grasiento y le da unas palmaditas en la mejilla—. Como te decía, al venir para acá pensaba en cómo podríamos resolver este asunto. Ahora que veo tu interés en hablar, ¿qué te parece si lo discutimos?

El sudor corre por la frente del Gordo, empapando aún más su espalda. Con las manos temblorosas, intenta inútilmente soltarse de las ataduras.

La mandíbula de Gio está tensa y una vena late violentamente en su sien.

—Hace un momento no parabas de suplicar y ahora que tenés la oportunidad de hablar no la aprovechás.

En la silla, el cuerpo voluminoso se agita. Con el corazón en la garganta, baja la cabeza en silencio. Siente un terror tan intenso que, a pesar de su deseo, las palabras no logran salir de sus labios.

—Buen chico... uno de tus compañeros me dio esto. Me sorprendió bastante, pero creo que sería una buena idea. —Con un movimiento rápido, abre la navaja, revelando la hoja afilada con un leve chasquido—. ¿Sabés algo de historia? A mí me fascina, ¿has oído hablar de la tortura de los mil cortes?

Los ojos de Gio brillan con una mezcla de crueldad y desprecio, mientras sus palabras frías y calmadas suenan como veneno que se filtra en los oídos del guardia.

El Gordo niega con la cabeza, pero el otro, provocador, pasa la delgada hoja por el lateral de su barbilla.

—Bueno, imagínate atado y completamente indefenso. El torturador toma un cuchillo afilado y comienza a hacer cortes en tu piel, uno tras otro, sin pausa. Al principio, tal vez no sientas mucho, pero a medida que avanza, el dolor se vuelve insoportable. —Con un ligero roce, el metal frío se desliza hacia el cuello y sigue bajando mientras continúa explicando—. Es una técnica antigua, utilizada durante siglos en algunas culturas orientales. La idea es simple: cortes superficiales que no causan lesiones fatales de inmediato. —Al llegar al abdomen, él se detiene y una sonrisa siniestra se dibuja en su rostro—. Se hacían varios cientos, incluso hasta tres mil cortes. —Da dos golpes a la altura del ombligo y se burla—. Pero parece que acá podríamos usar todos ellos, ¿no te parece?

El Gordo siente un escalofrío recorrer su espina dorsal. El miedo se agolpa en su pecho, oprimiendo su respiración. El control sobre su propio cuerpo se desvanece y el terror lo consume por completo. Un hilo de orina caliente se desliza por su pierna y su rostro palidece. Las manos, antes temblorosas, ahora están heladas y entumecidas por el pánico.

S.E.L "Unión en la Oscuridad" / En corrección.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora