"Y no puedo dormir porque los pensamientos me consumen.
Los pensamientos de ti me consumen."
Ruelle. War of hearts.
¿Alguna vez te has sentido solo? Estar en un lugar oscuro, vacío y frío. Un espacio pequeño, estrecho, sin colores. Un lugar con mucho ruido... hasta que algo llegó para que sintieras calor.
Pero las personas en la vida no siempre se quedan como uno desea. El desconocimiento puede ser una virtud, la capacidad de no encasillar un sentimiento con un nombre. Si él pudiera liberar las palabras atoradas por décadas, solo serían reproches de un corazón dolido.
Uno nació así, arruinado en esa oscuridad constante; el otro era luz, un resplandor que fue apagado por otros.
Dos hombres que consideran su existencia un capricho divino, pero uno se esfuerza por vivir, guardando y escondiendo el abuso de ese demonio humano que lo estropeó. Pero el otro, él es su propio demonio, no, ellos... y ahora solo quieren tomar el control de ese cuerpo que no los deja salir...
Los bordes del cinturón muerden la piel sensible. El hombre se pone de pie. Con un extremo enrollado en la mano, da un tirón y Octavio vuelve a caer sobre el suelo. Intenta levantarse mientras trata de controlar el ingreso de oxígeno, pero sus manos resbalan inútilmente sobre las baldosas mojadas. Nariz y barbilla reciben un impacto seco.
Gio jala del extremo para levantar el rostro del profesor.
—Las perras caminan en dos patas para complacer a sus amos, ¿lo sabía? Porque no se esfuerza en hacerlo, ¿no se ha convertido en eso? Ya veo, le gusta tanto estar en cuatro que ni siquiera en este momento puede dejar de levantar el culo.
Lejos de responder, Octavio intenta retirar el cinto. Las manos temblorosas arañan el cuero, y la desesperación se refleja en su rostro.
Sin embargo, el hombre solo lo observa.
Las uñas dejan surcos en la piel, enrojeciendo y rompiendo la carne. Pero como una correa, no puede quitársela él mismo.
El ojo sano, con la pupila dilatada, se inyecta en sangre a medida que la respiración va fallando. ¿Por qué? Octavio no entiende qué sucede. Los jadeos son irregulares y roncos, pero esos sonidos agonizantes que brotan de la garganta del profesor no llegan a los oídos de Gio.
Hay demasiado ruido en su mente.
De golpe, la mirada del hombre carece de emoción, fija en Octavio, como si algo dentro de él se hubiera retirado, dejando solo un cascarón. No parpadea, no hay movimiento, hasta que algo vuelve.
En silencio, Gio tira con fuerza y arrastra el cuerpo del profesor como si fuera un animal castigado. Los pies de Octavio patinan, intenta aferrarse a cualquier cosa. Intenta gritar, pero solo sale un gemido ahogado. Medio arrodillado, medio parado, no importa; sigue siendo desplazado con fuerza. Gio no se detiene, despacio, arrastra el cuerpo del otro.
¿Qué hizo mal? Los dedos arañan el suelo y las paredes, pero el cinturón sigue cortando la respiración y obligándolo a seguir. Arrastrándolo hacia la habitación, las rodillas y codos golpean el suelo. Cada vez que se levanta un poco, un nuevo tirón del cinturón lo derriba. Los pulmones se contraen, el pecho se oprime, la mirada se nubla y el corazón duele.
La puerta se abre con violencia y lo lanza hacia la cama. Siente un vértigo repentino, y, como un muñeco a cuerda, su cuerpo se retuerce sobre las sábanas. Los dedos, cubiertos de sangre y sudor, siguen luchando contra el cinturón. Su rostro está pálido, el aire forcejea por entrar en los pulmones después de desajustarlo un poco. El pecho se expande, pero antes de exhalar, Gio lo da vuelta y, encima de él, traba las caderas con las rodillas.
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S.E.L "Unión en la Oscuridad" / En corrección.
RomansaMás allá de la captura. La conexión inesperada entre el captor y el cautivo. El vínculo prohibido, que desdibuja los límites de la racionalidad.