1. MEMORIAS.

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AÑO 2124

Una familia de gran estatus social compartía el almuerzo en las lejanías de la civilización. Padres, tíos, abuelos, hermanos, primos, sus sirvientes y guardaespaldas se reunían alrededor de una larga mesa, compartiendo risas y una deliciosa comida, bajo algunos grandes árboles en campo abierto.
Eran los años del futuro, una época en la que lo imposible se había vuelto cotidiano. Fenómenos extraños empezaron a suceder desde hace unos meses en la vida humana a tal punto que muchos prefieren ignorarlos al ver cómo el gobierno no era capaz de averiguar que era esas anomalías, como si la indiferencia fuera suficiente para mantenerse a salvo.

Las grandes ciudades, incluso los lugares más pobres estaban saturadas de ruido, humo y máquinas tan avanzadas que obedecían cada orden humana con precisión mecánica. Aquello, lejos de elevar al hombre, lo había vuelto más torpe, más dependiente, más inútil.

Ellos solo buscaban un respiro. Un instante lejos de la tecnología, de las pantallas, del bullicio de una multitud hambrienta de poder y consumo. Si la vida del campo no fuera tan dura e injusta, los adultos de esa familia llevarían a los más pequeños a crecer con la naturaleza. Los lugares verdes eran escasos, casi reliquias de un mundo moderno devorado por la sobrepoblación y destrucción que habían dejado las guerras antiguas entre potencias mundiales. Quizá por eso valoraban tanto esa tarde, con aire que se podría llamar natural gracias a qué eran zonas protegidas. Los pájaros entonaban melodías que llenaban su alma, el meneo del viento entre las hojas los relajaba.

La familia reía. El lujo se mostraba en los platos brillantes como un espejo, en la ropa impecable sin arrugas, en la despreocupación de quienes creen tenerlo todo bajo control. Para ellos ese rincón era intocable, un refugio donde los peligros del mundo no podían alcanzarlos.

Una equivocación al tener la realidad alterada de poder, la realidad que los rodeaba no era tan dócil como imaginaban. A su alrededor se movían fuerzas que ninguno de ellos alcanzaba a imaginar.
El bosque silencioso y expectante, parecía observarlos. Cada rama inmóvil, cada sombra densa que pasaba, era un ojo oculto que vigilaba sus lentas respiraciones.
Desde los troncos más viejos, una mano amenazante sobresalía. Delgada, huesuda, con garras largas y afiladas se arrastraban lentamente sobre la hierba húmeda. Se alargaba paciente en dirección a la más pequeña del lugar, una niña perteneciente a otra de las diez familias que había en el lugar.

Una mano que amenazaba con arrastrarla hacia la espesura, donde la oscuridad no dejaba huella, aprovechando la inocencia y distracción, tocaba casi el borde de su vestido... Nadie la miraba, nadie estaba interesado en el leve crujido de las hojas a sus espaldas. Los gritos no se escucharon cuando la niña fue ahorcada hasta la muerte y luego devorada sin piedad, el aire a su alrededor se tornó denso, impregnado por un hedor metálico, el inconfundible olor a sangre seca y sin embargo los adultos seguían riendo, ciegos y sordos al acecho, pensando que podría ser un oso cazando un ciervo.

Esos gritos de la madre desesperada devolvieron fueron el detonante de su nueva realidad.

AÑO 2132

Una chica que todavía no alcanzaba la mayoría de edad avanzaba por unos interminables pasillos pintados de un color blanco similar a los de un hospital. Sus ojos enrojecidos y turbios por la falta de sueño, parecían perderse en un punto inexistente. Cada paso era tambaleante y pesado, como si sus pies se movieran sólo por memoria y no por decisión propia. El eco de sus pisadas resonaba en aquellas paredes vacías, aumentando la sensación de soledad y desorientación que la envolvía.

Los soldados que la veían pasar murmuraban entre sí, aunque ninguno se atrevía a intervenir en sus decisiones. No era cercana a nadie, no tenía confidentes, ni camaradas que se arriesgaran a defenderla de otra persona. Para muchos parecía casi moribunda, una sombra envuelta en un uniforme elegante que ni siquiera merecía llevar. Las burlas y las risas veladas se mezclaban con el murmullo, como si el dolor ajeno fuese parte del entretenimiento de los más jóvenes, aburridos de la rutina militar y hambrientos de cualquier distracción.

DAMN LIZARD Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora