11. SANGRE MORADA.

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9 DE JULIO DEL 2133

Willson se levantó apenas se asomó el primer rayo de sol. Durante toda la noche se había despertado cada cinco minutos para vigilar los alrededores, siempre con su arma a pocos centímetros de sus manos.

Aún que lo intentará ocultar. El sentía miedo, un miedo que le apretaba el pecho cada vez que pensaba en los extraterrestres. Sin embargo tendría que ocultar para no asustar a Lina, ella jamás debía notar su temor.

—¿Hoy nos regresamos a la base, verdad?— murmuró Lina con voz adormilada.

Ella seguía abrazada a su almohada, con un hilo de saliva cayendo desde su boca. Ni siquiera abrió los ojos.

Willson terminó de guardar las provisiones en su mochila. Revisó una por una las cosas que habían encontrado y dejó en el suelo todo lo que no valía la pena cargar.

—Sí. Lamentablemente no podemos quedarnos más tiempo —respondió mientras ajustaba las correas de la mochila— Esas cosas saldrán a cazar en cualquier momento. Tuvimos mucha suerte de encontrarnos con un cachorro, pero sigue existiendo el problema de la madre. Si descubre que matamos a su cría, vendrá hasta aquí. Lo mejor es irnos antes de que eso ocurra.

—Ahora odio más a los extraterrestres. Me arruinaron mi tiempo contigo.

El coronel se acercó a Lina y le dio unas palmadas en su espalda para consolarla.

—Tranquila, mi pequeña. Ya pronto saldremos más —Sonriendo nervioso.

Lina abrió un ojo y lo miró con evidente desconfianza. —¡Mentiroso! En la base casi nunca te veo. Siempre estás ocupado con tus reuniones, entrenamientos o quién sabe qué.

Willson soltó una risa corta. Calmar a una adolescente era una misión mucho más difícil que cualquier operación militar, pero conocía a Lina desde que era una niña y sabía que, cuando se enfadaba, necesitaba algo más que una promesa vacía.

—Tal vez podamos hacer una parada antes de volver al refugio.

Lina abrió los dos ojos de inmediato. —¿Una parada? ¿A dónde?

La rapidez con la que había cambiado de humor hizo que Willson sonriera con ternura.

—Primero levántate y guarda tus cosas. No creo que quieras abandonar tus tesoros aquí.

Lina hizo un puchero exagerado y volvió a hundir la cara en la almohada.

—Pero, papá… Me acabo de despertar.

.𖥔 ݁ ˖ִ🛸༄˖°.

Willson hizo caminar a su hija apenas terminó de empacar todas sus cosas. Más que una leve caminata parecía un castigo.

El coronel  había elegido los caminos más seguros pero también los que eran más largos y dónde el sol golpeaba directamente. Lina camina detrás de él, frotando sus ojos de vez en cuando.

—¿Falta mucho? —murmuró algo cansada.

—Unos kilómetros.

—Eso dijiste hace rato. —Lina soltó un pequeño gruñido y continuó caminando.

Estaban a unos pocos kilómetros de la base. Aunque solo habían pasado unos días fuera, Lina había tenido tiempo suficiente para darse cuenta de lo pequeña que era aquella instalación. Si a ella le parecía pequeña, debía ser todavía peor para todas las personas que vivían allí sin haber tenido nunca la oportunidad de salir y conocer las ruinas que los rodeaban.

Quizá, cuando su padre ascendiera de rango a general, podría convencerlo de que ampliaran el lugar. No entendía por qué seguían pasando por alto a Willson después de todo él había hecho el proyecto.

DAMN LIZARD Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora