8. FAMILIA DE SANGRE.

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27 DE JUNIO DEL 2133

—Lina, Lina, no me ignores. Háblame— dijo Cris, siguiéndola de cerca.

—Si se trata de tu amiguito, no quiero saber nada— respondió Lina con tono molesto, sin siquiera mirarlo.

—¿Enserio estas molesta porque Maicol defendió a la Especimen?¿Y si la hubieran sido Jason o Paco sería lo mismo?— preguntó Cris, intrigado.

—No es solo eso. Sabes muy bien que no me gusta que me toquen o me agarren sin mi permiso.—

Lina caminaba cada vez más rápido, intentando perderlo entre los pasillos de la base. Sus pasos resonaban con fuerza, marcando la rabia que todavía no lograba soltar.

—Entiendo que se equivocó, pero no lo hizo con malas intenciones— respondió Cris, tratando de mantener la calma. —Dios, sí existes, por favor dame paciencia… esta adolescente terca va a provocarme un colapso— murmuró despacio.

La semana de descanso ya casi había terminado. Aunque Lina y Maicol seguían molestos el uno con el otro, ambos estaban obligados a volver al trabajo y verse frente a frente. Cris había pasado esos días intentando reconciliarse, pero a esas alturas era evidente que ninguno pensaba ceder.

Lina, por su parte, no soportaba la idea de volver a encontrarse con Maicol, y mucho menos con la pequeña extraterrestre que él protegía. Cada vez que la miraba, un mareo repentino la invadía, parecido a cuando uno se levanta demasiado rápido. Era una sensación extraña, incómoda, como si algo dentro de ella reaccionara ante esa presencia.

Aun así, no podía renunciar ahora. Había sido ella quien insistió en entrar a ese trabajo, soportando entrenamientos brutales, turnos interminables y el riesgo constante de ser comida por un alienígena, todo con el objetivo de ascender lo más rápido posible dentro del rango militar.

Retroceder no era una opción. Aunque tuviera que soportar a Maicol. Aunque tuviera que ver al espécimen todos los días.

—Escuché lo que dijiste, viejo— reclamó Lina, molesta.

—¿Cómo que viejo?— preguntó Cris, ofendido.

—Ya tienes diecinueve años. Ya casi te jubilas— Lina rodó los ojos.

—¿Qué? Yo estoy fresco como lechuga, enana desgraciada.— Reclamo Cris.

Ella dejó de hablar por unos momentos. Se estaban desviando del tema.

—Escúchame, Cris. Yo no puedo ignorar las estupideces que salen de su boca. ¿Cómo quiere Maicol que seamos amigos si está obsesionado con la especie que más odio? No puedo ser su amiga— finalizó, cruzándose de brazos.

—No, escúchame tú, Lina. Vas a tener que encontrar una forma de llevarte bien con mi mejor amigo o, de verdad, no volveré a hablarte— amenazó Cris con firmeza.

Lina se sorprendió al comentario de su amigo, Lina se quedó inmóvil por un instante. La expresión de su amigo era completamente seria, sin rastro de broma. Le sorprendió hasta qué punto estaba dispuesto a defender a Maicol.

Cris trataba de mantenerse firme, aunque por dentro sentía los nervios recorriéndole el cuerpo. En cambio, la mirada de Lina se endureció aún más. No intentó ocultar lo mal que le había caído aquella amenaza.

«Ni que fueras tan importante cómo para que me importara si me dejaras de hablar.» Pensó Lina antes de responder. —¿Es broma? ¿Lo dices en serio? ¿O solo intentas asustarme?— preguntó, ahorrándose su pensamiento.

—Soy amigo de Maicol desde antes de serlo tuyo. Así que siempre estaré de su lado, porque es una de las personas que más me importan en la vida— respondió Cris, llevándose una mano al pecho.

DAMN LIZARD Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora