DE FEBRERO DE 2133 / DIA DE LA BÚSQUEDA DEL ESPÉCIMEN
Todos los soldados se despedían de sus conocidos, amigos, parejas y familiares en un ambiente cargado de tensión y tristeza. Algunos evitaban levantar la mirada, caminando con la cabeza agachada para ocultar las lágrimas. Nadie quería mostrar debilidad, pero el miedo estaba presente en todos, silencioso e inevitable.
Sabían que pronto tendrían que adentrarse en el interior de aquellos árboles colosales, más grandes de lo que jamás habían imaginado. Un bosque oscuro y frío, apenas iluminado por los destellos del sol. Para la mayoría de los más jóvenes, cruzar ese umbral significaba enfrentarse a lo desconocido que muchos temían.
.𖥔 ݁ ˖ִ🛸༄˖°.
Caminaron durante largas horas. Por lo que indican los mapas y la experiencia de los guías, el destino estaba a varios días de la base, así que tenías que continuar avanzando hasta la caída de la noche. Sin embargo, antes debían hacer una pausa para merendar y recuperar energías. Las provisiones habían sido cuidadosamente divididas en raciones, pensadas para durar lo suficiente durante toda la misión.
El invierno envolvía el bosque. Cris miró a su alrededor mientras se sentaba sobre el tronco de un árbol caído. A pesar del frío, había algo en aquel paisaje que lo tranquilizaba, le gustaba sentirse libre y no encerrado.
El tronco bajo él estaba rígido y helado, pero aun así decidió aprovechar esos minutos de descanso. Se quitó la mochila, sintiendo de inmediato cómo su espalda se aligeraba, y se dejó caer con cuidado sobre la nieve acumulada. El contacto frío lo recorrió de golpe, pero no fue desagradable, sino extrañamente revitalizante.
Sus manos, cubiertas por los guantes, se movieron lentamente, hundiéndose en la nieve para sentir su textura. El aire que entraba en sus pulmones era gélido, pero era mejor que el olor a metal.
Pequeñas aves rompían el silencio con breves cantos, ardillas que se movían con rapidez entre ramas desnudas. Sabían sobrevivir al frío, al hambre, al paso del tiempo y a muchos tipos de depredadores. Era algo admirable cómo se adaptan para sobrevivir.
Por un momento cerró los ojos para dormir profundamente a tal relajación.
—Oye, chico… no quiero interrumpirte, pero ¿quieres algo de comer?— dijo un sargento de rostro familiar, sosteniendo dos platos humeantes entre las manos.
Desde lejos había estado observando a Cris.
Cris lo miró en silencio por un instante antes de incorporarse y aceptar la comida. En realidad no tenía hambre, pero sabía que necesitaría energía para los días de caminata que aún les esperaban.
El militar volvió a sentarse a su lado. Tenía el cabello rubio algo desordenado, con pequeños copos de nieve atrapados entre los mechones.
—Muchas gracias, ¿sargento…?— preguntó Cris, acomodándose.
—McAllister— respondió con una leve sonrisa —De nada, chico. Debes comer, aunque no tengas hambre. Vas a necesitar esas energías más adelante.—
Cris esbozó una pequeña sonrisa. —Vaya… justo estaba pensando en eso. Debe de ser muy sabio para saber lo que pienso.—
—Te vi mirando alrededor— replicó el sargento, girando la vista hacia el bosque cubierto de nieve… Observándola… Su mirada se perdió entre los árboles altos y silenciosos. —Es hermosa… Incluso en invierno. Cuando llega el otoño, sus hojas se vuelven rojas… y entonces sí que es aún más hermosa.—
—Me gustan los árboles… son majestuosos— dijo Cris, con un brillo sincero en los ojos.
—Mi hermana mayor tenía una colección de hojas— continuó McAllister, con un tono más suave —De todo tipo. Las guardaba en un libro… Aún lo conservo en el cajón de mi escritorio.—
ESTÁS LEYENDO
DAMN LIZARD
Science Fiction🚨 actualización de los primeros caps. Algunas cosas cambiaron 🚨 Una invasión alienígena que deja a más de un tercio de la población destruida y cada año se pierden más vidas, dejando al límite de la existencia a la raza humana. La causa son grand...
