2. ACOSO CONFUNDIDO.

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Lina se congeló al instante al ver que Ricardo se dirigía hacia ella, su instinto le decía que empezará a correr pero su cuerpo adolorido no la dejaba dar un solo pasó.

—Hola mi amor ¿qué tal tu día hoy?— dijo él aún con esa sonrisa torcida, mirándola con ojos saltones.

Ella no respondió. Mantuvo el rostro agachado y tenso, comenzó a caminar cada vez más rígido que antes, sin siquiera mirarlo de reojo. Ricardo no se dio por vencido, se acercó y volvió a insistir, con ese tono empalagoso que le revolvía el estómago.

—Vamos mi amorcito ¿qué te pasa hoy? ¿Acaso ya no me amas como antes?— dijo Ricardo queriendo tocarla.

El silencio se quebró. Lina era paciente muy pocas veces, con suerte aguantaba a ciertas personas pero Ricardo siempre conseguía sacarla de quicio con una sola palabra. La idea de darle un balazo en los sesos siempre era como una bella solución. Una bala justo frente sus ojos, su cara cayendo al piso con ese peinado ridículo que tenía desde que lo conocía, ese pelo que tiraba hacia atrás pero que de igual manera se corría hacia un lado por tenerlo tan tieso.

Por desgracia, Lina nunca había matado a nadie antes como para atreverse a realizarlo. Matar era un acto que repudia desde pequeña.

—!No soy tu novia para que me trates así tarado!— gritó enojada intentando empujarlo.

El enojo en su rostro era tan evidente que cualquiera en el lugar lo habría notado. Pero a Ricardo que está vestido con su bata blanca, parecía no importarle en absoluto lo que ella pensara o sintiera, así que se acercó más. Cualquier otra persona a su alrededor no era importante a menos que fuera para su propio beneficio o placer.

Lina intentó apartarlo de un empujón con el brazo, pero Ricardo apenas se movió, su resistencia solo era un juego para él. La impotencia ardía en el pecho de la joven, más que enojo era miedo.

—No te enojes conmigo, cariño. Solo quiero ser amable contigo. Eres muy linda cuando te enfadas por eso me gusta irritarte. Me dan ganas de besarte esa boca maleducada y recorrer con mis manos cada parte de tu cuerpo— la voz de Ricardo se volvió más grave, cargada a propósito —Me pones tan caliente, Eres como mi pequeña puta personal—

Mientras hablaba, sus ojos la recorrían de pies a cabeza, deteniéndose con descaro en su pecho. Lina sintió un escalofrío subirle por la espalda, una repulsión tan grande que apenas pudo contener la expresión de asco en su rostro, apretó sus dientes al no poder hacer nada.

«Por estos tipos de imbéciles nos estamos extinguiendo más rápido» Pensó con esa mezcla de ira.

Aceleró el paso, intentando poner tanta distancia como pudiera entre ambos. No soportaba tenerlo cerca, temía que si permanecía demasiado tiempo a su lado caería en una crisis de pánico. Solo deseaba llegar rápido a su habitación o, con suerte, cruzarse con alguien para fingir una conversación que la librara de esa situación repulsiva.

Estaba asqueada por los morbosos comentarios escuchados de esa sucia boca. No entendía cómo era posible que existieran ese tipo de personas, sin miedo a las consecuencias.

—No necesito de tu asquerosa morbosidad Ricardo... y menos de tus palabras cursis mal hechas. Podrás enamorar a cualquier tonta con falta de atención, pero a mi no ¿Entiendes?— Lina lo miró con odio apenas sus ojos se cruzaron —No te soporto Ricardo, entiende por una vez ¡Solo alejate de mi de una vez por todas!—

Por un instante creyó que sus palabras lo harían retroceder, pero él solo sonrió con más fuerza.

—Nunca cambias, eres igual de arrogante que el primer día que llegaste, y eso solo me vuelve más loco por ti. Ese carácter terco tuyo me obsesiona— Ricardo se adelantó y se plantó frente a ella, bloqueando el pasillo para impedirle avanzar un paso más.

DAMN LIZARD Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora