Capítulo 23

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—Has entendido el plan, ¿verdad? —preguntó Connor apoyado en el borde de la puerta cerrada.

—Sí —contestó Kira.

—Tienes que estar tranquila para que funcione. No te salgas del papel —explicó él.

—Vale, entendido.

—Kira, te prometo que te salvaré y podremos salir de aquí y por fin estar juntos.

Connor abrió la puerta, sujetando a Kira, que pretendía ser Zaira.

—¡Suéltame! —gritaba para dar más credibilidad.

—Zlatko... ¿Por qué has tardado tanto? —preguntó el director acercándose a él—. Bueno, lo importante es que me traes a 3783. ¿Y qué hay de 2213?

Zlatko le entregó la carta. El director le echó un vistazo sin importancia.

—En fin, era previsible. Bueno, así nos hemos desecho de ella. Ahora, vamos a acabar con 3783 —dijo acercándose a Kira, que continuaba gritando—. Tú —llamó a un gato con armadura situado a la esquina de la habitación—, ya sabes qué hacer.

El guardia se acercó al robot y este le entregó a Kira, confiado de que más tarde podría salvarla.

—¡Atenea! Ya puedes llevarte a Zlatko.

La gata vestida con una bata científica salió del laboratorio y le indico al robot que entrara. Ya allí, cerró la puerta de la sala.

—Soy yo, Atenea.

Ella abrió los ojos al darse cuenta que una de sus pesadillas se había hecho realidad.

—¿Connor? —preguntó con voz temblorosa.

—Sí, y necesito que me ayudes. Esa no es Zaira, es Kira. Hay que salvarla. Sé que siempre has querido escapar. Por favor, ayúdanos.

Atenea estaba bloqueada y no sabía que hacer. Estaban sucediendo muchas cosas en un solo instante.

En ese momento, se escuchó un sonido que venía de los monitores en la sala. Una pantalla mostraba a una gata tendida en el suelo con una lanza apuntando a su cuello.

—Connor, dijiste que me salvarías, lo prometiste —dijo llorando desconsoladamente al ver que el arma se aproximaba a ella—. ¿Sabes qué? No importa. Ya me has salvado una vez, no puedo pedirte tanto... Nos vemos en el cielo, hermanito.

Connor se quedó totalmente paralizado, pero tras unos segundos se dispuso a abrir la puerta, que encontró bloqueada.

—¡Atenea, ábreme! —gritó desesperadamente.

—No puedo. El director te matará. Eres mi mejor creación y no pienso dejar que eso suceda.

Al escuchar esto y ver cómo acababan cruelmente con la vida de Kira, el robot se apagó para siempre, no sin antes decir sus últimas palabras.

—No me actives. No quiero vivir sin ella.

La gata vio como su mejor experimento se arruinaba ante sus ojos. En ese instante, recapacitó y vio en una esquina de la habitación ese instrumento que había estado fabricando años. Abrió la puerta un poco, observando a cuatro gatos que se habían plantado en medio de la sala.

—¿3783? ¡Pensaba que te habíamos matado!

—Crees que tienes control de todo. Pero la realidad es que no te importa nada.

—¿Ah sí? ¿Quién es ahora el verdadero monstruo? ¿Quién acaba de matar a una gata inocente?

—De hecho, has sido tú —intervino Kenji.

—Lo siento, pero ella ha muerto por vuestra culpa —dijo sonriente, como si no le afectara.

El director observó a Mai por unos instantes.

—0520, eres la viva imagen de tu madre.

Mai se sobresaltó y sus patas comenzaron a temblar.

—¿Qué quieres decir?

—Cuánto tiempo, mi querida hija —avanzó hacia la gata, poniéndola más nerviosa—. La verdad es que no te he echado de menos. Ni siquiera me importas —declaró con actitud burlesca—. Así que ahora voy a acabar con todos vosotros. Con este gato que antes era tan rebelde. Incluso con esta depresiva que falsificó su suicidio... Sois unos ilusos. ¿Pensabais que me iba a creer todo?

Entonces, en el momento más inesperado, Atenea salió del laboratorio y empleó su complejo instrumento para disparar al director.

El Mundo Perdido de los Gatos [BORRADOR]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora