Capítulo 21

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—Por favor, no lo hagas —repetía una y otra vez Kira mientras subía en el ascensor retenida por Zlatko—. No quiero morir, no quiero. Mi hermano no murió por mi para que yo muera así...

Sin embargo, el robot no se inmutó hasta que la gata recordó qué hacer.

—Connor.

Las luces de los ojos de Zlatko comenzaron a cambiar rápidamente de color mientras parpadeaba múltiples veces.

—¿Kira?

De repente, la gata tuvo una idea. Pero debía conseguirlo antes de que el ascensor llegase hasta la cima del edificio. El tiempo comenzó a correr...

—Connor, ¿recuerdas esa vez cuando jugamos con un ovillo de lana en un jardín lleno de hierba? Es de las pocas cosas que retengo en mi memoria...

—Kira...

La gata notaba como el robot empezaba a aflojar la fuerza que la mantenía atrapada.

—Los puzles... También recuerdo como amabas los puzles. Y aquel día cuando viniste a decirme que habías creado el puzle supremo y yo lo resolví en cinco minutos —contó la gata sonriendo.

De pronto, algo cambió en la mente del robot y su programación pareció desvanecerse para dejar ver la existencia de un alma totalmente diferente que se había apoderado de ese cuerpo metálico.

—Tu y yo sabemos que solo te dije eso para que te sintieras inteligente —dijo el nuevo Connor a Kira.

—Claro, excusas —contestó ella entre risas al darse cuenta de que el robot ya la había soltado.

—Kira... Te he echado muchísimo de menos.

De los ojos de Kira, que hacía un rato habían conseguido detener el llanto, comenzaron a brotar lágrimas de alegría.

—Yo también, Connor —susurró ella, abrazándole.

—Papá no va a estar muy contento con nuestro reencuentro —comentó con una sonrisa.

—¿Papá?

Kira terminó por fin el largo abrazo para mirar fijamente a los ojos del robot.

—¿Qué ocurre? ¿No te acuerdas de él?

—Perdí mucha parte de mis recuerdos. Y específicamente, sobre él no recuerdo nada —explicó la gata, con expresión algo más seria.

—Es comprensible, mejor que no te acuerdes —dijo con una risa para aliviar lo que iba a desvelarle—. Todo se resume en una breve historia. Solíamos vivir con un muchacho que nos cuidaba con todo el cariño que podía. Sin embargo, un día nos vendió por gran cantidad de dinero a un grupo de malhechores. Resulta que lo que ellos querían era hacernos daño por diversión. Empezaron a herirte a ti. A papá no le importó. Papá nunca te quiso porque estaba cegado con su obsesión de tener un hijo, así que no valoró a las hijas que tuvo antes de mí. Pero yo, al darme cuenta de que iban a llegar muy lejos con esos golpes, te aparté y me puse en tu lugar. Tú huiste y papá trató de salvarme, pero uno de los chicos le tiró muy lejos porque estaba molestando demasiado. Así acabaron conmigo. Papá le tiene mucho odio a los humanos por todo lo que nos hicieron. Pero la realidad es que él está equivocado. Nuestro antiguo dueño nos vendió para poder pagar la costosa operación de su madre. Además, yo no creo que todos los humanos sean como aquellos que acabaron con mi vida.

La gata, que escuchaba atentamente procesando toda la información, levantó un momento la mirada para observar que quedaba un mísero trecho hasta la cima del edificio.

—¿Por qué hablas de papá en presente? ¿Él sigue vivo? —preguntó con curiosidad.

—Él es el director.

El Mundo Perdido de los Gatos [BORRADOR]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora