¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Después de compartir ese momento íntimo y profundo con Carlisle, Anahira se encontraba recostada en la cama, su cabello ondulado esparcido sobre las almohadas como un halo de seda. La suave sábana de seda apenas cubría parte de su cuerpo, dejando al descubierto su belleza desnuda mientras contemplaba la vasta oscuridad a través de la enorme ventana.
Sus pensamientos divagaban hacia los vampiros que había sentido esa tarde, en particular hacia Alec y Dimitri de la guardia Vulturi.
Recordaba los momentos que había compartido con Alec en el pasado, un tiempo en el que sus caminos se habían entrelazado de una manera que ahora le parecía lejana y extraña.
En un impulso, se levantó de la cama y se acercó al ventanal, sintiendo una mirada penetrante proveniente del bosque, una mirada que reconocía como la de uno de los guardias Vulturi.
Con un gesto de su mano, cerró las cortinas con su poder , deseando mantener su intimidad y proteger a su familia de cualquier intrusión no deseada.
En ese momento, sintió los brazos fuertes de Carlisle rodeándola desde atrás, su presencia reconfortante y cálida. Al sentir su desnudez contra la suya, Carlisle le preguntó con preocupación qué le sucedía.
-¿Estás bien, mi amor?.
preguntó Carlisle, acariciando suavemente su espalda desnuda
Anahira se volvió hacia él, buscando consuelo en sus ojos amorosos.
respondió con un beso apasionado, buscando distraerlo del tema mientras aprovechaba su falta de ropa para regresar a la cama y continuar donde lo habían dejado, entregándose una vez más al amor que compartían.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Desde lo profundo del bosque, Alec observaba la figura de Anahira a través de la ventana de su habitación. Su corazón latía con fuerza mientras contemplaba su hermoso cuerpo, bañado por la luz tenue de la habitación.
Cada curva de su silueta despertaba un anhelo profundo en él, un deseo arrollador que lo consumía desde lo más profundo de su ser.
Mientras Alec observaba a Anahira desde la distancia, los recuerdos de su último encuentro invadieron su mente con una intensidad palpable.
Recordaba la sensación de sus colmillos clavándose en su piel, el éxtasis que recorrió su cuerpo cuando ella comenzó a succionar su sangre con pasión y voracidad.
Fue un momento de entrega total, de fusión entre ellos que lo dejó sin aliento. La sensación de su cuerpo ardiendo bajo el suyo, la forma en que sus manos se aferraban a él con desesperación, todo ello había dejado una marca imborrable en su memoria.
Alec suspiró mientras revivía aquellos momentos, sintiendo la excitación crecer dentro de él.
Anahira había despertado un deseo en él que nunca antes había experimentado, un anhelo profundo que lo consumía desde lo más profundo de su ser.
Recordaba los días pasados, los momentos compartidos en los que la cercanía entre ellos era palpable. Años atrás, habían sido más que simples conocidos; habían compartido una conexión única, una atracción que trascendía las palabras.
Pero el tiempo los había separado, y Alec había sido testigo del cambio en ella, de cómo se había convertido en una figura poderosa y respetada dentro de la comunidad vampírica.
Sin embargo, ese cambio no hacía más que avivar el fuego de su deseo. La excitación recorría su cuerpo con solo pensar en ella, en esos momentos pasados en los que la pasión los consumía por completo.
Anhelaba volver a sentir esa conexión, volver a los viejos tiempos en los que eran más que simples extraños en la noche.
Con determinación, Alec se prometió a sí mismo que haría lo que fuera necesario para volver a sentir esa conexión, para volver a poseer el cuerpo y el alma de Anahira una vez más.
Era un deseo que ardía en él con una intensidad abrumadora, y haría todo lo que estuviera en su poder para hacerlo realidad.
Con un suspiro cargado de nostalgia y deseo, Alec se apartó y se adentró aún más en la oscuridad del bosque, llevando consigo el recuerdo de Anahira y la esperanza de que algún día, quizás, volverían a encontrarse y revivirían aquellos momentos de pasión y deseo.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.