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La luz de las velas seguía iluminando suavemente la habitación, proyectando sombras cálidas en las paredes de piedra. Carlisle y Anahari permanecían abrazados, sin necesidad de dormir, pero disfrutando de la calma tras el torbellino de emociones de su primera noche como marido y mujer.
Anahari tenía la cabeza apoyada sobre el pecho de Carlisle, escuchando el silencio absoluto donde debería haber latidos. Sus ojos rojos, intensos como brasas vivas, parecían reflejar la danza temblorosa de las llamas mientras jugaban a recorrer los contornos de su rostro.
Él, mientras tanto, acariciaba suavemente el brazo de ella con la punta de los dedos, una caricia lenta, delicada, casi reverencial. Los labios de ambos se encontraban en besos suaves y pausados, como una danza que no necesitaba música. El tiempo no existía para ellos; la eternidad parecía haberse condensado en ese momento.
De pronto, Carlisle se separó ligeramente, dejando un último beso en la frente de Anahari antes de levantarse con cuidado de la cama.
-¿A dónde vas?.
preguntó Anahari con una sonrisa, su voz suave pero teñida de curiosidad.
Carlisle se giró hacia ella, los rayos de luz de las velas destacando los contornos de su figura.
Solo llevaba las finas sábanas alrededor de su cintura, y su mirada reflejaba una mezcla de emoción y nerviosismo.
-Tengo algo para ti, algo que he esperado mucho tiempo para entregarte.
Anahari lo observó mientras se agachaba cerca de lo que quedaba de la cama y buscaba en su chaqueta, que había quedado tirada en el suelo entre el desorden de la pasión. Con movimientos cuidadosos, sacó un pequeño estuche de terciopelo oscuro. Al abrirlo, el brillo de un collar espectacular llenó la habitación.
Era un colgante de plata con un enorme zafiro en forma de corazón, resplandeciendo con un azul profundo que contrastaba con los intensos ojos rojos de Anahari.
La cadena de plata era delicada, pero lo suficientemente fuerte como para sostener la magnificencia de la joya. Anahari se incorporó lentamente, su boca ligeramente entreabierta mientras sus ojos se clavaban en el collar.
Carlisle regresó a la cama y se sentó frente a ella, sosteniendo el estuche entre sus manos.
-Mandé a hacer este collar mucho antes de encontrarte .
confesó, con una sonrisa nostálgica.
- Lo imaginé para ti, Anahari, incluso cuando solo eras un recuerdo lejano en mi mente, un sueño que perseguía desde hace siglos.
Anahari alzó la vista hacia él, conmovida.
-¿Por qué un zafiro?.
preguntó, tocando con delicadeza la joya, como si temiera romperla.