Atardecer 1 ∆ parte 10

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Carlisle caminaba con pasos ligeros pero firmes por los pasillos del castillo de Volterra. Después de tantos años de búsqueda incansable, finalmente estaba a punto de ver a Anahari, la mujer que había ocupado sus pensamientos y su corazón desde su juventud.

El ambiente frío y sombrío del castillo apenas podía contener la cálida esperanza que ardía en su pecho.

Al entrar en una sala amplia y elegantemente decorada, Carlisle la vio. Anahari estaba de pie frente a una gran pintura, absorta en la obra de arte. La luz suave del atardecer iluminaba su figura esbelta, y el reflejo de la pintura bañaba su rostro con una luz dorada.

Llevaba un vestido de un rojo profundo que contrastaba con su piel pálida y su cabello oscuro, el cual caía en suaves ondas alrededor de su rostro. En su cuello, un collar de diamantes con un imponente rubí en su cuello con el emblema de los vulturis.

En ese instante, el tiempo pareció detenerse para Carlisle. La veía como si fuera una visión etérea, una musa traída a la vida desde los confines de su imaginación.

Su belleza era aún más deslumbrante de lo que recordaba, pero lo que más lo conmovió fue la serenidad y la gracia que emanaba de ella. Sentía una mezcla abrumadora de alegría, alivio y miedo. Había esperado este momento durante siglos, y ahora que estaba aquí, se encontró lleno de dudas e inseguridades.

-"¿Me recordará?."

pensó Carlisle, su mente corriendo con una multitud de preguntas.

-"¿Me reconocerá como el joven que una vez la admiró en silencio? ¿Sabría ella el sufrimiento que soporté, la transformación que atravesé por amor a ella? ¿Cómo reaccionará al verme? ¿Sentirá algo, cualquier cosa, por mí?."

Cada pregunta era una punzada en su corazón inmortal, una tormenta de emociones que lo dejó al borde de la desesperación.

Había imaginado este momento innumerables veces, pero nada podría haberlo preparado para la realidad de estar frente a ella. Carlisle se sintió abrumado por la posibilidad de que, después de todo, ella no compartiera sus sentimientos, o peor aún, que lo considerara una molestia o una amenaza.

Mientras Carlisle permanecía inmóvil, contemplando a Anahari, ella giró lentamente su cabeza hacia él. Sus ojos oscuros y profundos se encontraron con los de Carlisle, y en ese momento, ambos sintieron un escalofrío recorrer sus cuerpos.

Había algo en esa mirada, una chispa de reconocimiento o quizás una conexión inexplicable que ambos percibieron, aunque ninguno pudiera ponerlo en palabras.

A su lado, Aro observaba la escena con interés, su sonrisa enigmática apenas perceptible.

-Carlisle Cullen.

comenzó Aro, su voz suave pero cargada de autoridad.

-me alegra presentarte a Anahari, una de nuestras más valiosas aliadas. Ella ha sido una parte fundamental de nuestra familia aquí en Volterra.

𝔈𝔱𝔢𝔯𝔫𝔞 𝔟ú𝔰𝔮𝔲𝔢𝔡𝔞 °•° ᶜᵃʳˡⁱˢˡᵉ ᶜᵘˡˡᵉⁿHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora