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Desde su primer encuentro, tanto Carlisle como Anahari no podían dejar de recordar la sensación que habían experimentado al tomarse de las manos. Para Anahari, fue algo completamente nuevo, una conexión tan intensa que la dejó desconcertada.
La calidez de la mano del vampiro viajero,hizo que un suave cosquilleo recorriera su brazo, extendiéndose hasta su corazón, llenándola de una mezcla de paz y emoción que jamás había sentido. Fue como si en ese instante, todo el mundo se desvaneciera, dejándola solo con esa sensación que la envolvía por completo.
Para Carlisle, el contacto fue aún más mágico. Era como si el tiempo se hubiera detenido, y el universo entero se hubiera reducido a ese único instante en el que sus manos se encontraron. La suavidad de la piel de Anahari, fría al tacto, contrastaba con el calor de su propia palma, creando una sinfonía de sensaciones que resonaron en su alma.
Pero como se dice desde Nadie sabe cuándo, lo bueno acaba y justo tuvo que acabar con ese escenario tan corto como el segundo mismo.Recibiendo carlisle de golpe la realidad de su incierta situación.
Después de reencontrarse con Anahari y descubrir que ella no lo recordaba, Carlisle se sumió en una profunda depresión.
Se había aferrado a la esperanza de que, después de siglos de búsqueda, ella lo reconociera y compartiera su alegría. Sin embargo, esa ilusión se desvaneció rápidamente cuando vio la mirada vacía en sus ojos, y la tristeza lo abrumó.
En la soledad de la biblioteca del castillo de los Volturi, Carlisle se enfrentó a sus propios demonios.
Sentado en un rincón oscuro, sostenía en sus manos el anillo que había guardado durante tanto tiempo, el anillo con el que había soñado casarse con Anahari.
-¿Cómo podría recordarme?.
se preguntó en voz baja, sus palabras resonando en la vasta sala vacía.
-Nos vimos solo dos veces, y en ambas ocasiones ella huyó. No soy más que un recuerdo borroso, un eco de su pasado.
Sin embargo, a pesar de la desesperación que lo invadía, Carlisle sabía que no podía rendirse. Había encontrado a Anahari, y eso era lo que importaba.
-No puedo dejar que esta oportunidad se pierda.
se dijo a sí mismo, cerrando los ojos con fuerza mientras apretaba el anillo contra su pecho.
-Esta vez, no la dejaré huir. Tengo que ganarme su corazón, paso a paso.
Con una nueva determinación, Carlisle decidió que debía cortejarla desde cero, ganarse su afecto pacientemente, como si fuera la primera vez que se conocían. Sabía que debía encontrar la habitación de Anahari para dejarle algo que mostrara sus intenciones sin ser demasiado evidente.