Carlisle se encontraba en su habitación, observando su reflejo en el espejo. Los eventos recientes lo habían llenado de emociones intensas, pero también de nervios.
Había esperado tanto tiempo para confesarle a Anahari su amor, y ahora que ella lo sabía, sentía una especie de parálisis. No sabía cómo acercarse a ella nuevamente, cómo enfrentarla después de que le había revelado tanto de sí mismo.
Se pasó una mano por el cabello, frustrado con sus propios pensamientos. No podía permitirse perder esta oportunidad por sus inseguridades.
Se levantó, decidido. Sabía que no podía permitir que la duda lo consumiera. Anahari lo había escuchado, lo había visto. Ahora, debía dar el siguiente paso. Se vistió meticulosamente, eligiendo sus mejores ropas y peinando su cabello con más cuidado del habitual. Se ajustó el chaleco y, con un último suspiro, alió en dirección al jardín del castillo, sabiendo que ahí encontraría a Anahari.
Gracias a los años que la había observado a la distancia, Carlisle sabía que a Anahari le gustaba pasar las tardes en el jardín, disfrutando de la quietud y observando la naturaleza, una rareza en un lugar como Volterra. Caminó con pasos tranquilos, pero su corazón latía con fuerza en su pecho.
Al llegar al jardín, la encontró exactamente como lo había previsto: sentada en una banca de piedra, con su mirada fija en un árboldonde una pareja de pájaros cuidaba de sus pichones.
La suave luz del sol que se filtraba entre las ramas iluminaba su cabello, haciéndola parecer un ángel entre los árboles.
Carlisle se acercó despacio, respirando hondo para calmar los nervios que lo asaltaban.
-Anahari...
dijo suavemente, llamando su atención.
Ella giró la cabeza hacia él, y en sus ojos había una mezcla de sorpresa y algo más que él no podía identificar del todo.
-Carlisle.
respondió, su voz tan suave como siempre.
Él sonrió ligeramente, sintiendo que sus nervios se aliviaban un poco.
-¿Te molesta si me siento contigo?.
preguntó, siendo cuidadoso con cada palabra.
Anahari lo miró por un momento antes de asentir, haciéndole un gesto para que se sentara a su lado. Carlisle se acomodó en la banca, manteniendo una distancia respetuosa entre ellos, pero a la vez deseando estar más cerca. Miraron juntos a los pájaros por unos instantes, disfrutado de la paz del jardín.
Finalmente, Anahari rompió el silencio, su voz llena de curiosidad.