∆ Recuerdos de amanecer

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Carlisle Cullen se encontraba en el vestíbulo de su hogar, un lugar de paz y calidez que compartía con su amada esposa Anahira y sus hijos adoptivos

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Carlisle Cullen se encontraba en el vestíbulo de su hogar, un lugar de paz y calidez que compartía con su amada esposa Anahira y sus hijos adoptivos.

Era una mañana fresca, y el sol apenas comenzaba a asomarse entre las montañas, iluminando con suavidad la vasta propiedad que ambos hacia poco se habían mudado.

Carlisle, con su usual elegancia y serenidad, ajustaba su corbata frente al espejo.

Anahira, siempre radiante y llena de energía, se acercó a él con una sonrisa juguetona.

-¿Listo para salvar vidas, doctor Cullen? -dijo ella, su voz suave y melodiosa.

Carlisle la miró con adoración, sus ojos dorados brillando con amor.

-Siempre listo, pero despedirme de ti es lo más difícil de mi día --espondió él, acercándose para envolverla en un tierno abrazo.

Ella se rió suavemente, disfrutando del calor de sus brazos.

-Bueno, tendré que hacer esta despedida memorable entonces -murmuró Anahira, antes de besarle con pasión.

Carlisle correspondió al beso, permitiéndose un momento más en su pequeño paraíso personal antes de enfrentarse a la responsabilidad de su profesión. Finalmente, se separaron, aunque no sin una última caricia en la mejilla.

-Te amo, Anahira. Ten un día maravilloso -dijo él con una sonrisa , esa que siempre hacía que el corazón de Anahira se acelerara.

-Y yo a ti, Carlisle. Sé el héroe que siempre eres - respondió ella, devolviéndole la sonrisa.

Juntos, se dirigieron hacia la puerta principal. Carlisle salió primero, pero no sin volverse una vez más para despedirse de su esposa. Ella le lanzó un beso al aire, que él atrapó con una teatralidad que les hizo reír a ambos.

-Cuídate

le dijo Anahira, observándolo mientras se alejaba hacia su auto.

Carlisle le hizo un gesto de adiós antes de subirse y arrancar el motor. Anahira lo observó hasta que el auto desapareció de su vista. Luego, con una última mirada amorosa al camino, volvió al interior de la casa.

Al entrar, se encontró con sus hijos adoptivos, quienes estaban a punto de salir para la escuela. Edward, Alice, Emmett, Rosalie y Jasper estaban todos preparados, luciendo ligeramente nerviosos pero decididos.

Ella los comprendía, puesto a qué sabía que no estaban nerviosos por ser los nuevos de la escuela, lo estaban por lo difícil que era convivir con humanos sin hacerles daño, especial me te para Jasper.

-Buenos días, chicos -saludó Anahira, su voz siempre llena de cariño y confianza.

-Buenos días, mamá -
respondieron casi al unísono, sus rostros iluminándose al verla.

𝔈𝔱𝔢𝔯𝔫𝔞 𝔟ú𝔰𝔮𝔲𝔢𝔡𝔞 °•° ᶜᵃʳˡⁱˢˡᵉ ᶜᵘˡˡᵉⁿHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora