Atardecer 1 ∆ parte 13

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La noche había caído sobre Volterra, y el castillo de los Vulturis brillaba con una majestuosa luz dorada que emanaba de las enormes lámparas de araña.

Carlisle se encontraba fuera del salón principal, observando la entrada adornada con motivos clásicos. Su mente estaba centrada en un solo objetivo: encontrar a Anahari.

El recuerdo de la carta que había entregado al ocaso estaba fresco en su mente, y la ansiedad lo carcomía por dentro.

Carlisle Cullen, vestido con un traje negro impecable, entró al salón con una mezcla de ansiedad y determinación. Sus ojos dorados recorrieron rápidamente la multitud hasta que la encontró. Anahari. Allí estaba, a la distancia, radiante y perfecta, una visión de pura belleza rodeada de los reyes Vulturis y su guardia. Pero incluso entre ellos, Anahari se destacaba como un ángel en medio de demonios.

Anahari llevaba un vestido rojo que abrazaba cada curva de su escultural cuerpo, realzando su figura y contrastando con su piel pálida. Su cabello, usualmente suelto y salvaje, estaba recogido en un elegante peinado que dejaba al descubierto su cuello largo y delicado. El maquillaje que llevaba era sutil, resaltando sus rasgos naturales sin ocultar la pureza de su belleza. Carlisle no podía apartar la vista de ella, completamente hipnotizado por su presencia.

Durante esos años en los que la había observado a distancia, había aprendido cada detalle sobre ella: sus gustos, sus hábitos, sus deseos. Sabía que aquel vestido rojo era su favorito, y que aquel peinado que dejaba caer solo unos pocos mechones enmarcando su rostro era su estilo predilecto para eventos importantes.

Aro, con una sonrisa enigmática, observaba la escena.

Consciente de los sentimientos que Carlisle tenía por Anahari, había ideado un pequeño juego. Sabía que Anahari nunca correspondería a esos sentimientos, al menos no de la manera que Carlisle deseaba. Aro deseaba ver si, al acercar a Carlisle más a ella, podría romper su férrea voluntad de no beber sangre humana. Tal vez, enfrentado con el rechazo de su gran amor, Carlisle abandonaría sus ideales.

-Anahari, querida .

dijo Aro con voz suave.

- ¿por qué no bailas con uno de los miembros de la guardia? Esta noche merece ver la gracia de nuestros mejores.

Anahari, con una leve inclinación de cabeza, aceptó la orden.

Acercándose Alec por orden de aro, acercándose y tomando su mano.

Juntos, comenzaron a bailar en el centro del salón.

Los movimientos de ambos eran perfectos, una sincronía que capturaba la atención de todos los presentes.

Carlisle, desde la distancia, los observaba. Sentía un nudo en el pecho, pero no de celos, sino de admiración hacia la elegancia y belleza de Anahari.

𝔈𝔱𝔢𝔯𝔫𝔞 𝔟ú𝔰𝔮𝔲𝔢𝔡𝔞 °•° ᶜᵃʳˡⁱˢˡᵉ ᶜᵘˡˡᵉⁿHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora