Capítulo 23

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Narra Allie

Estoy en el asiento del copiloto del coche de Megan cuando Dean me manda unmensaje. No me sorprende ver su nombre en mi teléfono. Llevo todo el día esperandootro «quiero follarte», así que era solo una cuestión de tiempo antes de que ocurriera.Pero esta noche me sorprende.


Él: Cumple de Fitzy en el Malone's. Vamos unos cuantos. Únete a nosotros siquieres.Megan mira desde el asiento del conductor. —¿Quién te está enviando mensajes? Y por favor, no digas que es Sean. 

—No, no es Sean. Es uno de los amigos de Garrett —contesto vagamente—. Unos cuantos del equipo de hockey están en el Malone's celebrando el cumpleaños de uno de ellos. Dice que nos pasemos si nos apetece. 

—¿Está Hannah allí?

Niego con la cabeza. —Esta noche tiene ensayo. —Igual que yo, Hannah también está ocupada preparándo uno de sus proyectos finales. Se licencia en Música, así que está obligada a cantar una canción original para el concierto de invierno.


Supongo que Megan no piensa que sea extraño que me inviten a las reuniones delequipo de hockey sin estar Hannah, porque no hace ningún comentario al respecto. Envez de eso, dice: 

—Vayamos. 

—¿En serio?

Después de más de treinta minutos debatiéndonos entre una docena de opcionespara nuestra noche de chicas, por fin habíamos decidido comer algo en el diner deHastings. El Malone's es el único bar del pueblo, así que, obviamente, la opción habíaaparecido al principio de la conversación. Meg, sin embargo, había vetado la idea.


—Pensaba que no querías lidiar con el rollo bar esta noche.


Se aparta el flequillo rojo de los ojos. —He cambiado de idea. Creo que me apetece estar rodeada de chicos guapos. 

—¿De verdad? —le digo con sorpresa—. ¿Qué pasa con tu nuevo novio? ¿Ya hay problemas en el paraíso? —Megan ha sido superreservada con el nuevo tío con el que sale, pero he asumido en todo momento que la cosa iba bien. Normalmente no para de hablar cuando se trata de su vida amorosa, pero esta vez ha sido todo distinto. Todo lo que sé de él es que vive en Boston y que solo le ve los fines de semana. 

—No, estamos bien. —Hace una pausa—. Bueno, la verdad es que no. —Otra pausa—. Es complicado. 

—¿Sabes? Si me dijeras algo acerca de él en lugar de hacerte la doña Reservada, igual podría ofrecerte algún consejo...

Sus ojos verdes se mantienen concentrados en la carretera. Incluso si no estuvieraconduciendo, sé que evitaría mi mirada. —Bueno. Dispara. ¿Qué pasa con ese tío? ¿Qué ha hecho? 

—No ha hecho nada. 

—Mentira. Algo tiene que haber hecho, de lo contrario no estarías escondiéndole de todos nosotros. Y bien, ¿qué pasa? ¿Le gusta incendiar graneros en su tiempo libre? ¿Asesina ardillas y hace sombreros con su piel? ¿Tiene un lunar raro que le ocupa toda la cara? ¿Guarda...

—Treinta y siete —interrumpe—. Tiene treinta y siete años.


Mis cejas se disparan hacia arriba. —Oh. Uau. Eso es...


«Muy mayor». Es lo que quiero decir, pero siempre he creído en la idea de que laedad NO ES MÁS QUE UN NÚMERO. O por lo menos quiero tener esa mentalidadabierta. A ver, sí que creo que es superraro cuando un hombre de sesenta años deedad sale con una chica de dieciocho. Pero treinta y siete no alcanza exactamente elestatus de abuelo. Es solo quince años mayor que Meg y yo. 

THE SCOREDonde viven las historias. Descúbrelo ahora