Capítulo 25

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El sexting continúa.

Sigo sin hacerle caso.Nuestra lucha de voluntades dura más de una hora y desde luego puedo decir que su persistencia me ha dejado impresionada. Por no hablar de la gran cantidad de palabras guarras que tiene en su vocabulario.


Cuando veo a Dean claramente retorciéndose en su silla, le lanzo una sonrisa traviesa y por fin le contesto.Yo: Solo te estás torturando a ti mismo, precioso. Mejor para antes de que se te pongan los huevos azules.

Le añado dos emoticonos que parecen apropiados para la situación: un par de círculos azules.

Dean suspira y se pone en pie, pero no antes de hacer cierto cambio estratégico allí abajo. Creo que soy la única que lo ve y mi sonrisa crece hasta no poder más. 

—Voy a cambiar las canciones —le dice al grupo—. El pavo que no hace más que poner baladas de Aerosmith me está machacando la cabeza.

Mientras se aleja, mis ojos me traicionan mirándole su parte trasera. Sus pantalones negros abrazan como un guante sus nalgas tensas, algo que hace que me plantee la siguiente pregunta: ¿Los pantalones cargo son así de apretados normalmente? Pensabaque no. ¿Quizá Dean tiene un sastre que le hace los pantalones cargo a medida para resaltar su culo? La verdad es que con lo vanidoso que es, no suena tan descabellado. Sea lo que sea, su culo es delicioso. Dios, TODO en él es delicioso. No puedo dejar de admirar la forma en la que sus anchos hombros llenan su camiseta de manga larga de Under Armour, ni cómo su pelo rubio está despeinado en la justa medida. Pero le pierdo de vista entre la multitud y siento una punzada de alivio; ahora que está fuera de mi visión, tengo un poco de tiempo para conseguir que mis hormonas en ebullición vuelvan a estar bajo control. Pero la punzada de alivio dura poco. Cuando regresa a la mesa, él sigue tan buenorro como siempre y yo sigo siendo un manojo de nervios cachondos.


Se reubica en su asiento a la vez que la última canción acaba y el acorde de apertura de la selección de Dean resuena en los altavoces.Es I Want You To Want Me del grupo Cheap Trick.Se me escapa una carcajada explosiva que hace que Fitzy me lance una mirada extraña. 

—¿Me he perdido algún chiste? —pregunta. 

—No. A veces simplemente me río sin razón —digo quitándole importancia—. Soy un poco rara.

Megan interviene. 

—Es verdad. Lo es.

Me trago otra risa y evito los ojos de Dean mientras su canción sigue sonando. No me sorprende que mi teléfono vibre.


Él: Podía haber puesto algo más sutil. Pero ¿para q andarnos con juegos? Te tengo tantas ganas q hasta me duele, Allie.

Mierda, me ha llamado Allie. La cosa se pone seria.


Levanto la cabeza y la intensidad de su mirada hace que mi corazón dé un vuelco y después empiece a galopar. Dean ya es increíblemente atractivo de por sí, pero cuando está cachondo...Es absolutamente espectacular.


Con sus ojos verdes entrecerrados, los labios entreabiertos y el potente cuello esforzándose al tragar, me creo que le duela. Que de verdad sienta dolor físico de tanto deseo. Pero es Dean, por el amor de Dios. Probablemente se le ponga dura si una ligera brisa flota en su entrepierna. En serio, si te chocas con él de formaaccidental, se empalma. El tío está obsesionado con el sexo y la mitad de las chicas de esta universidad pueden dar fe de ello, porque la mitad de las chicas de esta universidad se han acostado con él.Por supuesto que me halaga estar en el extremo receptor de toda esta energía sexual embriagadora. ¿A qué mujer no le gusta sentirse deseable? Pero sería una idiota si creyera por un segundo que soy la ÚNICA mujer a la que Dean Di Laurentis parpadeacon esos ojos ávidos de cama. No, no soy nada más que otra muesca en el larguísimo cinturón de Dean.

 Recordar eso me hace levantarme 

—La verdad es que esta noche no me apetece nada el rollo Cheap Trick —digo amablemente—. Creo que voy a cambiar la playlist otra vez.

Mi paso decidido me lleva a la máquina de discos que hay al otro lado de la sala. No es uno de esos cacharros antiguos, sino una máquina de discos moderna con una pantalla táctil y ranuras para dinero en efectivo y tarjetas de crédito. Introduzco un billete de un dólar y estudio mis opciones. Dios. Casi todas las canciones existentes en el planeta están disponibles en esta cosa.


Sonrío cuando una artista en particular aparece. Recorro su discografía, selecciono el título que estoy buscando y lo añado a la lista de reproducción. La barra lateral de la pantalla revela que hay otra canción delante de la mía, un tema de Kesha que hace queuna horda de clientes en edad universitaria salga a la pista de baile. Lo que en realidad significa que empiezan a bailar en donde están, porque la zona en la parte delantera del escenario de karaoke que normalmente sirve como pista de baile ha sido tomada por un grupo de hípsters, todos ellos absortos en sus teléfonos móviles. 

—Buena selección —dice Tucker. Él también lleva toda la noche obsesionado con

el móvil, así que me sorprende que de pronto sea sociable.

 —No la he puesto yo —contesto. 

—¿Qué has elegido? —pregunta Dean con recelo. 

—Lo descubrirás enseguida.

Tres minutos más tarde, suena la intro del tema y un coro de chillidos femeninos resuena por el bar.Dean me mira.¿La canción elegida? U and UR Hand. Tú y tu mano. De Pink. 

—Oh, yeah —Megan golpea su vaso sobre la mesa y se pone en pie, sacando la mano hacia mí—. A bailar.

No me deja oponerme, porque me arrastra directa a la multitud. De acuerdo. A bailar.


Cuando la línea del bajo retumba bajo nuestros talones, subimos los brazos al aire, empezamos a mover nuestras caderas y nos volvemos locas. El pelo rojo de Meg vuela por delante de mi cara mientras da vueltas. Yo doy una vuelta también, porque eso me permite echarle un vistazo a Dean. Su mirada es de resignación, pero también observo un destello de diversión.


Cuando llegamos a la parte de la canción en la que Pink, que es una diosa, por cierto —¡una diosa!—, dice Buh-bye al imbécil al que le está cantando la canción, le lanzo a Dean una sonrisa acaramelada y muevo mis dedos en su dirección.


La punta de su lengua toca el labio inferior, mientras curva lentamente su boca en una media sonrisa. Prácticamente puedo oírlo arrastrando las palabras diciendo «buena jugada».


Meg y yo seguimos bailando y cada vez atraemos más atención, y más y más participantes. De repente, estamos rodeadas de otras chicas que están disfrutando con la canción tanto como nosotras. Es más o menos un himno para cualquier mujer quehaya tenido alguna vez que enfrentarse a un baboso gilipollas entrándole en un bar, o atiborrándola a copas con la esperanza de echar un polvo, o simplemente molestándola cuando ella está intentando pasárselo bien con sus colegas.Una chica asiática bajita, con un montón de piercings y el pelo rosa de punta, choca sus caderas con las mías, y a continuación nos ponemos a bailar espalda con espalda, chocando el culo mientras compartimos un momento de camaradería femenina. Me río y estoy sin aliento del buen rato que estoy pasando, y esta vez, cuando busco a Dean, ya no parece estar divirtiéndose.Mierda.Ha despertado de nuevo.Su mirada nublada hace un exhaustivo seguimiento de cada movimiento que hago. Cuando acaba la canción, estoy ardiendo. No por el sudor ni por el esfuerzo, sino por la mirada de Dean, que me examina de arriba abajo como unas llamas abrasando un campo de heno.Cuando Meg y yo volvemos a la mesa, me bebo de un trago el resto de mi agua y levanto mi pelo para abanicar con una mano mi cuello que está ardiendo. Mi teléfono está sobre la mesa e instintivamente me tenso cuando la pantalla se ilumina. Un rápidovistazo a Dean me revela que tiene su mano debajo de la mesa otra vez.Me muerdo el labio y miro fijamente mi teléfono.No lo leas, me ordeno a mí misma.Lo leo.Él: La próxima vez q hagas un numerito así para mí, más te vale estar desnuda.

THE SCOREDonde viven las historias. Descúbrelo ahora