• Fue un orgullo quebrantado, una elegante mano que le cubrió los ojos a conveniencia, y otra amable que le guió hasta encontrar su camino de vuelta a casa.
✨ Zhongli x OC (Charlotte Ragvindr).
✨ Los personajes utilizados en este libro no me pertene...
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ʟᴀ ᴘᴀʀᴀᴅᴏᴊᴀ ᴅᴇʟ ᴠɪᴀᴊᴇʀᴏ
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—¿Qué interés tiene un individuo liderado por la máxima Shogun en las tierras que me pertenecen? Si atenta en contra de los intereses del contrato que hemos pactado, no tendré piedad, incluso si tú, siendo una persona, no representas una amenaza para mi paz. —La voz, esa que pudo reconocer con facilidad, le llenó el oído y le hizo estremecerse, pues incluso familiarizada, el tono hostil del hombre era notorio.
Sus orbes observaron a los soldados frente a ella, que por la presencia del Arconte desviaron su mirada sorpresiva a su espalda, obligándole así a tragar saliva con pesadez y luego a darse la media vuelta una vez más.
Frente a ella volvió a extenderse el camino, aún más iluminado que antes. Las baldosas de piedra preciosa se separaban dejando lagos de brillante liquido y llevaban hasta un trono del mismo material, pero antes de observar al dueño de este, su mirada paseó por los lados, encontrando a diferentes figuras repartidas dentro de la morada, que como si fuesen filas, adornaban los caminos mencionados antes y separados del de ella, atentos y dispersos al mismo tiempo. Hombres y mujeres que representaban para Liyue una leyenda y una esperanza, adeptus que se jugaban el cuello y otros individuos que lo hacían desde adentro; mas no fue evitada la mirada que compartió con cierto joven de estatura pequeña que portaba una máscara de oni colgando de su pantalón holgado, ya que como este mismo había dicho, él había estado presente.
—Contesta —ordenó el mayor al ver que no diría nada. Su amenazante presencia entonces llamó completamente la atención de la dama, que volviendo a tragar saliva, apenas abrió la boca para balbucear, ya que no sabía que debía responder.
Estaba, entonces, en Liyue, la misma ciudad que cayó y vio el despertar del mismo dios que demandaba una respuesta en ese momento, pero lo supo, no era esa la nación que conocía, tampoco el Arconte, y tampoco a ese Xiao que le observaba y estaba listo para atacar. Era diferente, era el pasado y era una terrible paradoja en sus manos.