5. Inicio del acuerdo

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–Conviértase en mi esposo.

Quackity no podía procesar aquellas palabras, retrocediendo asustado.

–Lo que me está pidiendo es una completa locura... Yo no... No puedo, no deseo casarme con ningún alfa y mucho menos con usted. Auron...

–Su hermano y yo no tenemos ninguna formalidad. Y créame que ambos ganamos en este trato.

–Usted solo desea que me vuelva su tapadera y no pienso dejar que me sometan así.

–Lo dice por su carrera como abogado.

–¿Quién se lo...? –recordó como haber visto a Roier rondando, e incluso como se habia acercado a aquel hombre, no era tonto, podía notar cierto parecido– Dígame su nombre.

Exigio.

–No quiero...

–Dígame su nombre, es lo mínimo que puede hacer después de venir a molestarme así.

Luzu suspiro.

–Luzuriaga Borja Córdoba.

El chico sentía que el aire se le iba, recordando aquel apellido.

–Stern...

–No por favor, ya no diga nada más. Creo que fue suficiente con todo esto, le agradezco mucho su extraña propuesta en interés por mi, pero no quiero tener que estar relacionado con alguna familia como los Córdobas.

–¿En serio cree que usted estará bien solo?

–Soy perfectamente capaz de cuidar por mí mismo señor Córdoba, con su permiso.

Se giró dispuesto a irse, le pediría ayuda a Spreen para salir de aquel lugar.

–Y cuando llegue el momento, su abuelo lo obligará a inscribirse a ese programa, no tendrá otra elección que elegir al alfa con feromonas más compatibles que las suyas, puede que sea desagradable para usted, dicen que los omegas son los que más sufre.

Quackity se detuvo en seco.

–Lo que le estoy ofreciendo es algo que nadie más se atrevera. Si es mi esposo no tendrá que preocuparse por esos alfas, les dejare bien en claro que mis intenciones con usted son sinceras, sobre su carrera no tendrá que abandonarla, porque eso no es de mi incumbencia. Creo que de hecho me agrada que sea así. Siempre he apreciado a las personas con decisión, su libertad no estará para nada en juego porque como ya le dije esto solo es un acuerdo, nos ayudaremos mutuamente. Usted fingiendo ser mi esposo y yo le prometo que no tendrá nunca más que preocuparse de su abuelo o su irritantes familiares nunca más.

El menor se giró lentamente mirándole.

–¿Y qué gana usted con todo esto? Donde quiera que lo vea, yo soy él que más está ganando, al tener una posición como la suya.

–Créame que mi mayor ganancia es tener a mis hijos.

Se acercó dando unos pasos

–¿Haría lo que fuera por ellos hasta el grado de mentirle a la sociedad?

Quackity preguntó, acercándose a aquel hombre, recordando un poco a su padre.

–Iría al mismo infierno si es por ellos.

El chico suspiro, pensando que estaba por cometer la peor locura y si alguien se enteraba sería peor.

–Lo que me pide es suicidio lo sabe, es una completa locura, si el gobierno se entera...

–No lo harán, porque haremos que todos crean que es así. Si usted me promete dar su completo consentimiento y disposición. Yo le doy mi palabra de que lo ayudare en cualquier cosa, haré que todo malo de su vida se vaya.

Oh Mr CórdobaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora