23. Afortunado

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Una única vez, esa fue una de las mentiras que más disfrutaban ambos, ya que a raíz de aquello había comenzando a cambiar su relación. Luzu terminaba por tomarlo de la cintura sin que nadie más lo viera para una sesión larga de besos, al igual que Quackity había terminado por hacer lo mismo entrando al despacho del alfa sin permiso alguno para plantarle varios besos.

Pero todo eso escaló a mucho más.

–Lusu.

–Mañana no podré estar para cenar.

Quackity se detuvo mirando a su esposo.

–¿Puedo saber la razón?

Esa pregunta siempre rondaba a la pareja, a pesar de que sabían que no era necesaria, recordando como Roier le había dicho que en el pasado el hombre se ausentaba de aquella manera cuando veía a una amante.

El mayor notó como el aroma del chico se agrió, tomándolo de la cintura y plantándole otro beso.

–No es por lo que crees, te lo dije ese día, yo ya no veo a nadie más.

–No debería importarme si fuera así.

–Quacks.

–No me importa si estás con alguien más, en serio.

–Entonces no te importa si hago esto con otro más –susurro alzando su mentón– No hay otros más Quackity, desde que nos casamos no hay nadie más.

–Ya te dije que no...

–Se que no, pero aun así quiero aclararlo. Me ausentaré de la cena porque Vegetta y yo tenemos una reunión, si quieres puedo llamarle y que te lo diga él mismo. Sabes que adoro cenar con mis hijos y contigo, de hecho... siento que no puedo mantenerme alejado de ti. Pero tampoco quiero que me esperen. Cena con los niños, cariño. Yo llegaré un poco más tarde.

El menor le miró dándole un suave beso como respuesta para salir.

Luzu suspiro quedándose pensativo mientras miraba su mano.

–Estás enamorado.

Corto Vegetta, llamando la atención del mayor.

–¿Disculpa?

–Es que no paras de ver el celular y soltar suspiros como colegiala enamorada, además ya me entere pillo. Tu y Quackity desaparecieron hace unos días.

–Estaba en su celo...

–¿Y en serio te quedaste?

–Es mi...

–Esa excusa ya está muy gastada, si no te importara tanto el niño lo hubieras simplemente botado o hubieras pedido que Fit lo llevara como siempre. Admítelo, estás que te mueres por él.

–Sabes que no me gustan los chicos.

–No tiene que forzosamente gustar, puede gustarte Quackity nada más.

Luzu se quedó en silencio.

–Lo sabía.

–Aun si fuera cierto, sólo será por un corto tiempo. No quiero atarlo a alguien como yo.

–Luzu, Quackity no creo que te diga que no, si vas en serio con él. Tal vez solo deberían hablarlo y...

–No Vegetta, no quiero arruinar su vida solamente por pequeñeces.

–Tus sentimientos no son pequeñeces amigo, tu...

–Yo no puedo ser feliz, lo sabes bien, soy alguien roto. Además, yo no podría darle lo que él quiere.

Oh Mr CórdobaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora