16. Incomodidad

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Las cosas no se podían poner más incómodas para ambos, desde aquel beso que ambos compartieron, el que parecía tener muchas más dudas era Quackity, el cual constantemente se auto regañaba por no haber evitado o al menos rechazó aquel beso.

–¿Besaste a ese pelotudo?

El menor suspiro, sabía que no podría esperar otra reacción de su mejor amigo.

–Spreen...

–No Quackity, me dijiste que no sentías nada por ese hijo de puta y que solo estabas volviendo por los niños.

–Eso hago, además fue él quien me besó técnicamente.

–Pero tú se lo permitiste, debiste ser firme y decirle que no, darle una patada en sus pelotas.

–No se bien que paso, solo sucedió... Y ahora no se que pensar, la verdad es que hemos hecho más que evitarnos ambos, creo que los niños están empezando a notarlo.

–Te diría que te largues de esa extraña relación que tienes, independientemente del trato.

–Si hiciera eso, debería regresar con el abuelo y sabes que si pongo un pie en ese lugar me llevaran directo al programa.

–Buscaríamos una solución, pero tu no quieres ¿verdad?

–No quiero que los niños sufran.

–Bien, debemos aclarar tantas cosas posibles. Pero la primera es... ¿Te gusta?

–No –contestó firme frunciendo su ceño– Si tuviera que enamorarme, no sería de ese pendejo y prepotente alfa.

Spreen asintió orgulloso por las palabras de su amigo, sintiéndose un poco aliviado de notar como su reacción no había cambiado.

–Bien, aférrate a esos sentimientos. La otra cuestión es que no pueden seguir evitándose, si mencionastes que los niños ya se están dando cuenta de la distancia de ambos.

–No quiero que esto afecte, sobre todo a los más pequeños, creo que simplemente debería hablar con él y esperar a que las cosas mejoren. Solo fue un beso por error, por la intensidad del momento.

Antes de que Spreen pudiera responder algo, la puerta de su apartamento fue abierta, ambos chicos miraron como entraba un hombre, que al ver al omega se acercó con alegría.

–Patito, pero qué sorpresa tan dulce.

–Rubia.

Spreen suspiro.

–¿Qué haces aquí?

–Nuestros padres querían ver cómo te está yendo vivir solo. Y yo como el buen hermano mayor que soy, me he ofrecido a venir, pero ya no me arrepiento porque veo que Quackity esta también aquí.

Abrazo al chico sin intenciones de soltarlo, comenzando a oler al chico, tomándolo de los hombros examinarlo.

–Pato hueles horrible.

–¿De verdad?

–Si, es un honor horrible...

–Huele a Borjas, recuerdas lo que les dije a nuestros papás sobre el compromiso de Quackity.

–Es verdad –soltó una risa burla– Con razón hueles tan mal, las feromonas de Lucio siempre han sido las mi menos preferidas.

–¿Son amigos?

–¿Yo? ¿De ese imbécil? Paso.

–En realidad, Rubius y Borjas se odian. Son algo así como el día y la noche, aunque lo de hijos de putas se parecen.

Oh Mr CórdobaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora