En el fondo me sentía dichosa por disfrutar de algo a lo que nadie más tendría acceso.
Nadie podría alardear de tener una comida en una cabaña en medio del bosque, con una apariencia exquisita y un sabor delicioso. Soy consciente de que no debería de confiar en ellos ni un poco, no debería comer esto como si nada, si quisieran envenenarme lo abrían logrado sin demasiada insistencia. La tentativa de muerte personificada.
— ¿Por qué están siendo amables conmigo?
La boca del hombre se curvo en una sonrisa nostálgica.
— Me recuerdas a alguien de mi pasado. A alguien que...
— Porque fuiste lo suficientemente tonta como para venir aquí y lo suficiente lista como para sobrevivir. ¿Qué abrías hecho si de camino aquí de verdad hubieras muerto? — se reclino en la silla y espero.
Dejo la pregunta al aire. La tensión levantándose.
No salí de casa con la intención de morir. Tengo la convicción de vivir tanto como se me permita, cuando llegue mi muerte la aceptare con gusto y sin quejas. Aunque si lo pienso, no le tengo miedo a morir, le tengo miedo al cómo será: ¿Abra dolor? ¿durara demasiado? ¿Vere mis recuerdos pasar ante mí? ¿o el mismo dolor me hará desmayarme y no sentiré nada del resto? ¿habría sentido como mi piel de desgarra mientras los lobos clavaban sus colmillos y tiraban para obtener un trozo de mí? O ¿sentiría el agua fangosa entrar en mis pulmones y boca mientras luchaba por oxigeno que no llegaría?
— No hubiera muerto. Tengo mucho sentido de supervivencia y adaptación.
— A mí me parece que sobreviviste por pura suerte. — sus ojos rojos danzando con ironía.
— ¿Sabes qué? De pronto tienes razón, debería irme ahora.
— ¿Piensas irte vestida así? Incluso desde aquí huelo la sangre que corre por tus venas.
Me congele en mi sitio.
— Oye no digas eso, es asqueroso y da miedo. Y lo suficientemente tétrico como para tratarte de chiflado.
Me cubrí la boca con las manos. Mierda. Sus ojos rojos se expandieron de excitación, como si mi comentario le pareciera gracioso.
— Bien. Te llevare a casa. Levántate.
Me tomo del brazo y tiro de mí, su espesa capa cubriendo sus huellas, ocultando sus pasos. Una sombra alta y oscura, su espalda refleja el peligro que representa. Su mano me abraza la muñeca con fuerza suficiente, su guante de cuero cubriendo el calor de su piel, pensé que estaría en contacto directo con mi brazo, pero el hecho de que use guantes para tocarme. Fue una sorpresa.
— Estas loco si piensas lanzarme, así como así al bosque...Oye, no era tan literal lo de que fueras un maniático... — poner fuerza en mis pies no ayuda, me sigue arrastrando —¡Ay vamos, no me puedes culpar! Si eres quien creo que eres, también eres un maldito acosador. No puedes culparme Oye, ¡no estas escuchándome!
Su agarre cambio y me lanzo al frente, di trompicones antes de tocar el suelo lleno de pasto verde bien cortado. Perdí ambos zapatos en el proceso.
Me di la vuelta para encararlo. — Si querías que saliera pudiste pedirlo. Ser amable no cuesta nada. He perdido los...
— ¿Zapatos?, bueno, ya no creo que los necesites.
— Pero... ¿Cómo?
Me ignoro por completo.
— Haznos un favor quieres, no seas imprudente y no vuelvas a entrar al bosque.
Vi que avanzaba en dirección a la cerca.
ESTÁS LEYENDO
El Secreto Del Bosque
FantasyEn el norte, adentrado en un bosque, vive él. Y su compañero de casa es quien menos esperas. Ella se muda con la intención de olvidar, prometiendo hacer camping tres días cada mes. Hasta que, en un intento desesperado por escapar de los lobos ham...
