CAPÍTULO 30: Mejores amigos

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ABRY:

Me he dado cuenta de que yo también me he separado de todos. De vez en cuando, quedo con Marcos, de vez en cuando hablo con Ally, que está en una burbuja, con toda su vida perfecta, junto a Thomas. También hablo con Haily. Ella está perfectamente con Ethan.

Nuestro grupo está completamente dividido. Por un lado, Thomas y Ally, luego están Haily y Ethan. Sophie está sola. Los chicos se han hecho amigos, y quedan de vez en cuando. Y luego, en fin, luego estoy yo. La sola de turno, ¿no? No me creo que durante un tiempo mi corazón se debatiera entre Thomas y David, ahora mi corazón está roto, por ese macarra, ese chico, lleno de tatuajes, maleducado y tierno a la vez, que se me ha metido en la piel, y en el corazón.

La única persona del grupo con la que tengo contacto es con Marcos. Al fin y al cabo fuimos los mejores amigos del mundo durante mucho tiempo. Cambiamos juntos. Reconozco que le echaba de menos. Reconozco que pensaba en él a todas horas, sin razón. Reconozco que allá donde mirara, me encontraba con algo que o me recordaba a él, o a David.

No me malinterpretéis. No siento nada por él. Simplemente me alegro de tenerle de vuelta. Había pasado demasiado tiempo. Le echaba de menos. ¿Qué si le quiero? Por supuesto. Pero no de la manera que pensáis. Hemos recuperado el contacto, volvemos a ser los mejores amigos del mundo. Y no podría alegrarme más por ello.

Vivo apartada de mi antigua vida. La vida en la que tenía una cuadrilla. La vida en la que tenía un novio, mucho menos que perfecto, pero le amaba y sabía que él me amaba a mí con toda su alma. Pero un día lo echó todo a pique por una tontería como mi amistad con Marcos. ¿Es que no puedo tener amigos? ¿No se me permite? Él no es nadie para decidir con quién puedo o no puedo estar. Él no era nadie entonces, y ahora, mucho menos. Prefiero tener la amistad de Marcos antes del amor celoso de David.

Un ruido en la puerta de mi cuarto, me saca de mis ensoñaciones. Marcos. Le sonrío, y él se sienta en la cama conmigo mientras yo me quito los cascos y aparto mi MP3.

-Tu madre me ha dejado pasar.

-Tranquilo. ¿Qué tal estás?

-Cansado. Acabo de venir de echar un partido de baloncesto con los chicos.

-¿Los chicos?-me río.

-Sí. Hemos cogido confianza. Tengo que soportar a David, pero Jason y Thom son geniales.

-Te compadezco.-sonrío.

-Estás de buen humor.-observa.

-Digamos que me alegro de verte.

-¿Me estás diciendo que yo soy la razón por la cual estás de tan buen humor?-sonríe.

-No te lo tengas tan creído.-lo pincho.

-A veces eres adorable.-susurra. Me da la sensación de que no quería decirlo en alto, porque en cuanto lo dice, aparta la mirada de mis ojos, y se ruboriza.

-¿A veces?-digo, sacándole de su apuro. Él levanta la vista y sonríe de oreja a oreja.

-Solo cuando no eres preciosa.

-¿Me estás llamando fea a la cara?

-¿De dónde sacas que te estoy llamando fea, cuando te estoy llamando adorable y preciosa?

-¿Qué...?-musito.

-Joder Abry. Solo quedo contigo. Vengo a buscarte a casa todos los días, te digo que eres preciosa, y adorable, pero nada. Tú sigues sin pillarlo. No sé que más hacer.-dice pasándose las manos por el pelo y levantándose de mi cama.

-¿No pillo el que?

-¡Que me gustas! ¡Que sigo enamorado de ti! ¡Que quiero romperle la cara a David cada vez que le veo por el simple hecho de que sé que estuvo contigo!

-¿Qué crees que siento yo cada vez que veo a Molly? ¡Te liaste con ella, Marcos! ¡Con Molly! ¡La odio! ¡Y ahora más que antes!

-¿Qué sientes cuando ves a Molly?

-Celos. Ella pudo estar contigo, pero yo no. Yo no fui capaz de estar contigo. Ella cometió un error. Puede que yo te guste. Pero la he visto. Me he fijado. Sé como os mirabais. Puede que eso lo hayáis perdido, pero volveréis. Todos volveréis.

-Y tú volverás con David.

-Créeme, estoy harta de David. Llevo días lloriqueando por las esquinas, por él. No ha hecho nada. No me ha llamado. Ni un mensaje. Me dejó ir, y ahora soy yo la que tiene que dejarlo ir a él.

-¿Lo dices en serio?-se le ha iluminado la mirada.

-Sí. Pero eso no significa que vaya a salir contigo. No puedo. Yo te quise. Lo nuestro no acabó bien, Marcos. No estamos hecho el uno para el otro. Tú... necesitas a alguien diferente, alguien como Molly. Y yo... yo ya encontraré a alguien.-suspiro, derrotada, por fin lo he soltado todo.-Algún día...-añado.

-No puedes estar hablando en serio. ¿De verdad piensas que prefiero a Molly antes que a ti? Tú...tú... ¿sientes lo mismo?

-No lo sé.-digo levantándome también de la cama.

-¿No lo sabes? ¡Esas cosas se saben, Abry!

-¡No me grites!-suplico.

-¿Y qué quieres que haga? Te he confesado que te quiero y tú no paras de darme escusas. No sabes si te gusto siquiera. ¿Sabes lo duro que es esto para mí?

Supongo que por instinto o algo, me voy acercando poco a poco a él. Me mira cautelosamente. Quiero besarle. No sé por qué. Joder, no tengo ni idea de por qué. Pero ahora mismo es lo único que deseo hacer. Estamos peligrosamente cerca. Sé perfectamente que es lo que viene ahora, y estoy impaciente. Marcos atrapa mis manos con las suyas y entrelaza sus dedos con los míos.

Él cierra los ojos, y yo hago lo mismo., Noto como su aliento me golpea en la cara, y no podría estar más encantada. Sus labios rozan los míos con timidez, pero a mí con eso no me vale. Le cojo de la nuca para traerlo hacia mí. Mi lengua se abre paso entre sus labios y él ahoga un gemido, yo lo hago callar con mis labios. Tarda un poco en responder, pero enseguida se une a mí. Estamos perdidos. Perdidos el uno en el otro. Y de repente, mi padre entra en mi habitación.

-Cariño, me voy a trab...-empieza.

Aparto a Marcos de un empujón y musito.

-Vale papá.

Mi padre mira primero a Marcos, luego a mí... y lo repite varias veces. Se ha quedado helado. Por fin, pestañea varias veces, sale de mi habitación, y cierra la puerta tras de sí. Me siento en mi cama, y escondo la cara entre mis manos. No puedo creer lo que acaba de pasar. ¿Por qué me pasan estas cosas solo a mí? Soy gafe, definitivamente.

Marcos me separa las manos de la cara, pero yo me resisto. Estoy muerta de la vergüenza, no quiero que me mire, si le miro a esos ojos azules que tiene, me moriré. Él usa más fuerza para separarme las manos de la cara.

-Eh...mírame.-susurra. Yo me niego, pero me ignora. Por desgracia, es más fuerte que yo. –No pasa nada. Tu padre me conoce desde hace años.

-Da igual... nos ha pillado... nos ha visto...

-No pasa nada, no te va a decir nada, cariño.

Sonrío levemente. Cariño. Puede que no nos vaya tan mal después de todo.

UNA DE ELLOS en ediciónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora