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A la mañana siguiente, desperté sintiéndome ligera, como si el mundo fuera un lugar más brillante y cálido. Estiré los brazos, y me coloqué los lentes. El sol entraba suavemente por la ventana, llenando la habitación de una luz dorada. Sonreí al ver el tulipán y las gerberas que me había dado Lukas. Los pétalos de colores vibrantes parecían todavía más hermosos con la luz del amanecer iluminándolos. No quería que se marchitaran nunca, mucho menos que esa pequeña prueba de amor se desvaneciera con el tiempo.

No pueden secarse o voy a llorar. 

Agarré mi teléfono y abrí TikTok. Comencé a buscar tips para mantener flores frescas y saludables el mayor tiempo posible. Deslicé el dedo, video decia que al colocar azúcar y hielos estas durarían más tiempo.

Gracias a dios, lo voy a intentar.

Me levanté de la cama rápidamente y bajé las escaleras hacia la cocina, decidida a encontrar lo que necesitaba para seguir esos consejos. Mi mente seguía en el tulipán y las gerberas, pensando en cómo Lukas se tomó el tiempo de elegirme esas flores perfectas.

Al entrar en la cocina, ahí estaba Fede, preparando café como de costumbre. Me miró de reojo, con una sonrisa en los labios.

—Me gusta verte así —dijo de la nada.

COMO ME VEO, DESPEINADA O COMO 

Me detuve, un poco sorprendida por sus palabras, y lo miré divertida.

—¿Así como? —le pregunté, alzando una ceja, sabiendo que Fede siempre tenía algún comentario divertido bajo la manga.

Fede dejó la taza sobre la mesa y me miró, su expresión cálida.

—Pues así... feliz y enamorada —respondió con una sonrisa traviesa, casi como si disfrutara del hecho de haberme pillado desprevenida.

Apoco se me nota tanto? que pena,Dios mio...

No pude evitar reírme en voz baja, sintiendo el rubor subir a mis mejillas. Me acerqué a él, apoyándome en la mesa mientras la sonrisa seguía en mi rostro.

—No sé de qué hablas —bromeé, aunque ambos sabíamos que no era verdad. Pero la risa suave que escapaba de mis labios y la sonrisa que no podía contener me delataban completamente.

Fede me observó con esa mirada que siempre decía más de lo que sus palabras podían expresar, y por un momento, me sentí increíblemente agradecida de tenerlo cerca. 

—¿Algún día se nos hará el milagro de ver enamorado al señor Federico Vigevani?

—Como que señor boluda, soy muy joven aún - dijo resignado 

De repente, mientras Fede y yo seguíamos riéndonos, Ian apareció de la nada en la cocina, como si hubiera estado esperando su gran entrada.

Ian es como una señora chismosa

—Escuché algo de amor, y yo amo el amor —dijo con una sonrisa enorme, cruzándose de brazos en la puerta como si fuera una declaración súper profunda.

Lo miré, divertida y un poco confundida.

—¿Se puede amar al amor? —le pregunté, arqueando una ceja, mientras Fede hacía una pausa en lo que estaba haciendo, claramente curioso por lo que Ian respondería.

Ian asintió con entusiasmo, sin dudarlo un segundo.

—¡Claro que sí, boluda! —respondió, dándome una mirada de complicidad como si lo que acababa de decir fuera lo más obvio del mundo— El amor es lo mejor que hay en este mundo. Uno no solo ama a la persona, sino también el acto de amar, el sentimiento... ¡todo! ¡Es hermoso!

Aún sigo aqui - Lukas Urkijo #2 Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora