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Al llegar a la plaza, Ian estacionó el auto en un lugar bajo la sombra mientras Fede ya estaba saltando del coche antes de que este se detuviera completamente.

—¡Vamos, que me estoy muriendo! —gritó, señalando la entrada como si fuera su salvación.

Ian y yo nos miramos, riendo, antes de seguirlo.

—Es increíble cómo la comida puede motivarlo más que cualquier otra cosa —dije, entrelazando mi brazo con Ian mientras caminábamos.

—Es Fede, solo ama comer y llenar la casa de payasos diabolicos —respondió Ian, con una sonrisa.

Dentro de la plaza, las conversaciones no paraban. Fede hablaba sin pausa, contándonos anécdotas del rodaje con Mr. Beast.

—¿Y qué hiciste tú mientras yo no estaba, Mar? —preguntó de repente, volteándose hacia mí.

—Eh, pues... Salí con mis amigas, grabé algunos videos, Alan y yo fuimos por helados un par de veces... Ya sabes, cosas normales —respondí, encogiéndome de hombros.

—¿Helados con Alan? ¿Otra vez? —bromeó Fede, levantando una ceja con una sonrisa pícara— ¿Qué están tramando ustedes dos?

—Deja de inventar cosas, Fede —repliqué, riéndome mientras rodaba los ojos.

—Está bien, está bien. Solo digo que no me sorprende. Es Alan, después de todo —dijo, guiñándome un ojo antes de girarse hacia Ian— ¿Y tú, Ian? ¿Algo emocionante?

—Nada más emocionante que tu vida. Pero me alegra que hayas vuelto, por más drama que traigas contigo.

Finalmente nos decidimos por un restaurante en el área de comida. Pedimos hamburguesas y papas fritas, y durante todo el tiempo Fede siguió contando historias, llenando el lugar con sus gestos exagerados y comentarios llenos de humor.

Después de comer, caminamos de regreso al auto. La tarde se sentía tranquila, y yo disfrutaba la compañía de ambos mientras hablábamos de cualquier cosa. Pero al doblar una esquina cerca del estacionamiento, lo vi.

Alan levantó la mano emocionado al vernos acercarnos.

—¡Fede! ¡Ian! ¡Miranda! —saludó con entusiasmo, dando unos pasos rápidos para alcanzarnos. Su sonrisa era contagiosa, y en cuanto llegó, extendió un brazo hacia Fede para un abrazo.

—¡Alan! ¿Qué haces aquí? ¿Por qué siempre apareces en los momentos más raros? —dijo Fede mientras lo abrazaba y le daba unas palmadas en la espalda.

—Estaba comprando cosas super útiles —respondió Alan, mostrándole la bolsa que llevaba. Después volteó hacia mí, su expresión suavizándose un poco— Hola, Miranda.

—Hola, Alan —respondí, devolviéndole una sonrisa mientras notaba cómo sus ojos brillaban de forma cálida.

Ian y Fede compartieron una mirada rápida antes de inclinarse el uno hacia el otro para susurrar algo. Yo estaba distraída saludando a Alan, pero no pude evitar notar que estaban planeando algo.

—Bueno, bueno, ¿saben qué? Creo que Alan y tú tienen mucho de qué hablar —dijo Ian de repente, interrumpiendo nuestra pequeña charla— Fede y yo tenemos cosas que hacer.

—¿Qué? ¿Cómo que se van? —pregunté, confundida.

—Sí, sí. En serio. Mira, yo acabo de llegar, pero tengo cosas pendientes. Además, tú te ves bien acompañada, ¿no? —respondió Fede, guiñándome un ojo.

—¡Pero acabas de llegar! —exclamé, mirando a Fede con una mezcla de sorpresa y protesta.

Fede sonrió, como siempre hacía cuando trataba de suavizar una situación. Dio un paso hacia mí y me tomó de los hombros.

Aún sigo aqui - Lukas Urkijo #2 Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora